Ni una menos, nunca más un femicidio

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Este audio insólito y trágico pertenece al juez santafesino Rodolfo Mingarini. Dejó en libertad a un violador porque cometió ese delito aberrante con el profiláctico colocado. Así como lo escuchó. Un fallo repudiable, digno de un forro. Se ve que para este magistrado, “no”, es sí. Y encima, casi como una broma macabra del destino este mamarracho se conoció el día en que se cumplen 6 años del nacimiento del movimiento “Ni una menos”.

Hoy también se produjo la detención de dos hermanos apellidados Zárate, porque habrían participado del femicidio de Sandra, una mujer de 43 años, cuyo cuerpo fue encontrado en un descampado de Merlo.

Todos los días hay noticias terroríficas de esta magnitud. Desde el año pasado se produjeron 238 femicidios. Y desde el 2015, fueron 1.717 las mujeres que fueron asesinadas y 1.523 niños se quedaron sin su madre.

Pero vamos a uno de los casos más graves. El honorable Senado de la Nación aprobó hasta diciembre una nueva extensión de la licencia de José Alperovich. La investigación por abuso sexual y violación de su sobrina, avanza en la ciudad de Buenos Aires producto de la decisión de la Corte Suprema de Justicia. El diputado nacional por Tucumán, Carlos Cisneros, dijo que su provincia no está siendo bien representada “por el egoísmo del ex gobernador”. Pidió la renuncia de Alperovich porque “es una falta de respeto y una vez más demuestra quien es.”

Recuerdo que hace un año y medio, manos anónimas,  pegaron un cartel en la puerta de su despacho que decía “Ni una menos”.

Alperovich no solamente fue gobernador de Tucumán en tres ocasiones. Además es un empresario muy poderoso con una fuerte relación con la ex presidenta y actual vice, Cristina Fernández de Kirchner.

El sentido común y la corajuda lucha de las mujeres contra la violencia de género y los femicidios, impuso que Alperovich sea juzgado aquí tal como lo había resuelto la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional y la Procuración General de la Nación.

Me asombra el silencio o la tibieza en los reclamos de los colectivos femeninos que suelen tener velocidad, contundencia y capacidad movilizadora en caso de esta magnitud. Lamentablemente ese océano de argentinos de todos los colores que se habían convocado originalmente, se fue achicando producto de la voracidad del kirchnerismo y de los sectores de la izquierda más dura y con menos votos. Lo politizaron tanto, lo coparon tanto en su conducción, que las bases se fueron retirando y hoy las movilizaciones con bastante más modestas.

No hay antecedentes de una acusación de semejante magnitud contra uno de los políticos con mayor poder de la Argentina. Alperovich gobernó con mano de hierro Tucumán durante 12 años seguidos. No es un perejil. No es un legislador del montón. Estamos hablando de alguien que colonizó la justicia, doblegó a varios medios de comunicación y perpetró un nepotismo pocas veces visto. Sembró el estado con sus parientes. Mientras fue el jefe de Tucumán multiplicó su fortuna varias veces sin poder explicarlo con claridad. De la concesionaria de autos pasó a las empresas constructoras, inmobiliarias, financieras, campos con ganado (incluso robado como en los últimos tiempos) y soja y exportación de cítricos. Usó el avión sanitario provincial para temas personales. 

Por eso lo podemos ubicar dentro de la categoría del “ladri feudalismo K”. Por algo, un sector amplio de los tucumanos lo bautizó como “El Zar”. El rechazo que provoca su figura lo llevó a salir cuarto en las últimas elecciones, detrás de Ricardo Bussi, el hijo del temible genocida.

En aquél momento, el abogado Gustavo Morales directamente exigió que se le quite la banca por “inhabilidad moral a Alperovich” Y también impulsó en su momento una denuncia contra Beatriz Mirkin, la otra senadora por Tucumán que nada casualmente, es prima de Alperovich. La acusa de “encubrimiento agravado” porque cuando la denunciante de la violación sexual se lo contó y le pidió ayuda, Mirkin le dijo “que se la aguantara hasta después de las elecciones”. Mirkin que suele hacer alarde de sus posturas feministas y en contra de la violencia de género, calló y ocultó lo que le comunicaron y lo que es más grave todavía, le comentó en un bar de un shopping que “no le extrañaba lo que le contaba porque Alperovich ya había tenido actitudes similares con una anterior secretaria de ella.

Hay que combatir a todos los golpeadores y violadores sin que importe la camiseta partidaria. Un par de muchachos de La Cámpora fueron acusados y la agrupación hizo todo para ocultar el tema, Lucas Carrasco fue condenado antes de morir a 9 años de prisión por violación, un profesor universitario ex integrante de 678 también fue señalado por varias alumnas y militantes K.

Ojalá el caso de Alperovich no corra la misma suerte y no traten de esconderlo bajo un manto de silencio.

Las consignas son claras.

Ni una menos. Ni una violada más.

Ni un violador más.

A ellas, vivas las queremos.

A ellos, presos los queremos.

Los datos son aterradores por donde se los mire. Le confieso que uno de los casos más repugnantes que recuerdo es el tristemente célebre “Caso Tiraboschi”. Es una gigantesca humillación de la condición humana y de género.

El doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia y asesor de Cristina Fernández de Kirchner, afirmó que el sexo oral no constituía violación porque no era una forma de acceder carnalmente a la víctima. Al imponer una débil pena por abuso deshonesto, sostuvo que no correspondía aplicar la pena máxima porque, entre otras razones, la víctima, una niña de ocho años, había sido abusada con la luz apagada y, en palabras de la sentencia, “el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia de la menor”.

¿Se da cuenta de semejante barbaridad? Yo no escuché al ala kirchnerista de las mujeres que lideran “Ni una menos” que dijeran una palabra.

La prédica zaffaroniana de que casi todos los delincuentes son producto de ” las injusticias del sistema capitalista”, se hizo doctrina y dogma. Hoy muchos de los criminales de mujeres reincidentes y violadores caminan por las calles.

Hay que ser muy perverso. Una mujer es una mina que amamos, nuestra vieja querida del alma, la hija que tanto miedo nos provoca cuando tarda en llegar de la facultad, la madre que nos sembró de hijos nuestra existencia, nuestra abuela de la sabiduría.

Todo el que sea víctima de violencia de género o conozca a alguien puede y hacer la denuncia al teléfono 144 durante las 24 horas.

Son mujeres asesinadas por machos que, insisto, no merecen llamarse hombres. Son infames varones que avergüenzan al género y a la condición humana. En cada esquina de este país deberíamos colgar un cartel que diga: “Basta. Ni una menos. Nunca más un femicidio.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre