La pata de la impunidad mafiosa

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En el sindicato de albañiles de La Plata hay dos bandas. Una liderada por Juan Pablo Medina, alias “el Pata” y otra por Iván Tobar. Ambos se sacan los ojos por el manejo del poder extorsivo y de la caja que tiene el gremio. Ambos grupos se acusan de corruptos, apretadores muy violentos y de tener vínculos con el narcotráfico y las barras bravas más delictivas de los clubes. Lo más terrible para toda la sociedad es que ambos tienen razón. Y que las dos patotas militan en el peronismo cristinista.

Lo que ocurrió ayer fue apenas la punta del iceberg. Las imágenes son de terror. En una parrilla de Ensenada, ambos bandos y bandas se trenzaron en una batalla campal. Destruyeron el restaurante en medio del pánico de los comensales. Hubo trompadas, pedradas, sillazos, y a la salida, balas de goma de la policía. Resultado: tres heridos al hospital y uno de ellos está a punto de perder un ojo. La ferocidad que ejercen y la impunidad de la que gozan, hizo que uno de los salvajes atropellara a otro que iba en moto. Los muchachos mostraron un parque automotor de alta gama, digno de empresarios exitosos y no de humildes albañiles. Brian, el nieto del Pata Medina, que se movilizaba en un vehículo Hyundai fue uno de los que recibió la paliza más brutal. En las redes mostró su foto con el torso desnudo, sus tatuajes y la sangre que le produjeron las heridas, sobre todo en la cabeza.

Pero lo más grave fueron sus amenazas de muerte. Escribió en sus redes lo siguiente: “A los cobardes, esta no se la regalo: los voy a matar. Otra vez 15 contra 1, pero jamás voy a ir para atrás”.

La semana pasada, un grupo de diputados del PRO encabezados por Cristian Ritondo denunciaron al juez de La Plata, Alejandro Esmoris “por mal desempeño y prevaricato”. Hicieron una presentación en el Consejo de la Magistratura de la Nación porque el magistrado declaró nula la causa y sobreseyó al Pata Medina y ocho individuos más que estaban acusados de “extorsión, asociación ilícita y lavado de dinero”. El juez Esmoris utilizó como argumento una prueba que aún no está firme de otra causa.

Los antecedentes de estos energúmenos son de terror. Ya hubo dos muertos producto de estos enfrentamientos: César Navarro y Gonzalo Alonso.

En febrero de este año, emboscaron al Pata y el Pata le pegó una trompada a un sargento de la policía.
La crónica está llena de símbolos y muestra con toda obscenidad a un tipo de sindicalismo mafioso y millonario que conspira contra el desarrollo pacífico, transparente y con justicia social de este país. Estos malandras cómplices del kirchnerismo son la confirmación que sin una reforma laboral en serio y a fondo, Argentina no puede salir del pozo en el que se encuentra. Nadie quiere invertir con personajes de semejante calaña y que además están asociados al poder. Se podría definir esto como la Pata K de la mafia sindical.

Todos saben que para hacer una obra, en La Plata y alrededores, había que pagarle. Una gran parte de los tribunales le tiene pánico por sus amenazas y su poder de fuego nada metafórico. Poder de fuego es poder de fuego. Y otra parte de los magistrados, está a su servicio y al servicio de la impunidad de cualquier simpatizante kirchnerista que cometa delitos. Es lo que hay. Es el realismo trágico, de un kirchnerismo que siempre se coloca del lado de los delincuentes.

Todavía tengo el estómago revuelto de asco al ver el video en el que el Pata celebra su excarcelación con los dedos en “ve” con ambas manos y cantando que “soy argentino, soy peronista y quiero vivir mejor”.

Estamos frente a una verdadera organización criminal. El Pata Medina cuenta con un ejército de barras bravas disfrazados de trabajadores que andan armados, muchas veces borrachos e incluso drogados. Son pesados de verdad. Nadie se le atrevía al Pata. Medina se sentía tan todo poderoso que se atrincheró en su gremio dispuesto a resistir la orden de detención de la justicia. Llamó a sus muchachos, los agitó para que estén bien descontrolados y los abasteció de facas, bombas molotov, piedras y unos cables de acero que se utilizaron para atar postes de la luz y árboles y armar un cerco alrededor del edificio del gremio de la UOCRA de La Plata.

Medina apoyó la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner. Hay videos de actos que comparte con Daniel Scioli y fotos con Carlos Kunkel.

Medina banca su aparato con delitos de todo tipo. Desde la tradicional coima que les cobraba a los empresarios de la construcción para no hacerles la vida imposible, hasta la extorsión a la que los sometía obligándolos a contratar empresas de catering y transporte que eran de testaferros del Pata. Ese dinero negro recaudado era lavado en otras actividades. Aquí la lupa de la justicia está puesta sobre la empresa Abril Catering que además de proveer comida a los albañiles cambiaba cheques en efectivo y en una actividad totalmente ilegal. La organización de comidas y mordidas tiene 40 autos de alta gama, camiones utilitarios, un avión y un barco. Medina se llena la boca hablando de Perón, Evita y Cristina y de la defensa de los trabajadores, pero él, tiene un nivel de vida imposible de explicar. Muchos quieren saber que mercaderías traficaba en el avión de Abril.

Estuvo detenido en el penal de Ezeiza, en “Pabellón Néstor Kirchner”, según el humor negro de la jerga carcelaria y bajo el mismo techo que otros mafiosos pero de guante blanco como Lázaro Báez, Ricardo Jaime, y José López, entre otros.

El Pata, una vez amenazó con hacer estallar la destilería de YPF en Ensenada.

Parece mentira que estos delincuentes millonarios que representan a trabajadores pobres quieran victimizarse como presos políticos. Representan lo peor de la corporación sindical que por supuesto tiene otros dirigentes que son honrados y democráticos. Pero Medina y sus rivales sindicales, son el emblema de la patota sindical y de la corrupción K.

La pata de la impunidad mafiosa.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre