El estallido de la bomba Milei

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El tsunami electoral de Javier Milei explotó como una bomba de fragmentación en el corazón del sistema de partidos políticos. Las esquirlas lastimaron tanto la candidatura de Sergio Massa como la de Patricia Bullrich. Ambos están suturando heridas y recalculando sus campañas ante esta sorpresiva realidad. Por ahora, en ambos extremos, se abrió la temporada de caranchear dirigentes del medio en donde insólitamente quedó parada Patricia Bullrich. Massa dijo que si llega a ser presidente va a convocar a un gobierno de unidad nacional. Se tira el lance de tentar a radicales y peronistas de Juntos por el Cambio que están enojados con Mauricio Macri. Difícilmente tenga éxito, más allá de algún engranaje suelto tipo Margarita Stolbizer que ya fue aliada de Sergio Massa. Obviamente apunta a los pescados más grandes como Horacio Rodríguez Larreta o Facundo Manes pero es una pesca destinada, por ahora al fracaso.

Desde la otra vereda, Javier Milei le ofreció a Macri ser una suerte de Súper embajador para conseguir inversiones en el mundo. Fue una jugada de astucia táctica que tampoco va a tener éxito. Pero logró su cometido de meter ruido y turbulencias en Juntos por el Cambio. Elisa Carrió se bajó de su candidatura y Alfonso Prat Gay fue crítico con Macri en sus declaraciones.

También afloraron tránsfugas insólitos pero que tienen más que ver con la fragilidad de las convicciones de los personajes. Nadie cree que generen una ola de panquequeadas. Antonio Aracre saltó del gobierno de Alberto Fernández a apoyar a Patricia Bullrich. Guillermo Moreno y Luis D’Elía sacaron apenas el 0, 79% de los votos lo que confirma su marginalidad y el rechazo que ambos producen. Le dieron a Sergio Massa para que tenga y guarde. Le dijeron de todo menos lindo. El piquetero llegó a decir que el gobierno se iba a quedar sin candidato a presidente y sin ministro de economía. Pero ahora, en dos minutos, se dio vuelta y llamó a votar a Massa con la excusa de que “Milei es Videla, Menem, De la Rúa y Macri”, luego de banalizar el holocausto al comparar a Milei con Hitler.

Frente a la hecatombe económica del cuarto gobierno kirchnerista, muchos vaticinaron un estallido social y por ahora y por suerte, solo aparecen algunos intentos sueltos y en su mayoría fallidos que, de todos modos, hay que seguir de cerca porque son muy peligrosos por el poder de contagio y de daño que tienen.

Pero el gran estallido fue político. El mecanismo utilizado para explotar fue el ausentismo record y el voto a Javier Milei que fue transversal a todas las clases sociales y a todas las edades aunque los más dinámicos fueron los jóvenes que votaron por primera vez.

Patricia Bullrich tiene un gran desafío por delante. Su eje de campaña debería mostrarla rodeada de los mejores posibles ministros y de los equipos que van a llevar adelante sus principales propuestas. Ella confesó que se mira en el espejo de Angela Merkel, que es un emblema de gestión, firmeza, confiabilidad y austeridad republicana. La mayor incógnita es como denunciar el  populismo extravagante y peligrosamente autoritario de Javier Milei sin ofender a sus votantes. Sin satanizar a quienes confiaron en Milei pero explicando con paciencia y en forma didáctica el resultado de sus propuestas. Carlos Pagni aseguró que Milei es tan populista como los K y que tiene que demostrarle que no tiene problemas de estabilidad emocional”.

Su editorial llevó como título: “El vértigo de dar un salto al vacío”.

Martín Rodríguez Yebra fue en el mismo sentido: “El túnel que conecta a Milei con Kirchner” y  Jorge Fernández Díaz, lo definió con precisión de cirujano: “Amateurismo suicida y un país desquiciado”

Varios de los columnistas principales de la Argentina coinciden con el diagnóstico. Daniel Sabsay, tal vez el constitucionalista de mayor prestigio, destacó que “No se sale de un populismo con otro de signo contrario”. Santiago Kovadloff habló a favor de la “Fuerza del cambio” y en contra del “cambio a la fuerza” y refutó a Milei porque “intenta lograr la presidencia dentro de un sistema que repudia”.

¿Cómo rediseñará su discurso y sus propuestas, Patricia Bullrich? En su equipo están proponiendo solidez en los proyectos, institucionalidad previsible con gobernadores, intendente, senadores y diputados para evitar huir hacia el precipicio o caer en el péndulo de las inmadurez y de los espasmos de la bronca de votar en contra de y no a favor de.

Se vienen tres elecciones que pueden servir como trampolín para consolidar ese camino: Santa Fé, Chaco y Mendoza. En todas, Juntos por el Cambio tiene posibilidades ciertas de consagrar a los gobernadores. Eso abriría las puertas para ofrecer a la sociedad un cambio racional, profundo, duradero en el tiempo por sustentable en la experiencia en la administración del estado. Algo así como que se queden los mejores y no que se vayan todos. Más república y menos anarquía. Más sentido común y soluciones concretas y menos desmesuras como llamar socialista a Joe Biden o gusano comunista a Horacio Rodríguez Larreta. Más temple para enfrentar las críticas y menos reacciones agresivas, autoritarias e insultantes como llamar ensobrados sin aportar una sola prueba a periodistas de gran trayectoria y prestigio.

En definitiva, aunque la corriente vaya para el lado de la búsqueda de soluciones mágicas, más dignas de un salvador o un mesías, gran parte de la sociedad cree en los procesos serios, de construcción de un estado útil y transparente que castigue a los delincuentes, a los vagos y a los autoritarios.

La improvisación, el voluntarismo y el acierto de algunas consignas marketineras no deberían ser suficientes para quedar al mando del estado en un momento tan grave social, económica y políticamente. Estamos de acuerdo que el domingo 13, todo cambió en la Argentina y los viejos instrumentos ya no sirven para entender lo que pasa y porque pasa. Pero la secreta esperanza es que ese cambio sea para mejorar sin aventuras cargadas de infantilismo y cierta religiosidad incierta. Jorge Fernández Díaz escribió que no hay Patria sin Libertad y sin República. Creo que de eso se trata. No parece demasiado difícil elegir el rumbo correcto. Basta con mirar lo que hicieron los países occidentales más exitosos.

Viva la libertad, por supuesto, pero también viva la patria y la República. Viva la democracia que es el menos malo de los sistemas conocidos. Con la anarquía y la demagogia ya probamos.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre