Se derrumbó la imagen de Alberto

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¿Qué fue lo que pasó? ¿Cuáles fueron los errores y las torpezas más brutales que cometió el presidente? Estas son las preguntas que se hace la política porque la imagen positiva de Alberto Fernández se derrumbó en todas las encuestas. En el trabajo que realizó la consultora Synopsis aparece un dato clave: por primera vez desde que asumió como jefe de estado, Alberto tiene ahora mayor imagen negativa que positiva. Se quebró esa luna de miel. La caída en la consideración de los ciudadanos fue muy veloz.

Al comienzo, producto de su rápida decisión de enfrentar el coronavirus y del trato amable que le daba a los opositores, sus números llegaron muy arriba, al 75% en abril. Llegó a conquistar la simpatía de muchos argentinos que no lo habían votado. Pero tal vez emborrachado por ese crecimiento o acosado por Cristina, el jefe de estado empezó a subordinarse a su jefa y se convirtió en una máquina de cometer barbaridades y desmesuras. Ahora cayó al 40,6 %. Perdió 35 puntos porcentuales en un par de meses. Insólito record. Cientos de errores no forzados.
Cristina terminó de domesticarlo y pasó a manejar el poder real en la Argentina.

Gran parte de la ciudadanía se dio cuenta que esa esperanza que algunos ilusos o ingenuos habían tenido, era absolutamente infundada. Que nadie le puede poner límites al autoritarismo chavista de Cristina y que por el contrario, Alberto tuvo que subordinarse en forma verticalista y transformarse en un impulsor del plan sistemático de impunidad y venganza del cristinismo.

Esto es básico para entender al cuarto gobierno kirchnerista. Cristina controla todo. Es la única fuente de poder. Ella imparte premios y castigos. Ella fija la agenda de los temas estratégicos y ocupa los lugares con sus soldados más fieles. Cristina logró instalar que sus intereses personales y los de su familia, son políticas de estado y no se discuten. La gran novedad es que esto, dinamita esa frágil coalición que intentaron vender para ganar las elecciones. No hay un albertismo o un massismo aliados al cristinismo. Hoy solo hay cristinistas. En dos minutos, Cristina se convirtió en hegemónica y todos repiten su discurso para halagar sus oídos. Le doy un ejemplo y solo uno pero hay cientos.

Que Oscar Parrilli, un mayordomo reducido a la esclavitud quiera incorporar incisos contra la libertad de expresión, es una salvajada fascista pero previsible. Pero que Marcela Losardo también dispare contra el periodismo independiente es un síntoma claro de lo que le estoy diciendo. La doctora Losardo es la ministra formal de justicia. Pero no decide nada. Todo lo maneja Juan Martín Mena junto a Carlos Beraldi y Eugenio Zaffaroni, abogado y asesor de Cristina respectivamente. A Losardo le vaciaron de contenido su ministerio y le expropiaron el proyecto de reforma judicial. Gustavo Béliz y Vilma Ibarra quedaron pedaleando en el aire y como todo acto de rebeldía faltaron a la presentación formal.

Ese enojo se pasa rápido. Porque tienen dos opciones. O renuncian manifestando su oposición a los atropellos de Cristina o se suman a la tropa de la vice presidenta. Por ahora, no renuncian. Ponen la excusa de no producirle más daño a la investidura presidencial de su amigo Alberto. Y por eso, empiezan como conversos, a sobreactuar el discurso K. Losardo es el ejemplo ms claro porque Vilma y Béliz hablan poco y nada. La ministra formal de justicia en una entrevista con Horacio Verbtisky repitió el discurso censurador de la prensa de todos los K. “Me ofende que digan que es una reforma para la impunidad. Hay que terminar con el apego de la justicia a los poderes mediáticos”. Eso dijo Losardo pero tranquilamente lo podría haber dicho Parrilli o Leopoldo Moreau.

Yo creo que los albertistas nunca tuvieron chances ni coraje ni decisión de ponerle límites a Cristina. Pero ahora la novedad es que bajaron los brazos, se rindieron y se entregaron. Ahora son cautivos de Cristina. Súbditos de la reina. Esto lo percibe cada ciudadano en sus preocupaciones. Por eso en esta última encuesta de Synopsis Alberto tiene apenas 40,6% de imagen positiva y 43,3 de negativa. Le recuerdo que Alberto ganó las elecciones con el 48,2% de los votos. Es decir que perdió por lo menos el 8% de apoyo entre los que lo votaron. Y los que no los votaron, ahora tienen más argumentos para ir a los banderazos, a los cacerolazos o para instalar críticas muy duras en las redes sociales. Lo rechazan más que antes.

El divorcio entre las expectativas, necesidades y esperanzas de una gran parte de los ciudadanos, es abismal respecto de lo que ofrece el gobierno. A Alberto le preocupan mucho más los retos de Cristina que el rechazo creciente de los ciudadanos. Las preocupaciones de Cristina son personales. Y tienen que ver con voltear todas las causas y todos los jueces para lograr su impunidad y la de sus hijos. Quiere evitar ir a la cárcel, para decirlo en pocas palabras. Y además quiere perseguir a los que la investigaron. Y como si esto fuera poco, pretenden cohesionar su fuerza y diluir la coalición de tres espacios en el Partido para la Cristina Eterna.

Por el contrario, las preocupaciones de la mayoría de los argentinos tiene que ver con lo siguiente:
1) La brutal inseguridad, potenciada en su criminalidad gracias a la liberación de presos que hizo este gobierno.
2) La hecatombe económica que multiplicó pobres, desocupados y excluidos y destruyó pequeñas empresas y sueños de comerciantes y profesionales.
3) La trampa en la que el gobierno se metió con la cuarentena de 5 meses que no muestra salida y que por ahora, no consigue evitar muertos ni contagios.
4) La impunidad y venganza descarada que está fabricando el estado mayor de Cristina que ofende a las personas honradas que quieren que la justicia aplique el castigo y la condena que corresponde a la jefa de una asociación ilícita dedicada a saquear al estado. Le recuerdo que Cristina tiene 8 procesamientos y 8 elevaciones a juicio oral, uno de ellos en pleno desarrollo.

Cristina, emulando a Fidel Castro, les gritó a los jueces que llevan adelante ese proceso que a ella “ya la absolvió la historia”. Veremos más adelante el veredicto de la historia y de la justicia celestial. Pero falta el veredicto de la justicia terrenal. Esa batalla, Cristina todavía no la ganó. Es más, en muchos planos la está perdiendo como dice la doctora Elisa Carrió. Es que podrá cortarle la cabeza a medio mundo en tribunales. Pero no le va a ser fácil conseguir las mayorías calificadas que necesita para designar a nuevos jueces con la camiseta de Cristina puesta. Salvo que lleve al máximo el ataque al régimen democrático y trate de romperlo o de no respetar las normas, tal como hizo con Néstor para construir su feudo en Santa Cruz. Veremos. Nadie puede estar con la guardia baja.

Pero desde lo institucional, creo que los dos motivos más decisivos en el derrumbe de Alberto en todas las encuestas, tiene que ver la pérdida de olfato político y sentido común. Elogió y puso como ejemplo a tres de los personajes más repudiados por la mayoría de los argentinos.

Todavía no es gratis en este país decir que extraña a Hugo Chávez, el heredero de Fidel y constructor de una feroz narco dictadura. Y no lo digo yo. Lo dice Michelle Bachellet, ex presidente socialista de Chile que, en su momento,
fue bastante amiga de Alberto. Todavía no es gratis en este país poner como ejemplo de dirigente sindical a Hugo Moyano, el emblema de un estilo mafioso, corrupto y patotero que atrasa 40 años. Todavía no es gratis en este país celebrar a un señor feudal como Gildo Insfran que tiene a Formosa en un puño de hierro desde hace años y que acaba de conseguir que uno de los casos más graves de corrupción que compartió con Amado Boudou, sea juzgado en su provincia. ¿Se imagina que van a decir los jueces formoseños sobre el dueño y señor de la vida de la provincia? Que es un santo. Aunque le haya robado dinero al pueblo más pobre entre los pobres.

Y por último, hace unos días, Alberto rompió todos los manuales del buen dirigente. Incluso los del peronismo. Muy suelto de cuerpo responsabilizó a los ciudadanos comunes por el aumento de los muertos y los contagiados por el virus maldito. Dijo que “la gente se relajó equivocadamente”.

Yo no digo que el pueblo siempre tiene razón. Pero es una burrada decir, después de 5 meses de cuarentena eterna, que la culpa es de los compatriotas que sorprendieron gratamente por la responsabilidad y la disciplina social que tuvieron durante mucho tiempo. Es cierto que con el paso de las semanas se fue aflojando. Pero es comprensible y absolutamente natural.

Todo el tiempo buscan culpables en lugar de buscar soluciones. Y jamás se miran al espejo. Jamás una autocrítica. Nunca se preguntan que hicieron ellos de malo para tener estos resultados. ¿No será que la cuarentena para todos se instaló demasiado anticipadamente? ¿No será que debió haber sido en forma más escalonada? ¿No será que se tendría que haber controlado sobre todo a los grupos de riesgo? No lograron evitar el hartazgo de mucha gente que no soporta dejar de ver a sus hijos o a sus nietos o quedarse pasivos mirando cómo se caen a pedazos los sueños de progreso que tanto les costó edificar.

Alberto se desplomó en las encuestas. La coalición ya no existe. El Frente de Todos, ahora es el Frente de Cristina y Alberto Fernández de Kirchner está atrapado sin salida. La soberbia suele ser la madre de todas las derrotas.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre.