El presidente de la hipocresía y el cinismo

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Alberto Fernández es un presidente formal que, a esta altura, no maneja casi ninguno de los resortes del poder. Está parado sobre arenas movedizas y por eso, cada vez que se mueve, se entierra más. En su intención de tener aunque sea, una iniciativa, inventó un homenaje a los casi 100 mil fallecidos por la pandemia y terminó consagrándose como el Presidente de la hipocresía y el cinismo. Quiero ser preciso en la utilización del lenguaje. Hipocresía tiene como sinónimos a falsedad y simulación. Cinismo es descaro, desfachatez. Y el antónimo de ambos conceptos es sinceridad.

Y eso fue todo lo que exhibió con obscenidad una puesta en escena de Tristón, el ministro de propaganda y venganza. Y encima, ni siquiera fue original porque se trató casi de un plagio de un acto que realizó Alemania, encabezado por Angela Merkel.

Cuando la actriz Laura Novoa arrancó diciendo “buenos días para todos, todas y todes”, quedó todo dicho. Por suerte su coraje revolucionario no avanzó tanto para denominar a las víctimas como “fallecidos, fallecidas y fallecides”.

La sobreactuación fue tan chocante que se convirtió en una falta de respeto a los casi cien mil fallecidos a los que toda la sociedad debe rendir un homenaje sincero, no como el de ayer, y a los que el gobierno debe pedirles perdón por su responsabilidad en la multiplicación de las personas que dejaron de existir. Pero no hubo ni siquiera un amague de autocrítica o un ofrecimiento de disculpas. Alberto, que fue enfocado en primer plano mientras derramaba algunas lágrimas, en su discurso dijo que quedó demostrado “lo peligroso que es el egoísmo “en las catástrofes. Una gran parte de los argentinos, seguramente habrá pensado en el egoísmo de los traficantes de vacunas como Carlos Zannini y Horacio Verbitsky porque para muestra basta un botón. O dos. En ese mismo instante, el portal Infobae, publicaba con información rigurosa que casi todo el gabinete de Alberto ya tiene colocado las dos dosis de la vacuna, incluso dos señoritas de menos de 35 años que acompañan en la gestión al ministro Martín Guzmán. Pero eso no es egoísmo para Alberto. Eso es justicia porque, como Zannini le dijo a Verbitsky, ellos son personalidades especiales que la sociedad tiene que cuidar. Más superioridad moral y elitismo burocrático y estalinista no se puede pedir.

Fue tan grande el bochorno televisado con formato cinematográfico que no quisieron participar ni la vice presidenta Cristina  ni su hijo Máximo ni el presidente de la Cámara de diputados, Sergio Massa que se burlan de la incapacidad del presidente y son los que realmente mandan en la Argentina. También hay que decir que Cristina huye de las tragedias porque no quiere contaminarse con las responsabilidades. Así pasó en Cromagnón, en el siniestro ferroviario de la estación Once y en este desgarro de la muerte por miles del covid. Todas vidas truncadas en parte por la corrupción o la mala praxis criminal de gobiernos kirchneristas.

Quedará en la historia de lo más nefasto de la política aquella afirmación de Alberto de que prefería tener un 10% mÁs de pobres y no 100 mil muertos.

Lamentable y dolorosamente, Alberto superó ambas cifras. Aumentó casi el 30% la pobreza desde que asumió y es inevitable que superemos los cien mil fallecidos.

Como bien dijo el doctor Alejandro Fargosi, “fue un homenaje a las víctimas de su propia negligencia. Montaron un show deleznable con los muertos”. Laura Di Marco no pudo imaginar “manipulación más macabra”. El diputado Luis Petri vió “un homenaje a su propia torpeza, indolencia e improvisación”. María Luján Rey repudió la “perversidad extrema, donde nunca incluyen la palabra perdón”. Santiago Kovadloff aseguró que “no tuvieron el coraje de la verdad”, y Fernando Iglesias fue demoledor: “Los que tenían dos dosis, son muertos de la pandemia. El resto, son muertos de tu gobierno”.

El jefe del principal bloque opositor, Mario Negri, interpretó que “quisieron evitar el efecto del golpe de los 100 mil muertos  que van a sonar como un estruendo” y en instantes le hackearon su cuenta de Twitter.

Las redes vomitaron su indignación con el hashtag “#con los muertos, no”. Hubo algunos que propusieron declarar al 27 de junio, “Día nacional del cinismo”.

Tal vez Alberto Fernández pensó que con la cadena nacional que hizo, colocando una rosa blanca y encendiendo una vela, podía lavar sus culpas. Creo, por el contrario, que solo puso en evidencia que las negociaciones opacas y sospechosas con la compra de vacunas, las brutalidades que declaró y las pésimas decisiones que tomó, las va a tener que explicar algún día ante los tribunales. Tal vez le tocará estar sentado en el banquillo de los acusados junto a Ginés González García, uno de los principales autores intelectuales y materiales de estos crímenes de lesa inutilidad.

La escenografía incluyó barbijos negros, un smoking de luto de la primera dama, violines, poemas de Juan Gelman,  guitarra de Juan Falú, drones, chalecos de Aerolíneas Argentinas entre los trabajadores esenciales, representantes de todos los cultos y hasta de la comunidad afro argentina y ni un solo familiar de las víctimas.

Faltaron los familiares, la vergüenza, el

sentido común y la sensibilidad social. Sobraron la hipocresía y el cinismo de un presidente que se hunde en las arenas movedizas de Cristina.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre