Andahazi: “Miedo en cuarentena”

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El martes hablamos sobre los miedos que despierta esta particular situación que está viviendo más de la mitad de la población del planeta: el confinamiento impuesto para la contención de la pandemia.

Hace rato venimos alertando sobre los efectos psicológicos del encierro por varios motivos. En la medicina, los infectólogos hablan de las comorbilidades, esas patologías previas que pueden complicar en determinados pacientes un cuadro de coronavirus.

En la salud mental también aparecen estas situaciones. El encierro no puede ser procesado de igual forma por un paciente que padece un trastorno previo o una adicción por ejemplo, que por una persona que no presenta mayores problemas.

Paradójicamente, para ciertos pacientes el aislamiento puede ser una situación confortable. Muchos profesionales estamos observando que para pacientes para los que el contacto social, la interacción con pares, la comunicación cotidiana son grandes dificultades; se encuentran ahora en una posición que les plantea menos desafíos.

Es una cierta “comodidad” que les permite encerrarse en su mundo, con sus cosas y prescindir del contacto con el exterior. Pero más allá de cuadros con algún nivel de complejidad, también veníamos llamando la atención sobre ciertas franjas etarias que no parecen estar en el centro de las conversaciones y recién hoy tomaron alguna relevancia en el encuentro del Presidente con los especialistas de la salud.

Me refiero a los chicos y pido desde este espacio que también se ponga la mirada en los adolescentes. Los más chicos han demostrado un asombroso poder de adaptación.

De pronto no hubo más plazas, ni más clubes, ni más amigos, ni más escuela. Han aprendido a encontrarse en una clase virtual, a pasarse horas haciendo tareas sin el incentivo del recreo ni de la merienda en casa de amiguitos.

Pero muy pocas veces se habla de ellos y del enorme esfuerzo que están haciendo. Hoy, especialistas en pediatría le acercaron a Alberto Fernández la sugerencia que de que los chicos puedan salir a dar una vuelta acompañados por sus padres con barbijos, distancia social y demás cuidados.

Está muy bien esta idea, me parece que superado largamente el mes de cuarentena es imprescindible empezar a tener más cuidado con la salud mental.

Hay muchos niños que están mostrando irritabilidad, retrocesos madurativos, nerviosismo, desórdenes del sueño y es hora de mejorar su calidad de vida, cuidándolos también de la pandemia.

El poder ejecutivo está evaluando ese tipo de aperturas aunque, según trascendió, la Ciudad de Buenos Aires ya anunció que en este territorio no será posible, una lástima y un gran daño a la salud mental de los chicos.

Como decía antes, otra franja que me preocupa muchísimo son los adolescentes. A esa edad la interacción con los pares es clave, los chicos necesitan despegarse de los padres para lograr configurar su personalidad y verse como sujetos autónomos.

En este proceso, los amigos, los pares, los compañeros, los noviecitos, son clave y el aislamiento los aleja de ese contacto fundamental. Por eso escucho a padres de adolescentes más preocupados que padres de niños. Hay muchos chicos que están contentos de tener a sus padres disponibles todo el día, pero para los adolescentes esto no es así.

La escuela virtual les saca lo más interesante que tiene la escuela que es el encuentro con otros de su misma edad e intereses. Si el plan es extender la cuarentena los especialistas deberían empezar a considerar algún plan para los adolescentes.

Creo que de verdad lo necesitan y son una franja muy vulnerable en la que suelen ponerse de manifiesto importantes problemas emocionales.

Muchos de esos desajustes no se advierten, se subestiman, se callan y después aparecen las actitudes autodestructivas que conocemos bien: los desórdenes alimenticios, las adicciones, el alcoholismo, las autolesiones, la depresión.

No nos podemos hacer los distraídos con esto. Los chicos y los adolescentes entienden lo que pasa, son capaces de adaptarse y son responsables en su mayoría, de hecho se están portando muy bien, hay que decirlo, pero a esas edades no son las enfermedades ni la muerte lo que asusta.

Son otras las preocupaciones y en el centro del universo adolescente están sus intereses: los amigos, el fútbol, la música, las salidas, los recitales, alguna militancia social o política. Por eso insisto que deberíamos intentar buscar la manera de darle curso a las cosas que sean posibles para que no queden como el último orejón del tarro, desconectados de su vida social y de lo que los apasiona.

Ya sé, me dirán que los chicos tiene una vida muy activa en redes y en la web, pero no es igual.

Con mucha responsabilidad hay que pensar soluciones para la franja de 12 a 18 años también, no esperemos a que lleguen los problemas, adelantemos estrategias antes de que sea tarde.