Feroz ataque de Cristina a jueces y medios

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La condenada Cristina Elisabeth Fernández de Kirchner utilizó un informe de 96 páginas para victimizarse y atacar con una ferocidad inédita a jueces y medios de comunicación. En su despacho del senado, entregó esa carpeta a mujeres de la OEA que integran una comisión dedicada a combatir la violencia contra la mujer. En el escrito, da por probada falacias y suposiciones muy flojas de papeles y con nombre y apellido, apunta al ex presidente Mauricio Macri y a la jueza María Eugenia Capuchetti. Lo hace en referencia al repudiable intento de asesinato que sufrió. Cristina denunció la persecución y el hostigamiento de Cristina y lo anticipó en un video.

Allí Cristina define a Cristina “como la política más acosada mediáticamente de la historia”, y asegura que sufrió 20 años de “acusaciones falsas e incitaciones constantes y permanentes a ejercer violencia en su contra”.

Hace un par de días le comenté el origen de su obsesión. Cristina no puede soportar que los responsables del intento de asesinato hayan sido un grupito de lúmpenes peligrosos y despreciables. Alguien que se auto percibe de una estatura colosal como ella, necesitaba que el atentado hubiera sido perpetrado, por lo menos, por la CIA. Sus movimientos jurídicos, tratando de involucrar a empresarios macristas o la Policía de la Ciudad, esconden el sueño secreto de que el ataque tenga a Mauricio Macri como autor intelectual. Y eso lo desarrolla entre las decenas de falsedades que dice el informe sobre sí misma.

 Es un producto típico de la soberbia y la altanería de Cristina. Todo el mundo sabe que la policía de Rodríguez Larreta no abandonó el lugar para dejar una zona liberada, como ella sugiere. Sin embargo ella pidió que se investigue a los agentes metropolitanos. Fue la militancia camporista la que se hizo cargo de hecho y casi de prepo de la custodia de la jefa.

Ahora se entienden mejor las declaraciones de Larroque y Wado de Pedro en ese sentido. El Cuervo apuntó contra Alberto y dijo que mientras Macri la pasaba muy bien, a Cristina le destrozaban el despacho del senado e intentaban matarla.

El ministro de seguridad es Aníbal Fernández y nada pudo averiguar respecto de la identidad y las intenciones de los que rompieron a pedradas los vidrios del despacho de Cristina. Los cristinistas ignoran o quieren ignorar, que su fuerza política es la que está en el poder y si no averiguaron nada más grave es porque no hay nada más grave o porque los indicios apuntaban contra vándalos del propio peronismo. Fuego amigo. Una  vez más, es una pelea encarnizada puertas adentro del peronismo como ocurrió en tantos momentos de la historia. Por eso el ministro de Interior, Wadito, le reclamó a los gritos a Aníbal que investigara el intento de matar a Cristina.

El texto que Cristina presentó ante la OEA sobre Cristina pone el acento en su condición de mujer. Dice que por eso fue “denostada, denigrada, desprestigiada y violentada”. En realidad todas las acusaciones jurídicas que pesan sobre ella y sus cómplices no son una cuestión de género. Son por ser la jefa de la asociación ilícita que saqueó al estado argentino con la mega corrupción más grande de la historia democrática. De hecho la mayoría de sus cómplices son varones como Lázaro Báez, Julio de Vido y siguen las firmas. Las causas judiciales no se iniciaron por cuestiones de género. Sean hombres o mujeres, son acusados de ladrones por igual. Es un trato igualitario a los delincuentes.  Cristina está condenada a 6 años de prisión por Chorra y no por Mujer.

Pero es la propia Cristina la que ataca con furia a otra mujer como la jueza Capuchetti. La acusa de recibir pagos, de vínculos con opositores y de actuar con manifiesta parcialidad, irregular e ilegal”. Cristina se ensaña con la jueza. Llegó a recusarla, pero no tuvo éxito.

Las fuertes críticas políticas que recibió, en su mayoría, fueron por su autoritarismo descarnado y por el intento de llevar a nuestra Argentina al altar del chavismo nacional populista. No por ser mujer. Las mismas críticas fueron contra Néstor, su marido que, obviamente, era varón.

En su escrito sobre sí misma, Cristina confirma a sus enemigos de siempre. Habla de “sectores mafiosos del Poder Judicial que actúan en tándem con los monopolios mediáticos y la oposición política” y los responsabiliza de haber “dejado impunes, cada uno de los ataques” que sufrió. Evita decir que su partido está en el gobierno. Que el presidente es el que ella designó. Y que la vice presidenta es ella misma.

Al final de su brulote panfletario y auto celebratorio, Cristina dice textualmente:

“La vida de Fernández de Kirchner corrió serios riesgos y, por decisión del Poder Judicial, los sigue corriendo. Por extensión, la democracia argentina se encuentra en vilo”.

Cristina no es futbolera. Pero sabe que la mejor defensa es un buen ataque. Es lo que hizo. Atacar para defender lo indefendible. Ella encabezó una cleptocracia y un intento chavista nunca visto en democracia. De nada vale que corra, el incendio va con ella.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre