No liberaron a Kfir, el bebé de 10 meses

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Los sanguinarios terroristas de Hamas hoy liberaron a 25 rehenes. Trece son israelíes y doce son tailandeses. Es un paso adelante que ojalá se repita rápidamente para que liberen sanos y salvos a todos los secuestrados hace 49 días durante el salvaje pogrom del 7 de octubre. Cada vida vale una vida y eso nos llena el alma de alegría. Pero muchos soñamos que entre los liberados, estuviera Kfir, el más chico de los rehenes, el bebe que cumplió 10 meses en cautiverio.

En la exigencia de que todos recuperen la libertad y vuelvan a Israel, repito aquella columna donde conté el caso de la familia Bibas- Silberman.

La historia de Kfir y Ariel es estremecedora y nos provoca un agujero negro en el alma. Son dos nenitos secuestrados por los criminales de guerra de Hamas en Israel. Ambos son argentinos. Kfir es el rehén más chico de todos. Es un bebito de apenas 9 meses que cumplió 10 durante el secuestro.  Su hermano Ariel, tiene 4 años. Se debe decir “con vida los llevaron, con vida los queremos”. O “que devuelvan a los nietos”. Que los asesinos de Hamas liberen ya mismo a estos dos chicos y a todos los rehenes. Más de 200 personas están en manos de estos asesinos desde aquel 7 de octubre que fue claramente un día de holocausto. Nunca habían matado a tantos judíos desde el régimen nazi de Adolf Hitler.

Estamos hablando de miles de familias pulverizadas por el odio y la metralla. Una y solo una de ellas, es la familia del argentino José Luis Silberman. El colorado, conocido como Yosi, nació en el sanatorio Güemes. Su padre fue un recordado director de orquesta que hasta supo escribir la cortina musical del “Titanes en el Ring”. Yosi se casó con una hermosa peruana llamada Margit y se instaló en el kibutz Nir Oz. Lo hizo porque amaba la paz y porque creía en la convivencia pacífica con los palestinos. La granja colectiva de Nir Oz está a 15 cuadras de la frontera con Gaza. Por las noches cálidas el viento suele traer las voces de los palestinos que están del otro lado. En Nir Oz se cosechan papas y otras verduras, pero la estrella son los espárragos de exportación. También tienen una fábrica de pinturas que fue destruida en 2008 por un mortero que lanzó Hamas desde el otro lado. Murió un operario y otros tres fueron heridos.

Yosi y Margit disfrutaron de esa tierra que produce alimentos y de vivir en comunidad. Armaron una familia maravillosa. Su hija Shiri se casó con Yarden y de ese matrimonio nacieron los dos tiernos pelirrojos llamados Kfir y Ariel. La puñalada en la espalda que recibimos es cuando preguntamos qué pasó con ellos después del ataque de los nazis de Hamas.

Yosi y Margit, murieron carbonizados porque los atacantes saquearon y prendieron fuego a la mayoría de las casas. ¿Escuchó bien? Los abuelos de Kfir y Ariel, el zeide y la bobe fueron asesinados e incinerados.

Hemos visto la crueldad de los balazos de Kalashnikov y la destrucción de los cohetes iraníes en medio de pañales o juguetes dispersos en el suelo lleno de cenizas. Las escenas de la vida cotidiana convertidas en carbón. Congeladas en el luto de la muerte negra. Las frutas para el desayuno, convertidas en piedra renegrida. Ríos de sangre de gente degollada y de mujeres violadas y después mutiladas.

Ese kibutz tenía alrededor de 400 habitantes. Agricultores en su mayoría. Según el New York Times fueron asesinadas 180 personas y 80 fueron secuestradas.

Los abuelos, convertidos en una hoguera. ¿Qué pasó con Yarden, el padre de los chicos? Se lo llevaron prisionero. Hay una foto donde se lo ve con la cabeza ensangrentada, en moto, en el medio de dos salvajes asesinos seriales.

¿Qué pasó con Shiri, la hija de Yosi Silberman y Margit Bibas? La secuestraron junto a sus dos hijitos.

Como todas las familias que celebran la vida, tienen videos familiares de fiestas de cumpleaños que atesoran en sus celulares y en sus corazones. Uno de ellos muestra a los abuelos con uno de sus nietos.

Pero hay una filmación hecha por los propios victimarios, por los fanáticos de la muerte que directamente te parte la cabeza. Se la ve a Shiri, con la mirada de mayor pánico que ví en mi vida, abrazando a sus dos pequeños hijos y suplicando que no los maten.

Todos los seres humanos que repudiamos a las bestias, pensamos en Kfir y Ariel y nos invaden las ganas de gritar que los terroristas los liberen. A ellos y a todos los secuestrados. Los utilizan como escudos humanos, extorsionan al mundo con informaciones confusas sobres si los dejan en libertad o no. Es un juego macabro que debería empujar al mundo a un alarido de indignación y exigencia.

Las escenas felices de la intimidad familiar se mezclan con la crueldad de lo criminal de estos energúmenos.

Una vez Golda Meir, la heroína y ex primer ministro israelí, le dijo a un joven legislador norteamericano llamado Joe Biden: “No se preocupe, senador. Los judíos tenemos un arma secreta: no tenemos a donde ir”.

Kfir tiene un arma secreta: su nombre significa cachorro de león en hebreo. Figura en el Tanaj, que contiene a 24 libros sagrados judíos. Kfir vive en Israel pero tiene pasaporte argentino. Y es un cachorro de león resistiendo para seguir viviendo.

En un acto de la DAIA donde se exigió la liberación de los rehenes y que el gobierno argentino aumente su presión en ese sentido, se pudo ver las caritas de Ariel en manos de Horacio Rodríguez Larreta, de Kfir, sostenido por Waldo Wolff y del matrimonio de Shiri y Yarden, exhibido por el fiscal Carlos Stornelli.

Los repugnantes negacionistas del holocausto y los que tienen como objetivo exterminar al pueblo judío, muchas veces, se montan en la ignorancia o la indiferencia. Así fue posible la existencia de los campos de concentración, los hornos crematorios y las cámaras de gas en la maquinaria de la muerte hitleriana. El mundo civilizado y democrático que apuesta por la vida y el progreso en libertad, no puede permitir que se repita esa misma actitud cómplice.

Con solo mirar las caritas de Kfir y Ariel y el espanto en el rostro de Shiri, alcanza para comprender todo. Quien quiera oir que oiga. Bienvenidos los liberados. Seguimos luchando para que liberen a todos.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre