El milagro de las elecciones

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Nicolás Maquiavelo escribió que “la multitud es más sabia y constante que el príncipe”. Yo no creo demasiado en eso. Sería como decir que el pueblo nunca se equivoca y yo creo que, a lo largo de la historia, el pueblo se equivocó muchas veces. Y en varios momentos, como durante el nazismo, nos abrió las puertas del infierno. Maquiavelo recupera eso que en latín se dice “Vox populi, vox dei”, la voz del pueblo es la voz de Dios”. Insisto en que no creo en esa verdad revelada. Si creo que la voz del pueblo, cuando se expresa en elecciones libres, es una fotografía casi perfecta del estado de ánimo de los ciudadanos. Cuando las urnas dan su veredicto expresan un clima de época, bueno o malo, equivocado o acertado, pero es la pintura más precisa posible del corazón y el cerebro de un país.

Estoy convencido que la democracia es el sistema menos malo que se conoce y por lo tanto, el voto popular es el instrumento menos malo para sostenerlo.

Los votos terminan con mitos y falsedades. Liquidan encuestas y revelan realidades. Ilumina lo que realmente pasa y no lo que algunos quieren que pase. Y ese milagro de las elecciones le puso punto final a una farsa del relato cristinista sobre Milagro Sala.

La jefa del jefe del estado y su estado mayor ideológico, nos quisieron hacer creer falacias del tamaño de la provincia de  Jujuy. Primero que a Milagro Sala la perseguían por mujer, negra y coya. Que era una flagrante discriminación. Y la justicia, en todas las instancias demostró que Milagro no es una presa política. Que es una mujer corrupta, violenta, autoritaria y golpeadora, sobre todo de las mujeres. Usó y maltrató a los pobres. No los defendió. Les prestaba las casas populares que habían construido y nunca les daba la propiedad para que siempre dependieran de sus órdenes y clientelismo atroz. Si los padres no se afiliaban a la Tupac Amaru, no anotaban a sus hijos en las escuelas que ellos dominaban. Milagro organizó un grupo de choque, con disciplina, ropa y paso redoblado tan castrista como castrense y se dedicó a extorsionar a los más humildes de los humildes. Los sometió. No los ayudó a liberarse, a valerse por sí mismos. Los hizo dependientes de sus caprichos disfrazados de ideología bolivariana. Y hay muchos testimonios en los expedientes judiciales de los cachetazos y hasta latigazos con los que ella castigaba a las mujeres. Y pensar que el colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo extremo, levantaba pancartas con su cara como si fuera una militante feminista. Y era todo lo contrario.

Quisieron inventar una Che Guevara o un Evo Morales con polleras, pero fue solamente eso, un invento. La pusieron en un altar revolucionario pese a que se cansó de cometer delitos de corrupción, con violencia y autoritarismo. La llamaban “la gobernadora”, porque manejaba los fondos millonarios que le enviaban Cristina y Máximo.

Horacio Verbitsky, Eugenio Zaffaroni, Amado Boudou, Víctor Hugo Morales, Luis D’Elía, entre otros cómplices, exaltaron su papel y ocultaron todas estas verdades. Decían que ella era la líder del pueblo pobre jujeño y que por eso la tenían presa. “Ella convoca multitudes organizadas”, decían.

Y la voz del pueblo en las urnas, terminó de desnudar esas falsedades. Hubo 25 agrupaciones que apoyaron su lista. Hasta el gremio de los empleados estatales se sumó. Y la voz del pueblo dictaminó que Milagro Sala no es una persona representativa ni querida por el pueblo. Apenas sacó el 5 % de los votos y eso que su apuesta electoral tuvo el apoyo hasta del presidente Alberto Fernández.

Fue tan pobre su resultado que quedó en el sexto lugar y no pudo conseguir ni un diputado provincial y ni un solo concejal. Perdió hasta en el barrio Alto Comedero que fue edificado por su agrupación. Sacó mucho menos votos que lo que ella decía que tenía como afiliados a la Tupac. Es porque la gente se afiliaba por miedo o por conveniencia. Para aspirar a una casita prestada o para que sus hijos consiguieran un banco en una escuela. Milagro apeló a la peor de las metodologías políticas: corrupción, autoritarismo, verticalismo y soberbia. Por eso la gente le dio la espalda. No la votaron porque no la quieren. Le tenían miedo, no cariño ni respeto. El ciudadano común, sobre todo los más humildes, quiere paz social y tranquilidad para mejorar su situación económica y tener mayor justicia social e igualdad de oportunidades.

La gran ganadora de los comicios fue la democracia y el mecanismo electoral que puso las cosas en su lugar y terminó con tanta mentira. Pero la gran perdedora fue ella y el cristinismo más fanático que no se puede explicar lo que pasó. Se creyeron sus propias mentiras y resulta que ahora no pueden entender como la gran líder de los pobres, sacó un módico 5% de los votos.

Como si esto fuera poco, todas las fuentes consultadas en la justicia, dicen que solo un milagro la puede salvar de ir a una prisión federal. El gobernador de Jujuy, Gerardo Morales pidió que Sala cumpla un total de 7 años en la cárcel de General Güemes, en Salta. Es por la condena que ella sufrió por haber amenazado y agredido a huevazos y sillazos y con elementos contundentes al actual jefe provincial en el año 2009.

Luciano Manzana Riva, abogado del gobernador fue contundente: “Milagro no es una presa política, ni tampoco una política presa, es una delincuente condenada. No lo dice Gerardo Morales, ni la justicia de Jujuy. Lo dice la justicia federal, la Cámara de Casación Penal y la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Debe ser inminente el dictado de sentencia y el traslado para que cumpla la condena”.

Milagro Amalia Ángela Sala y Cristina Elisabet Fernández de Kirchner y la cleptocracia deben tener su juicio y castigo. Si nadie paga por los robos desde el estado, la señal es que todo vale y la honradez se transforma en una mala palabra.

Milagro Sala no es una carmelita descalza perseguida por la oligarquía, los medios y el imperialismo como nos quisieron hacer creer. Y tampoco está presa arbitrariamente. Tiene 4 condenas. ¿Escuchó bien? Milagro tiene 4 condenas. Una confirmada por la Corte Suprema. ¿De qué persecución hablan?

La justicia la metió presa. Pero la gente con su voto, derribó una estatua con pies de barro.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre