Sebreli y las legislativas 2021: “Si el Gobierno gana, el país será una gran Formosa”

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El intelectual sostiene que en las próximas elecciones “no solo está en juego si gana uno u otro, sino la posibilidad misma de la democracia en la Argentina”.


Este martes el oficialismo va a tratar en comisión el proyecto de ley que impulsa la reforma del Ministerio Público Fiscal, con la cual buscan remover al procurador interino Eduardo Casal y obtener el control total sobre los jueces y fiscales. Una vez que llegue al recinto, en la Cámara de Diputados, el Gobierno tendrá que poner en marcha un mecanismo de negociación para poder sumar voluntades, una tarea que ya inició Máximo Kirchner.

Juntos por el Cambio ya anticipó que no acompañará el proyecto de ley en un durísimo comunicado en el que advierten que el Frente de Todos “quiere quedarse con la libertad de los argentinos.

Entrevistado por Clarín, Juan José Sebreli se refirió a estos atropellos del kirchnerismo y consideró que los verdaderos “superpoderes” son las prerrogativas que los gobiernos se atribuyen por el sólo hecho de ganar las elecciones.

En el contexto de reclusión de la ciudadanía a raíz de mayores restricciones para circular, Sebreli ve con preocupación la instalación en el país de un régimen autoritario: “Los poderes deben ser vigilados y controlados por la ciudadanía. Cosa que en este momento de pandemia la sociedad sólo puede hacer a medias. Las elecciones decidirán si esa vigilancia de los poderes todavía es posible en la Argentina.”

-¿Usted vislumbra una crisis institucional, comparable con la del 2001?

-No, no. Yo creo que esto es peor que el 2001. Creo que es la crisis más grave que vive el país desde la restitución democrática. Con una reserva material de base mucho más debilitada que la que existía en 2001. Y creo que si la oposición no se pone muy firme, y no comienza a realizar un trabajo verdaderamente responsable, perdemos todo. Porque un gobierno que gobierna con decretos de necesidad y urgencia, no es un gobierno democrático. Por mucho que se mantengan las apariencias.

¿Argentina no podría jactarse de lo contrario, de su tradición democrática, como la inaugurada por Alfonsín?

-Sí. Pero esa tradición nunca fue del todo fuerte. Porque la idea que tiene el kirchnerismo, de que se puede gobernar desde un vice-gobierno, como es la idea de La Cámpora, eso es muy peligroso a nivel institucional. Tiene atisbos golpistas. La democracia tiene que tener partidos alternativos. Y los partidos alternativos de un sistema democrático tienen que tener entre sí algo en copartidos mún. Y eso común debe ser la firme convicción de que la democracia es el camino: con la autonomía de los poderes y el respeto a las libertades individuales. ¿En la actualidad existe esa convicción de base compartida entre los partidos que se disputan el poder en la Argentina? Evidentemente no. De allí que mis expectativas sean muy débiles, respecto a que podamos tener una verdadera democracia. Sobre todo en un país en el que las democracias duran poco. Duran poco porque, aparte de que los gobiernos se equivocan, y muy seguido, no hay una convicción social fuerte asentada en los valores de la democracia. Puede haber democracia entre que tengan algo en común. Eso es la democracia: sectores diversos pero con dos o tres ideas comunes indiscutibles, el respeto a las libertades individuales, la división de poderes, la aceptación del otro. Todas esas son cosas en las que el kirchnerismo no cree; por lo tanto, es un oxímoron hablar de democracia cuando uno de los partidos del sistema es el kirchnerismo.

-¿De qué modo entiende que la crisis actual es peor a la del 2001?

-No hay muchas diferencias entre Formosa y Argentina. Ya no necesitamos hablar de Venezuela. ¿Qué diferencias hay entre Venezuela y Formosa? Si el gobierno gana las elecciones legislativas, la Argentina pasará a ser una gran Formosa. No queremos ser Formosa Grande. Es decir que tenemos que hacer todo lo posible para que el kirchnerismo, o como se llame -yo prefiero llamarlo populismo-, no gane las elecciones. Es un trabajo en el que lo que está en juego no es que gane uno u otro, sino la posibilidad misma de la democracia en la Argentina.

-Planteado así, uno siente que usted está pensando en algo así como en la construcción de una Multipartidaria para evitar un nuevo 2001 o recuperar la democracia.

-Sí. Una multipartidaria. Exactamente. Pero tiene que haber una base democrática que sea común.

-La idea nos retrotrae a 1981, la única experiencia de alianzas entre partidos que concluyó con un partido no peronista en el poder.

-El caso de Alfonsín es muy confuso. El suyo fue un gobierno decididamente democrático. No podemos llamar no-democrático a un gobierno que hizo el juicio a las Juntas, y que dio una libertad civil como no la habíamos conocido nunca en este país hasta entonces. Pero quiso mezclar las dos líneas internas del radicalismo [el personalismo de Yrigoyen y la vocación más parlamentaria de Alvear] y no le salió bien. Poner a un ministro de Trabajo peronista no fue una buena idea. Finalmente se dio cuenta de que se había metido en una trampa y terminó echado. Lo mismo le pasará a todos los gobiernos que intenten incorporar al peronismo con ingenuidad.

Es un oxímoron hablar de democracia cuando uno de los partidos del sistema es el kirchnerismo.”

-¿Qué posición adopta usted sobre la presencialidad en los colegios?

-Estoy absolutamente a favor de la presencialidad en los colegios. Rodríguez Larreta estuvo a punto de caer en la trampa. Aquellos meses en los que apareció junto a Kicillof y Alberto Fernández, era una trampa que le tendieron a Larreta. Porque mientras tenían lugar esas reuniones públicas, paralelamente le metían la mano en el bolsillo y le recortaban el presupuesto de la Ciudad. Y después le volvieron a meter la mano a la autonomía de la Ciudad, cuando se entrometieron con las atribuciones constitucionales y quisieron sacarle la presencialidad a las escuelas. Afortunadamente ahí ya estaban advertidos los jueces de los verdaderos propósitos del kirchnerismo y pusieron un freno. Siempre serán eso: hacerse los amigables, los democráticos, los condescendientes, para después poder dar el zarpazo, sacar una tajada y pegarle una patada a quienes no son peronistas. El disfraz de moderado es la táctica y el quedarse con todo la estrategia.

Fuente: Clarín