El campo en rebelión

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Hoy Alberto Fernández cumple tres meses como presidente. El final de la llamada luna de miel lo encuentra en medio de un pantano. Erosionado en su investidura producto del fuego amigo de Cristina y su banda y sin haber solucionado ni uno solo de los problemas que existían. Peor aún, la gestión mediocre y sin ideas generó nuevas dificultades prácticamente en todos los planos. Hoy todos los indicadores económicos son peores que los que recibió. 

El filósofo humorista Rolo Villar lo definió con rigurosidad esta mañana. Caricaturizó a Alberto diciendo: “No me puedo quejar de estos tres meses… Cristina no me deja”.

Lo que pasa con el campo es apenas un ejemplo que resume la confusión de los albertistas y el autoritarismo chavista de los cristinistas que todos los días le marcan la cancha y la agenda.

Anoche, el jefe de estado dijo que los “autoconvocados son opositores disfrazados de chacareros”.

 Eso es una falsedad tan grande como el campo argentino. Los que trabajan la tierra de sol a sol son el sector económico más competitivo de este país. Son la fábrica de dólares que el estado nacional no puede fabricar. Esos autoconvocados son gente pacífica que produce granos y carne pero que está absolutamente harta de que le metan la mano en el bolsillo al límite de que muchos de ellos están al borde de la quiebra. ¿Es tan difícil de entender esa situación? El discurso del gobierno y de los periodistas militantes es que es una locura que hayan decretado un paro de comercialización cuando “apenas” se aumentó un tres por ciento al uno por ciento de los productores. Bad information, señores. Primero que el aumento de 30 a 33 es del 10 %. Tres puntos es el 10% de 30. Segundo, que en tres meses ya le aumentaron alrededor de 9 puntos. Es decir más de 30%. En noviembre de 2019 las retenciones a la exportación de soja eran del 24,7 %. Y ahora del 33%.

Le recuerdo que Cristina quiso imponer en su gobierno el 35% de retenciones. Y que la soja en ese momento tenía un precio promedio de 550 dólares la tonelada. Hoy apenas anda cerca de los 220 dólares por tonelada. Son valores muy diferentes que hacen mucho menos rentable la ecuación.

 A nadie le gusta que en tres meses el gobierno se quede con gran parte de tu esfuerzo, además de los otros impuestos nacionales, provinciales y municipales que hacen poco o nada rentable tu actividad. Pero como si esto fuera poco, los kirchneristas de escritorio e ideología jurásica, no saben o no quieren saber que el productor agropecuario de cualquier tamaño, tiene que comprar los insumos a un dólar altísimo de 82 pesos y cuando vende sus granos o la carne, le pagan con un dólar bajísimo de 40 pesos.

Todo esto puso en estado de alerta e indignación a los autoconvocados. No son militantes del PRO como dijo Alberto. Están peleando por su subsistencia. Están resistiendo el atropello. Hay una rebelión campesina que incluso puso en jaque a las conducciones de la Mesa de Enlace.

No están afectando el abastecimiento de alimentos ni están cortando las rutas. Hacen oír su grito de protesta. Sienten que los empujan rumbo al precipicio, a fundirse y que a nadie le importa.

Esos autoconvocados han sido muy críticos y apasionados con sus palabras. Pero no fueron agresivos, hirientes ni irrespetuosos. Si fueran solamente opositores a los K, cosa que tampoco está prohibida, hubieran dicho que este  es un gobierno repleto de ladrones que protege a ladrones de estado y que tiene el autoritarismo metido adentro con Cristina y sus fanáticos.

Alberto dijo anoche que Cristina fue y es una víctima de la mala justicia y que su hija Florencia “pagó el costo de ser hija de… e involucraron a sus padres en cosas que no hicieron”.

Madre mía, que estómago hay que tener para tragarse semejante sapo. Se pueden hacer varios programas y algunos hemos hecho, con los audios y los videos de Alberto diciendo todo lo contrario de Cristina. No decía que era una víctima. Decía que era “cínicamente delirante”, que se hizo votar una ley en el Congreso para garantizar su impunidad. Quedó para la historia aquel tuit donde Alberto caracterizó al gobierno de Cristina como “psicótico” y denunció que ella actuaba como una “psicópata”. Y tampoco olvidamos cuando reveló que ella “somete a las instituciones”. Y hay otro video donde el actual presidente dice que fue “deplorable” toda la acción institucional y el intento de copamiento de la justicia”.

Ahora no le conviene recordar esto. Ahora tiene que hacer buena letra con Cristina y respetar el pacto de impunidad que los une y que lo llevó al sillón de Rivadavia. Por eso está obligado a decir que Cristina fue y es una víctima de la mala justicia. Nadie ignora que Cristina fue la jefa de una asociación ilícita destinada a saquear al estado y que ella y su familia se enriquecieron en forma colosal.

Alberto está obligado a engañarse a sí mismo. Y a tolerar que mientras él ordena a su gente que sea prudente para no hacer escalar el conflicto con el campo, los voceros de Cristina le declaren la guerra a los productores agropecuarios con palabras cargadas de odio y pólvora.

Hablo de Oscar Parrillitudo diciendo que es un “orgullo” que el campo haya declarado el paro. Dijo que es el sector de los “que se enriquecieron, fugaron el dinero y son los responsables de la crisis económica que vivimos”. Y concluyó que “Este paro demuestra que estamos en la senda correcta”.

El parásito de Juan Grabois, los trató de parásitos y descargó sobre los chacareros todo ese veneno estalinista que fracasó en todo el mundo. Propone una reforma agraria jurásica, inventa datos y propone barrer para siempre con los parásitos del campo. No explica cuál sería el método elegido. ¿Los va a multar, los va a encarcelar o barrerlos significa fumigarlos y exterminarlos como a los parásitos de los granos?

Grabois trabaja para Cristina pero es una mochila de piedras para Alberto. Dinamita todos los días los que podrían ser los grandes motores del crecimiento argentino: el campo, Vaca Muerta ahora más muerta que nunca y la industria de la inteligencia artificial. Grabois con su pensamiento pobrista extrema el pensamiento del Papa Francisco y en cualquier lugar de progreso solo ve explotadores capitalistas, neoliberales, contaminadores y consumistas carentes de espíritu solidario. Grabois quiere producir más pobres porque de ellos vive.

Pero la cumbre de la provocación la tocó el escribiente Mempo Giardinelli. Ya viene proponiendo una reforma de la Constitución a imagen y semejanza del chavismo. Pero ahora trató de “terrorismo agrario” a los reclamos del campo. Fue más a fondo aún. Como un talibán K dijo que los que protestan “son multinacionales latifundistas que defecan sobre lo que votó el Congreso” y “se lanzan al golpismo para eternizar los privilegios que le dio el macrismo radicalismo genuflexo”. En un delirio lleno de falsedades escribió que han envenenado a los campos “con 500 millones de litros de agrotóxicos” y que por eso “en una ensalada hay 60 tipos diferentes de contaminantes”. Este francotirador enajenado debería denunciar esto ante Ginés González García. Semejante atentado a la salud de los argentinos merece que el ministro tome medidas en el asunto y prohíba las ensaladas de la oligarquía.

Ojalá entiendan que el camino es fortalecer y apoyar al campo para que agregue valor en el territorio y pase de ser el granero al supermercado del mundo.

Cualquier semejanza con la locura de Cristina durante la 125 no es pura coincidencia. Es el mismo pensamiento del atraso y la decadencia. En aquella ocasión Cristina los humilló como “piquetes de la abundancia con generales mediáticos” y su tropa habló de “agrogarcas”. Incluso Cristina acusó al inolvidable Hermenegildo Sábat de ser un “cuasi mafioso”.

El resultado de ese capricho intolerante de Cristina fue letal para ella. Sufrió tres derrotas. La primera en la calle cuando verdaderas multitudes participaron de los actos en el Monumento a la Bandera de Rosario y en el Monumento a los Españoles de la Capital.

La segunda fue legislativa. Con el voto no positivo de Julio Cobos. Eso dejó al gobierno sin vicepresidente y al mendocino girando en el vacío. Esa noche Cristina amenazó con renunciar. “Este pueblo no nos merece, Nestor”, decía la hoy vice. Solo un llamado oportuno de Lula calmó esa bronca auto destituyente.

La tercera derrota fue en las urnas. Aquella elección parlamentaria en la que la boleta encabezada por Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa perdió frente a un casi recién llegado a la política como Francisco de Narváez.

Hoy el gobierno está en una situación compleja y en muchos aspectos se debe a su propia ineficiencia y pelea interna.

Todos los sectores deben ser respetuosos del resultado electoral y de la democracia. Es correcto marcar con energía y movilizaciones las disidencias y las críticas a esta gestión. Pero hay que levantar la bandera de la responsabilidad institucional y respetar la ley más que nunca. El autoritarismo no se combate con más autoritarismo. Se lo enfrenta defendiendo la independencia de poderes, la libertad y la justicia independiente. No sirve de nada comerse al caníbal.

Miguel Wiñazki recordó una frase del húngaro Sandor Marai que nos define la situación: “Nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se vengan de los crímenes que ellos mismos han cometido”.