“El virus de la ansiedad”, por Federico Andahazi

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En tiempos de cuarentena y coronavirus, la columna de Federico Andahazi en Le doy Mi Palabra por Radio Mitre.

Pretender que todo puede ser más o menos igual no ayuda; es obvio que social e individualmente debemos hacer un esfuerzo importante para mantener el ánimo, contener a los más vulnerables y enseñarles a los más chicos que debemos estar preparados para resolver realidades inesperadas.

Pero la ansiedad, razonablemente, comienza a hacerse presente. Hay una pregunta que concentra la experiencia de la ansiedad: “¿Y qué pasa si…..?” Esa pregunta se puede completar con cualquier idea fatalista que nos asalte.

El miedo, ya sabemos, nos ayuda a actuar y prevenir peligros, por ejemplo: si estoy caminando hacia un callejón y veo dos tipos en una actitud extraña, sentir miedo e imaginar un peligro me puede hacer cambiar de rumbo y salvarme. Es un miedo puntual, provocado por una situación tal que me ayuda a autopreservarme.

Ahora bien, si yo estoy todo el día rumiando futuros catastróficos, esa situación de alerta y miedo genera un estado de ansiedad y estrés crónico. “¿Y qué pasa si se enferma mi madre? ¿Y qué pasa si cuando me quiere llamar las líneas están colapsadas? ¿Y qué pasa si en el hospital no hay cama? ¿Y qué pasa si empeora?”.

Así se van encadenando los pensamientos fatalistas y empezamos a sentir los síntomas de quien está viviendo esa situación realmente: el mundo se nos viene encima, angustia, desesperación. Hasta se presentan síntomas físicos: taquicardia, sudoración, insomnio, malestares estomacales.

Y resulta que la madre está en su departamento lo más bien haciendo una torta y jugando al solitario. El mundo imaginario puede ser más trágico que el mundo real. Esto que estoy describiendo es apenas un ejemplo de lo que dispara la ansiedad, ese miedo al futuro que se vislumbra como una amenaza.

Normalmente, mucha gente la padece, pero en estos tiempos, por obvias razones, encuentra más elementos donde consolidarse. Estamos viviendo momentos de incertidumbre, saberlo no nos inmuniza pero debemos afrontar la realidad para poder adaptarnos mejor.

Lo que podemos prever y resolver, bienvenido sea porque nos va a ayudar a estar menos preocupados. El enorme universo de cosas imprevisibles seguirán siendo imprevisibles. Y en eso estamos todos juntos.

Hay un dicho que dice “mal de muchos consuelo de tontos”, pero en situaciones como esta el efecto es el contrario: saber que somos una comunidad tratando de actuar mancomunadamente para evitar los estragos de una pandemia nos da fuerzas para poner nuestro grano de arena.

¿Qué hacer con el miedo cuando irrumpe? Esa es una buena pregunta porque la realidad es que cuando ciertos pensamientos se instalan no sirve de mucho proponerse “no pensar”.

Lo mejor es tener una actitud comprensiva hacia lo que estamos viviendo, es decir, no autoflagelarse por sentirse mal, ansioso o angustiado.

Si la ansiedad se presenta con síntomas como falta de aire y malestar general, es bueno tener a mano algún ejercicio de relajación que incluya relajación muscular, respiración consciente, y de a poco ir intentando pensar en otra cosa, concentrarse en algo agradable, en una imagen o recuerdo tranquilizador.

Si una persona se da cuenta que está empezando a sentirse mal puede, por ejemplo, llamar por teléfono a alguien con quien tenga un buen vínculo y tener una conversación, aunque sea superficial, preguntarle cómo está, qué está haciendo.

Esto es fundamental, porque ayuda a disipar el miedo, rápidamente nos sentimos más cerca, acompañados, dentro de una red de relaciones afectivas sólidas.

El miedo cuando se vuelve crónico genera un estado de alerta desproporcionado. Volviendo al ejemplo anterior, no puedo tener los síntomas físicos y anímicos de quien huye de un potencial asalto si estoy en el living de mi casa viendo la tele.

Pero si esto ocurre es importante tratar de entender de manera calmada que ese peligro no es real, que me estoy adelantando a cosas que seguramente no pasarán nunca. Y que la realidad es que estoy mirando la tele.

La verdad es que para resolver una situación de ansiedad hay que poner un esfuerzo consciente y no dejarse llevar por esa cadena de pensamientos catastróficos de la que hablamos antes. En otras ocasiones, hemos hablado de que estos trastornos pueden obedecer a traumas y situaciones del pasado que no encontraron una resolución efectiva.

En este presente particular que tenemos es cierto que no son iguales las herramientas de cada uno para adaptarse y modificar las rutinas con lo cual pueden aparecer síntomas de ansiedad en personas que nunca la habían experimentado antes.

El viernes vamos a seguir hablando del miedo y la ansiedad en los tiempos del coronavirus y, más que nunca vamos a escuchar a los oyentes y cómo sobrellevan este momento.