Alberto intenta ser peor que Cristina

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Si Alberto Fernández sigue por este camino, tal vez logre su objetivo de ser peor funcionario que Cristina.

Hasta ahora, yo creía que lo de Cristina Fernández, era insuperable. Hoy tengo mis dudas. Siempre le dije y no me canso de decir que la actual vice presidenta y jefa política del gobierno era la persona que más daño le había hecho a la democracia y a la convivencia de los argentinos y la que más daño le puede seguir haciendo. Pero debo reconocer que Alberto está haciendo méritos y le pone garra. Tal vez consiga superarla como la patrona del mal de nuestro bendito país.

Cristina es autoritaria, corrupta, altanera, mentirosa, vengativa, mezquina y maltratadora. Pero sabe a dónde va. Tiene muy claro su rumbo que es llevar este país hacia un régimen antidemocrático como el de Venezuela o el de Santa Cruz, al que fundaron y fundieron, junto a su difunto marido. Alberto ni siquiera sabe a dónde va. Está confundido, errático, va para allá y dice una cosa y después va para acá y dice otra. Ese truco falaz de decirle a cada uno lo que quiere escuchar, lo convirtió en esa patética marioneta que Lanata consagró en la tele y que en las redes se tradujo en los apodos de Alber- títere o Alverso.

Carlos Pagni esta mañana escribió que Alberto está a cargo del timón de un Titanic que ni siquiera tiene un témpano adelante. El contenido ideológico chavista lo pone Cristina y Alberto aporta la mala gestión y el fracaso de sus medidas. Vamos rumbo a los 100 días de la cuarentena más larga del mundo y Alberto se muestra desesperado porque viene el impacto más criminal de la pandemia. ¿Qué hicieron hasta ahora? ¿Tratar de culpabilizar a Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal de los dramas que se vienen?

Es la especialidad de este cuarto gobierno K: buscar culpables para tirarles el fardo en lugar de buscar soluciones a los problemas. Primero le apuntaron a los chetos que viajan, después a los porteños, a los millenials estúpidos, a los periodistas que fomentan la angustia, a los vendedores de ropa, a los contadores, a los más humildes que viven en los barrios vulnerables y sobre todo al enemigo principal: los runners que corren en los parques. No se puede creer, pero es cierto. Todos los días demonizaron a alguien. El diputado Waldo Wolf hizo un resumen y le pidió a Alberto que dejara de dividir a los argentinos y lo llamó “déspota”.

Estigmatizar a personas que trotan al aire libre en una locura. Según todos los estudios, esa actividad es de bajísimo riesgo de contagio y por el contrario son los geriátricos, los hospitales, los lugares cerrados donde más se multiplica el virus. Pero además, el Conurbano está lleno de gente por las calles. Y en los sectores más pobres, el gobernador Kicillof no controla nadie. Muy pocos están haciendo la cuarentena estricta en la provincia. Axel y Alberto ven la paja en el ojo ajeno pero no ven la viga en el propio. Y como si esto fuera poco, la persona que más viajó por las provincias y que menos se cuidó fue el propio presidente. Sin barbijo, a los besos y los abrazos, con gente apretujada y sacándose selfies con medio mundo. Igual que un reto a chicos de jardín de infantes, Alberto dijo: “querían pasear, querían correr, salgan, ahí tienen las consecuencias”. Incomprensible.

Pero anoche por televisión, Alberto mostró otras caras peores que esta. Primero, minimizando la hecatombe económica que se ha generado y la bomba de fragmentación que significaría entrar en el noveno default. Argentina campeón del mundo. Dijo que no le preocupaba tanto el tema del default. Tiró la pelota afuera frente a las graves complicaciones que pueden potenciarse para conseguir un crédito para el estado, las provincias y las empresas privadas. Su postura canchera y displicente es un crimen de lesa irresponsabilidad.

Y como si esto fuera poco anunciaron que se prolonga por 180 días la suspensión de la movilidad jubilatoria. Eso significa que a los adultos mayores les van a meter otra vez la mano en el bolsillo. También informaron que van a pagar en cuotas el aguinaldo de los empleados públicos. Hasta sindicalistas chavistas como Hugo Godoy o peronistas como Andrés Rodríguez, pusieron el grito en el cielo y repudiaron la decisión. Los 500 trabajadores del frigorífico Penta de Quilmes cortaron el puente Pueyrredón reclamando que el gobierno expropiara esa empresa. Por ahora no hay respuesta. El dueño, es un capanga insensible llamado Ricardo Bruzzese. Es el amigo de Cristina que inventó el programa “carne para todos”. Ahora podría hacer el “desocupación para todos”.

En plena crisis, donde miles y miles de puestos de trabajo se destruyen, Latam se va del país y deja a 1.500 trabajadores en la calle y el gobierno y la Cámpora lo sienten como un gran triunfo. Lograron echar a Latam. Le hicieron la vida imposible desde la fuerza que conduce Máximo Kirchner y gracias a un salvaje como Pablo Biró que además, propuso que el estado se quede con los aviones. ¿Cuántos juicios vamos a tener que pagar los argentinos después de este pésimo gobierno? ¿Soberanía aeronáutica o monopolio ineficiente de Aerolíneas? El mundo entero se rompe el lomo para facilitar inversiones privadas y Alberto y Cristina celebran que quiebren las empresas o que se vayan. Es cierto que la pandemia afecto a todas las empresas de aeronavegación. Pero Latam, que opera en muchos países, solamente se fue de un lugar: de Argentina. Una ironía de tuiter decía: “A partir de este momento Argentina anuncia que ha dejado de operar”.

Pero lo más grave desde lo institucional y republicano fue el desconocimiento que demostró de las leyes y el maltrato de machirulo del que hizo gala, tras una pregunta de nuestra compañera de radio Mitre, Cristina Pérez.
Esta mañana, Marcelo Longobardi dijo que Cristina le hizo “algunas preguntas muy apropiadas que generaron una reacción muy molesta del presidente. Se ve que no le gustan algunas preguntas. Alberto anoche, dijo Marcelo, mostró una versión más agresiva y más molesta de un presidente más radicalizado y más nervioso. Alberto ya lo había anticipado cuando dijo que los argentinos lo íbamos a entender “por las buenas o por las malas”.

Cristina Pérez fue muy profesional. Preguntó a fondo y puso el dedo en la llaga por la apropiación de Vicentín. Para eso estamos los periodistas, para incomodar al poder. Para ser la piedra en el zapato. Para ser abogados del hombre común y fiscales del poder. Por eso Cristina Pérez paró en seco al presidente y le dijo: “La periodista soy yo y tengo derecho a preguntar lo que me parezca”.

Alberto montó en cólera y le quiso dar clases de periodismo. Dijo que no debía utilizar tantos adjetivos. ¿En dónde está escrito eso, profesor Fernández? ¿En qué facultad estudió periodismo usted? Después le quiso dar cátedra de su especialidad, el derecho. Y allí también se equivocó. El doctor Alejandro Fargosi aseguró como profesor de Concursos y Quiebras de varias universidades que, si un alumno le daba como respuesta lo que dijo el Presidente, lo bochaba y lo calificaba con un uno.

El feminismo es una bendición que lucha por los derechos, la igualdad y en contra de la violencia de género. Pero cuando una parte del movimiento es cooptada por el cristinismo, se transforma en una Unidad Básica que oculta los ataques a los que no piensan como ellas. Eso le quita legitimidad a esa lucha. La parcializa. Hasta ahora esas agrupaciones no han dicho nada de la forma belicosa en la que Alberto se dirigió a Cristina. A Cristina Pérez, por supuesto. Con la vice, siempre se queda con la última palabra: “Si, Cristina, Si Cristina”.

Con la Pérez fue un matón. Pero con la Kirchner ni se inmutó cuando ella le expropió el sillón de Rivadavia. Fue por la soberanía cristinista.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre.