Sergio, con las manos en la Massa

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Es como si a Sergio lo hubieran agarrado con las manos en la Massa. Se desató una tormenta perfecta que lo amenaza y por eso, está atravesando días muy complicados para su futuro político. Las encuestas coinciden en señalar que gran parte de sus votos se fueron licuando a medida que Massa se mimetizó con Cristina y se asoció a Máximo Kirchner. El núcleo duro K piensa que para votar kirchnerismo, mejor hacerlo por los originales y no por una fotocopia que a último momento se convirtió en panqueque.

Pero eso no es todo. Hubo actos, homenajes y movilizaciones de todo tipo por el 17 de octubre tan sagrado para el peronismo histórico. Sergio Massa no fue orador ni estuvo presente en ninguno. No fue invitado y a esta altura parece que a nadie le cambia la vida su presencia o su ausencia.

Como si esto fuera poco, las tres mujeres más poderosas de la oposición, Patricia Bullrich, Elisa Carrió y María Eugenia Vidal, se proponen desplazarlo de la presidencia de la Cámara de Diputados. Ellas lo anunciaron, para el caso de que la cantidad de legisladores del próximo bloque los conviertan en primera minoría.

Casi como un manotazo de ahogado, en medio de agresiones verbales, chicanas y ataques de todo tipo de varios funcionarios, Sergio Massa dijo que después del 14 de noviembre convocarían a un acuerdo con la oposición y otros sectores. Fue el último cachetazo que sufrió de ambos lados. El cachetazo amigo fue de Gabriela Cerruti, la vocera de Alberto pero que responde a Cristina, que negó esa posibilidad y dijo que se solo trataba de una propuesta de Massa. El cachetazo opositor fue de casi todos. Patricia Bullrich dijo que ni con señales de humo se puede dialogar con un gobierno que se la pasa agrediendo. Elisa Carrió habló de los peligros del abrazo del oso y de los traidores. Y hasta Rodríguez Larreta, acusado de ser el más amigo y el más proclive a un acuerdo con Massa, también dijo que, por ahora, eso era imposible.

El titular de la Cámara Baja dijo que esos dirigentes están pensando más en “cuidar sus votos” que en la agenda institucional. Es tragicómico el descuelgue que Massa tiene con la realidad. Se vienen las elecciones y todos deben buscar la mayor cantidad de votos posibles. Y el voto castigo a Cristina, Alberto y Massa cada vez es más masivo. Y además, la palabra institucionalidad en boca de una pieza clave de la coalición de gobierno suena a burla. Pocos gobiernos como los cuatro kirchneristas han violado y atacado más las instituciones republicanas.

Massa no tiene autoridad moral para fingir moderación y proponer dialogo, cuando es parte de un gobierno agresivo que quiere instalar un nacional populismo autoritario por 20 años. Ya lo dijo Emilio Pérsico: “la alternancia democrática no camina”.

Nadie olvida, solo el mismo, que Sergio Massa estuvo a un puñado de

votos de ser el autor material de un

crímen de lesa constitucionalidad. La autora intelectual de ese intento de someter a la justicia fue Cristina, quien además, es su principal beneficiaria con la impunidad que tanto la desespera.

Massa, como presidente de la Cámara de diputados, se convirtió en la locomotora que intentó arrastrar los votos hacia la consumación de una ley de extrema gravedad institucional. Tirar por la ventana a Eduardo Casal, un jefe de los fiscales honrado e independiente y permitir que Cristina coloque a un soldado o a un esclavo de sus deseos, es un abismo del que Massa difícilmente pueda volver.

Una vez más, Massa, está reformateando su perfil. Su anterior personaje perdió muchísimo apoyo. Se nota en todas las encuestas y en las redes. Es que se vendió como una persona que iba a moderar la locura chavista de Cristina. Se ofreció como un reaseguro de la defensa de la racionalidad capitalista, de la clase media y de la lucha contra la inseguridad, pero, su alianza con Cristina y su guardia de hierro, La Cámpora, lo vació de credibilidad. Apostó durante un tiempo a diferenciarse tibiamente de los K pero los K no te lo permiten. Para ellos no existe la autonomía de pensamiento. Una de dos: sos amigo o enemigo. Esa jugada, tampoco le salió bien a Massa.

Massa hizo de la mentira una militancia.

¿Se acuerda de aquel discurso en voz alta, en la cancha de Vélez, cuando garantizó que iba a barrer a los ñoquis camporistas?

Los definió como “parásitos que están tomando el control del estado”. Hoy es el principal socio (y cómplice) de Máximo Kirchner, el comandante en jefe de la Orga.

Hoy, no solamente no barrió a ningún ñoqui. Se puso una fábrica de pastas con Máximo.

¿Se acuerda cuando propuso ponerle fin a los corruptos?

Hoy es un guarda espaldas de la impunidad de Cristina, sus hijos y los integrantes del Cártel de los Pingüinos Millonarios. Una banda de magnates enriquecidos ilegalmente en el poder.

Hoy Sergio Tomás Massa es más cristinista que Cristina. Y sus cómplices,  le piden todos los días una prueba de amor. Es que no terminan de confiar en su palabra. Y hacen muy bien. La palabra de Sergio Massa está hecha añicos, igual que la de Alberto Fernández.

Hoy Massa es Máximo Kirchner. No tiene otro espacio político. Sus mensajes han sido demasiado contradictorios y cambiantes.

Son los riesgos que siempre corrió Sergio por jugar a tantas puntas al mismo tiempo y a gran velocidad. Hoy lo descubrieron con las manos en la Massa.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio MItre