La impunidad de El Pata de Cristina

670

Todavía no lo puedo creer. El juez federal de La Plata, Alejandro Esmoris dejó en libertad a Juan Pablo Medina (a) “El Pata” que hoy circula por las calles como si fuera una persona de bien. Todavía tengo el estómago revuelto de asco al ver el video en el que el Pata celebra su excarcelación con los dedos en “ve” con ambas manos y cantando que “soy argentino, soy peronista y quiero vivir mejor”.

Todavía no puedo creer que el juez Esmoris en sus fundamentos haya dicho que el Pata no tiene antecedentes penales y que no iba a entorpecer el juicio que se le sigue sustanciando. ¿En qué planeta vive el juez? ¿En qué frasco se hospeda el magistrado? ¿Sabe quién es el Pata Medina? ¿Sabe qué clase de patotero violento y extorsionador es? ¿No lee los diarios?

El juez Esmoris, ya fue repudiado en su momento hasta por la CTA porque aplicó el 2×1 a varios represores de la dictadura militar, incluso al acusado de asesinar a Carlos Labolita, uno de los mejores amigos de Néstor Kirchner.

Es el titular del juzgado federal de La Plata y acaba de emitir una señal nefasta hacia la sociedad. Todo vale. El Pata Medina no tiene antecedentes. Madre mía.

Le recuerdo algunas cosas al doctor Esmoris. Su fallo supera todo lo que uno podía imaginar en términos de impunidad para los que cometieron delitos y son peligrosos para la comunidad.

Hoy hay un mafioso sindical más caminando por la calle. La democracia, la paz social y la ética han perdido una batalla porque Juan Pablo Medina (a) “El Pata” está libre. Estamos hablando de uno de los jerarcas sindicales más salvajemente violentos y corruptos. La valiente fiscal Silvia Cavallo, en su momento, lo acusó de extorsión, lavado de dinero y asociación ilícita.

Estamos frente a una verdadera organización criminal cuyo jefe es el Pata Medina. Cuenta con un ejército de barras bravas disfrazados de trabajadores que andan armados, muchas veces borrachos e incluso drogados. Son pesados de verdad. Nadie se le atrevía al Pata. Todos le tenían miedo y a lo sumo, otros intendentes y gobernadores del peronismo negociaban, pactaban o entraban en complicidad con él. Medina se sentía tan todo poderoso que se atrincheró en su gremio dispuesto a resistir la orden de detención de la justicia. Llamó a sus muchachos, los agitó para que estén bien descontrolados y los abasteció de facas, bombas molotov, piedras y unos cables de acero que se utilizaron para atar postes de la luz y árboles y armar un cerco alrededor del edificio del gremio de la UOCRA de La Plata. Cuando llegaron 43 camiones con 400 integrantes de la Policía Federal, Gendarmería y Prefectura, lo pensó mejor, escapó por atrás de la sede del gremio y por unas horas no se supo su paradero. A la noche se entregó cuando las fuerzas del orden habían rodeado su casa de Punta Lara.

 Medina estuvo históricamente enfrentado con Gerardo Martínez, el líder nacional de los albañiles y con los camioneros. Pero nadie olvidará jamás aquellas imágenes de terror con el chofer de Moyano, Madonna Quiróz disparando su arma en medio de una batalla campal cuando se trasladaron los restos de Perón a la histórica quinta de San Vicente. No hubo muertos de milagro.

Medina siempre militó dentro del peronismo y tuvo roces con todos. Pero en la campaña apoyó la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner. Hay videos de actos que comparte con Daniel Scioli y fotos con Carlos Kunkel. Medina bancaba su aparato con delitos de todo tipo. Desde la tradicional coima que les cobraba a los empresarios de la construcción para no hacerles la vida imposible hasta la extorsión a la que los sometía obligándolos a contratar empresas de catering y transporte que eran de testaferros del Pata. Ese dinero negro recaudado era lavado en otras actividades. Aquí la lupa de la justicia está puesta sobre la empresa Abril Catering que además de proveer comida a los albañiles cambiaba cheques en efectivo y en una actividad totalmente ilegal. La organización de comidas y mordidas tiene 40 autos de alta gama, camiones utilitarios, un avión y un barco. Todos dicen que los que figuran como dueños son testaferros de Medina. Por eso Medina se llena la boca hablando de Perón, Evita y Cristina y de la defensa de los trabajadores pero él tiene un nivel de vida imposible de explicar. Muchos quieren saber que mercaderías traficaba en el avión de Abril.

Cuando lo detuvieron, Medina tuvo mala pata. Fue a la cárcel de Ezeiza. Pero ayer recuperó su buena suerte. Estuvo en el pabellón Néstor Kirchner, como decían con ironía los tuits. Estuvo bajo el mismo techo que otros mafiosos kirchneristas pero de guante blanco. Hablo de Lázaro Báez, Ricardo Jaime, José López, el general Milani, el Mono Minicelli, el contador Víctor Manzanares y siguen las firmas. En ese calabozo, hoy solo quedan José López y el cuñado de De Vido.

El Pata Medina se sentía tan impune e intocable que amenazó con incendiar la provincia si la gendarmería cumplía con la orden de detención del juez Luis Armella. Por eso el fiscal Guillermo Marijuan lo denunció por el delito de intimidación pública. Y el juez ahora dice que su comportamiento es ejemplar y que no parece que vaya a querer entorpecer el juicio. Parece un chiste de humor negro.

Hizo confusas declaraciones respecto a que no quería que se produjeran más casos como el de Santiago Maldonado y se proclamó un perseguido político del presidente Mauricio Macri.

El  ex jefe del estado solamente dijo que “no hay lugar para comportamientos mafiosos de los que creen que tienen derechos especiales”.

 Parece mentira que estos malandras millonarios que representan a trabajadores pobres quieran victimizarse como presos políticos. Representan lo peor de la corporación sindical que por supuesto tiene otros dirigentes que son honrados y democráticos. Pero Medina es el emblema de la patota sindical y de la corrupción. Es la pata de la sota de los negociados y la intimidación permanente a los que quieren trabajar en paz. Para construir un departamento chico, una ruta o un hotel había que pedirle permiso a Medina y dejar la coima correspondiente. Por eso el metro cuadrado en La Plata y la zona es un 40% más caro. La obra programada en la destilería iba a tener un sobreprecio de 300 millones de dólares que íbamos a tener que pagar todos para enriquecer al Pata Medina. ¿Qué me cuenta? En aquél  momento, el ministro de trabajo de la provincia, Marcelo Villegas dijo bien: “Nadie está preso por defender el derecho de los trabajadores: no combatimos los sindicatos, combatimos las mafias sindicales”.

El Pata ya estuvo preso durante cuatro años por delitos similares. Y el juez dice que no tienen antecedentes penales.

Una vez amenazó con hacer estallar la destilería de YPF en Ensenada. Gana obras para sus trabajadores a los tiros. Su hija, Analía, destrozó hace poco un restaurante en la ciudad. El Pata no quiso someterse a un control de alcoholemia y se quedó adentro del auto. Ante la insistencia, le partió el tabique nasal de una trompada a una mujer policía. Pero seguía libre sin que nadie lo molestara. Tenía paralizadas varias obras privadas y obras públicas necesarias para los sectores más humildes de la zona.

Cuando estuvo preso no aprendió. Tal vez por eso, durante un tiempo, eligió como abogado a un personaje nefasto llamado Víctor Hortel. ¿Se acuerda? Fue el jefe del Servicio Penitenciario Nacional y líder de Vatayón Militante, esa agrupación de presos que eran sacados de sus celdas para que participaran de actos kirchneristas vendidos como eventos culturales.

Esta cultura del apriete, de la intimidación pública y del vamos por todo es parte de la herencia maldita que dejaron los K. Son conceptos antidemocráticos y reñidos con la ley. Cuando fue detenido, fue sensato hasta el comunicado del gremio nacional que de inmediato se quiso despegar de este personaje temible: “Dentro de la ley, todo, fuera de la ley nada”.

El Pata Medina estuvo preso junto a su esposa, la ex policía bonaerense María Fabiola García (a) “La Dueña”, un hijo, una hijastra y otros 5 integrantes de una empresa de catering que conformaban la asociación ilícita. Era su estado mayor de la corrupción.

El Pata está libre aunque no puede salir del país ni pisar su sindicato. No necesita ninguna de las dos cosas. Se mueve por toda la Argentina como Pancho por su casa. Y al gremio lo seguía manejando incluso detrás de las rejas. El Pata hace lo que quiere y no respeta las leyes. Eso se sabe hace mucho. Pero la culpa no es del chacho sino del que le da de comer. Hay un juez que se llama Alejandro Esmoris que lo acaba de dejar en libertad y eso es una humillación para todos los argentinos honestos. El juicio al Pata Medina sigue su curso con destino incierto. Pero pregunto, la repugnante decisión del magistrado que lo liberó no merece un pedido de juicio político? ¿Será justicia alguna vez en este país?

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Mitre