El sueño de Favaloro cumple 30 años

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El sueño del doctor Rene Favaloro cumple 30 años. Su utopía goza de muy buena salud. Allí está el Centro de Alta Complejidad que es orgullo de los argentinos. Es la síntesis de la excelencia en asistencia, docencia e investigación. Desde que el emblemático edificio de la calle Belgrano abrió sus puertas, en junio de 1992 ya se realizaron 28.400 cirugías cardíacas centrales, 104.262 intervenciones y procedimientos y más de 3.400 trasplantes. Los médicos y enfermeros que allí trabajan, dedican sus vidas a salvar vidas. Como quería Favaloro.

Si me permite, quiero aprovechar este aniversario de ese sueño para contarle lo que sueño para nuestra bendita Argentina.

Es mi humilde utopía. Que alguna vez, podamos tener un Presidente con los valores y las convicciones del doctor René Favaloro.

Honradez contra la corrupción, sensibilidad solidaria con los más humildes, excelencia profesional reconocida mundialmente, amor por el padre de la patria, don José de San Martín y una vocación monumental para trabajar con los más capaces y los mejores equipos. Es casi la contracara de lo que estamos padeciendo ahora con Alberto Fernández. El día y la noche.  Necesitamos un presidente como Favaloro que es el emblema del mérito. Un médico gigante para curar tantas enfermedades que tiene este país. Al gran pueblo argentino, salud, como dice el himno.

Siempre lo tengo presente a Favaloro como el mejor espejo en donde mirarse.  Jamás olvidaré aquél alarido de dolor y de luto de todos los argentinos. Eran las dos y media de la tarde y el doctor René Favaloro, frente al espejo del baño, apoyó la pistola y se pegó un tiro en el corazón.

Ojalá pudiéramos retroceder en el tiempo y darle un abrazo gigantesco. Atraparlo para que no se vaya. Ponernos a su lado y ayudarlo a luchar contra esa corrupción que le envenenó la sangre. Su carta debería leerse como un rezo laico. A pocos minutos de matarse, escribió que “Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento, como decía don Ata. No puedo cambiar”.

Se refiere a que todo su templo de excelencia científica y ética se estaba derrumbando porque se negaba a dar retornos y recibir coimas. Dijo siempre que no. Y es una palabra de dos letras capaz de producir revoluciones morales: No. No me corrompo. No banco corruptos. No me asocio con corruptos. No defiendo corruptos. No voto corruptos. No justifico corruptos. Ojalá que ese No gigantesco que Favaloro pronunció antes de morir, viva eterno en el corazón de su pueblo.

Le pido que escuche lo que Favaloro escribió en su última carta sobre los sindicalistas: “Esa manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales. ¿Se da cuenta? Favaloro lo denunció hace más de dos décadas. Y no cambió absolutamente nada. Toda esa basura sigue igual.

El doctor René Gerónimo Favaloro fue uno de los argentinos más grandes de todos los tiempos. Hoy está en el cielo de lo mejor de la argentinidad. La técnica del bypass, su obra cumbre, está considerada como uno de las 400 más extraordinarias creaciones que cambiaron la historia. Casi no hay ejemplos similares en América Latina.

Hoy que estamos embarrados por la mega corrupción y el autoritarismo que volvió a la Argentina, la figura de Favaloro y su leyenda nos mete aire puro en los pulmones y multiplica la esperanza de que podamos lograr de una vez por todas, un país a su imagen y semejanza, un país más justo para todos, sin ladrones ni golpistas. En televisión, hizo un diagnóstico del comienzo de la inflación y la ubicó en el primer gobierno peronista.

Favaloro es un padre nuestro que está en los cielos. Yo no dejo pasar oportunidad para iluminar su figura colosal. Porque hoy lo necesitamos más que nunca.

Al doctor de los doctores le gustaba decir que “el nosotros siempre estuvo por encima del yo”. Fraternal hasta el dolor, como quería la Madre Teresa. Ante tanta vergüenza ajena por tanto latrocinio de estado y cleptocracia, recordar su emblema nos sirve como el mejor de los horizontes.

Escuchar su mensaje y su legado nos hace olvidar un poco de uno de los momentos más tristes de nuestra bendita Argentina que fue aquél día en que el doctor Rene Favaloro decidió abandonar este mundo. Justo el que salvó miles y miles de vidas. Justo él, que derrotó miles y miles de muertes, justo él. Solo, abatido, cansado de luchar contra la burocracia, los estafadores y la mediocridad, uno de los argentinos más venerados nos pegó un cachetazo brutal para despertar nuestra conciencia ciudadana. Justo él que vino a ofrecer su corazón generoso como ejemplo a toda la sociedad.
Por eso todavía duele tanto su partida. Por eso su memoria nos interpela. Porque era un científico admirado por las elites intelectuales pero había sido parido entre los hombres más sencillos de La Pampa. 
Su etapa de médico rural en Jacinto Arauz lo marcó para siempre. Le fortaleció las raíces y modeló su identidad. Salió en tren de la estación Constitución rumbo a Bahía Blanca. Llevaba un saco de lana tejido y reciclado por su madre. Doce años de su vida los dedicó a enriquecerse humanamente en el campo, ayudando a los que menos tienen, poniendo el cuerpo y las neuronas donde había más necesidades. Se hizo hombre del pueblo en la profundidad de nuestra patria.

Fue de una austeridad y una generosidad inmensa.

Siempre decía que los datos de la mortalidad infantil y la concentración de la riqueza eran claves para medir a un modelo injusto que él llamaba Neofeudalismo. Fue un adelantado. Como si hubiera presentido lo que nos pasó en los años de la era del hielo K. Jamás hizo nada ni por dinero ni por poder. Sus valores eran otros. Era de otra galaxia.

Hoy lo extrañamos como nunca. Necesitamos de su molde. Para que nazcan argentinos de esa madera y con ese corazón. Militantes de la cultura del esfuerzo y la excelencia. Plantados sobre nuestra tierra. Con la ética, el mérito y la honradez como bandera.

Nosotros tenemos la obligación moral de recordarlo todos los días. Tal vez nos ayude a salir de este túnel de angustia que no producen todas las pandemias: la del coronavirus, la de la economía y la de la impunidad para los corruptos que el tanto despreciaba.

Favaloro nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre: San Favaloro de la Medicina Social, la ética y la Excelencia.

Hoy lo necesitamos más que nunca para demostrar que no todo es corrupción, trepadores del poder, autoritarios y soberbios. Que la patria no se devora a sus mejores hijos. Que se puede ser argentino de otra manera. Como Rene Favaloro, que en paz descanse. Doctor,  tenga la tranquilidad de que su sueño que comenzó hace 30 años, sigue de pié  pese a tantas dificultades. No fue en vano, querido doctor. Usted ya no está entre nosotros. Pero su ejemplo sigue salvando vidas e iluminado el futuro.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre