Frente de Todos los hipócritas

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La presentación de los candidatos del cristinismo fue un festival de la hipocresía. En el escenario hubo actuaciones memorables pero, sin dudas, como siempre, la estrella fue Cristina. Sobre todo cuando dijo que todos los partidos y pensamientos políticos habían gobernado la Argentina. Quiso repartir culpas e igualar todo para abajo. En ese instante, aparecieron las mentiras más descaradas. La primera actriz del festival de la hipocresía, dijo, muy suelta de cuerpo, como si no existieran la historia y los archivos que no era cierto que los liberales nunca habían gobernado. Y en lenguaje coloquial y presuntamente canchero, Cristina dijo “vamos, che, ¿y Cavallo que era? ¿Cómo que nunca gobernaron? ¿Y el menemismo de nuestro partido que fue cooptado por los liberales… vamos che, háganse cargo.”

Como un aporte a los que no están demasiado informados o los más jóvenes, intentaré desarmar esas falsedades. Por definición, hipocresía es “fingir sentimientos, ideas y cualidades, generalmente positivos, contrarios a los que se experimentan”. En el lenguaje popular es decir una cosa y hacer otra. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Esa simulación es tirar el tema liberalismo, Menem y Cavallo sobre la mesa y pedir que se hagan cargo. Es Cristina la que se tiene que hacer cargo. Podría escribir un libro solo con las relaciones carnales de los Kirchner con Menem y Cavallo. Pero voy a mostrar solo algunas.

Néstor Kirchner compartió siete veces la boleta electoral con Carlos Menem. ¿Escuchó bien? No una, ni dos. Siete veces fueron a elecciones en forma conjunta y ya es legendario aquel día en el que Néstor elogió a Menem y lo comparó con Perón.

Pero Cristina no fue ajena a ese maridaje con Menem. En sus declaraciones queda todo bastante claro: “Voté a Menem y creo que no me equivoqué, le dijo a la revista Noticias en 1996.

Y con respecto a Cavallo, los vínculos fueron mucho más sólidos. Néstor era el gobernador preferido de Cavallo que apoyó la privatización de YPF y que fue uno de los primeros en privatizar el banco de Santa Cruz. Néstor fue uno de los mejores alumnos de ese “liberal” como lo llamó Cristina peyorativamente. Y fue Cavallo el que le otorgó una verdadera fortuna en fondos mal liquidados que Kirchner transformó en mil millones de dólares que nunca se supieron de que manera, se esfumaron en el aire. No hay una sola boleta de depósito no hay un resumen bancario ni una idea de porque bancos pasaron ni que intereses devengaron. Fueron los tristemente célebres Fondos de Santa Cruz que se perdieron en el agujero negro de los bolsillos de los funcionarios. Esa fortuna de la cual los santacruceños no vieron un peso, fue la plataforma en la que se apoyó toda la proyección nacional de Néstor y Cristina. Y se los dio Cavallo.

Pero hay mucho más. En su momento hubo internas entre Cavallo y Béliz en el Partido Justicialista porteño. En una de las 12 entrevista que le realicé a Cristina mientras fue diputada y senadora le pregunté a quién iba a apoyar y me contestó que “no se quería meter porque ambos eran amigos y grandes candidatos”.

Pero el propio Alberto Fernández, hoy presidente, fue de candidato a legislador en el puesto 11, en la lista 270, “Encuentro por la Ciudad”, que apoyaba a Cavallo-Béliz como jefe y vice jefe de gobierno. Vale la pena recordar esa boleta que además de Béliz tenía otras figuras del actual gobierno como Jorge Arguello, Julio Vitobello, Nicolás Trotta y Víctor Santa María. Sorpresas te da la vida.

¿Quién se tiene que hacer cargo de esos liberales, como los llama Cristina?

En una entrevista con Julio Bárbaro en su programa de cable, la joven legisladora santacruceña aseguró que Menem fue el “articulador de las grandes mayorías nacionales” y que Cavallo “fue un paradigma, el cuadro más lúcido”.

Insisto en que podría seguir horas fundamentando que “esos liberales”, que ahora Cristina estigmatiza tanto, fueron sus socios políticos durante muchos años. Hay recortes de la época que Cristina prefiere ni ver. Ambito Financiero en 1991, donde dice que Kirchner es un admirador de Cavallo o el título de “juró otro seguidor de Cavallo” o el diario Crónica del 97 donde la senadora Cristina dice “Conozco a Corach, le creo a Cavallo”.

Insisto en que Cristina se robó (cuando no) la atención mayoritaria en el festival de la hipocresía. Pero los restantes protagonistas no se quedaron atrás.

Sergio Massa, muy experimentado en el rubro, fue muy exitoso en ver la paja en el ojo ajeno y no en el propio. Criticó a Diego Santilli porque se había cambiado de distrito: “No me imagino a un salteño como candidato en Río Negro”.

Massa no registró que Kicillof, que estaba a su lado, hizo lo mismo porque es porteño o la propia Cristina que es santacruceña y  fue candidata por Buenos Aires y ni hablar de Máximo que hace poco se afilió al PJ bonaerense porque venía de Río Gallegos.

El anfitrión, intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk, emocionado contó que hacía poco había superado al covid y que estuvo internado en el hospital público Néstor Kirchner de su distrito. Es lo que corresponde pero, otra vez. ¿Y Mayra Mendoza de La Cámpora que fue al Austral porque el hospital de Quilmes tiene graves falencias? ¿Y la propia Cristina que no se baja del sanatorio Otamendi?

Y Alberto Fernández, a la hora de presentar a los candidatos elogió el trabajo de Victoria Tolosa Paz en el tema pobreza que creció de una manera horrorosa y hoy está en el 47% y de Daniel Gollán, una de las caras visibles del fracaso sanitario y del desgarro social de tener más de 103 mil muertos de los cuales un alto porcentaje, fueron fallecidos evitables si se hubieran aplicado todas las vacunas en tiempo y forma.  A Leandro Santoro lo presentó como alguien “que se cree radical” y de Gisela Marziota elogió un libro, pero hizo referencia a otro en el que confundió el autor.  

Y ni que hablar de la hipocresía general de todos contra todos. No se pueden olvidar los tuit de Santoro atacando al “faraón” Néstor por su mausoleo- tumba o faltándole el respeto en forma grosera a Cristina y el Papa Francisco, algo a lo que solo se atrevió Alberto cuando la llamó psicópata y conductora de un gobierno deplorable.

O lo que Sergio Massa dijo en su momento sobre los corruptos que iba a meter preso o como iba a barrer a los ñoquis de La Cámpora. Ahora, se sabe que puso una fábrica de pastas con Máximo Kirchner.

Hay que decir todo. Que las candidaturas no nos tapen el bosque. Y que las declaraciones electorales no oculten la hipocresía y el pragmatismo feroz. Cristinismo al palo.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre