Cristina es la jefa del espionaje ilegal

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Todos los caminos conducen a Cristina. El repugnante espionaje ilegal se ejecutó al servicio de ella y su familia. El primer dato es que los delincuentes que utilizaron estos mecanismos investigaron a más de 1.100 personas influyentes. Están todos. Menos Cristina. Nadie se espía a sí mismo. Esa sola información la incrimina. Este grupo de tareas que está en la mira de la justicia espió incluso a Alberto Fernández y Sergio Massa, los socios y cómplices de Cristina. Pero no a ella.

Entre las víctimas de estos seguimientos y búsquedas de trapos sucios de la vida íntima, están en primer plano los integrantes de la Corte Suprema de Justicia. Los cuatro magistrados son los principales enemigos de Cristina. Hace tiempo que ella perpetra todas las trampas posibles para destituirlos o, por lo menos, para rodearlos de jueces militantes del kirchnerismo. Cristina está convencida, y lo dijo varias veces que hay una persecución que llama Lawfare, liderada por la Corte, la oposición política y el periodismo independiente. Cristina lo intentó de mil maneras pero no pudo perforar a la Corte. Su último embate para iniciarle juicio político se cayó ayer a pedazos con la huida como ratas (Mario Negri dixit) de los diputados K de la comisión correspondiente.

Pero esta no es la única prueba de que Cristina es la jefa del espionaje ilegal. Hay carpetas para convertir en carpetazos extorsivos contra los jueces Rodrigo Giménez Uriburu y Andrés Basso, integrantes del tribunal que condenó a Cristina a 6 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por su corrupción en el caso Vialidad. Y también estaban en la mira los magistrados Mariano Borinsky y Gustavo Hornos que, casualmente o no tanto, son los miembros de la Cámara de Casación encargada de revisar ese juicio y condena.

Joaquín Morales Solá lo destaca en su columna de hoy en La Nación que arranca con una síntesis perfecta de porque pasa lo que pasa. Dice así: “Cristina convirtió a La Cámpora en una cantera de jóvenes y no tan jóvenes, acostumbrados al dinero fácil y a las operaciones ilegales de los basurales de la política”.

Repito este dato: los espiados son más de 1.100. Hay jueces, políticos oficialistas y opositores y periodistas. Están los dos cómplices de Cristina en este gobierno: Alberto, el presidente que no fue y Sergio, el presidente que es. Pero no está Cristina.

Pero si miramos con atención, la trayectoria y la calaña de los autores materiales vemos que los dos más involucrados son soldados que reportan directamente a Cristina y Máximo. Hablo del diputado Rodolfo Luis Tailhade, más patotero que eficiente y del alto funcionario de la AFIP, Fabián Rodríguez, apodado Conu, y proveedor de información sucia de Máximo Kirchner.

Tailhade y su círculo de operadores, Leopoldo Moreau y Eduardo Valdés, fueron y son las principales espadas de Cristina contra la justicia en general y la Corte en Particular. Como jefe de la Inspección General de Justicia, Tailhade violó la ley y no permitió el acceso a los balances de las empresas de Cristina y su testaferro, amigo, cómplice y empleado, Lázaro Báez. Por eso fue premiado y designado jefe de Contrainteligencia con otros dos operadores nefastos y jefes de los servicios: Oscar Parrilli y Juan Martín Mena, protagonistas de ese antológico audio en el que Cristina les ordena que salgan a apretar jueces.

Tailhade, agresivo experto en insultos y groserías, se convirtió en un denunciador serial flojo de papeles y sus causas se cayeron por falta de mérito. Hoy está en retirada y están pidiendo su expulsión de algunas comisiones y la oposición está dispuesta a votar su desafuero si así lo pide la justicia. Cristina lo designó para integrar el Consejo de la Magistratura. Aparece en muchos momentos como nexo con el ex policía y agente de inteligencia inorgánico Ariel Zanchetta que hoy está preso. Se tratan entre ellos de compañeros queridos y se mandan “abrazotes”. Zanchetta, además de “abrazotes” recibió dinero contante y sonante como pauta oficial del gobierno para portales que no acusan peso en la balanza pero que funcionan como pantallas para sus delitos. Después, los medios K, viralizan esos contenidos como si fueran ciertos.

El otro involucrado es a Máximo lo que Tailhade es a Cristina. Fabián Rodríguez, alias “Conu” prestó infinidad de servicios a la orga a la que pertenece llamada “La Cámpora”. Como presidente de Telam marcó las reglas de las operaciones y las censuras a la información y manejó montañas de dinero que repartía entre periodistas chupamedias y alcahuetes.

Hoy es un peligro porque con su un alto cargo en la AFIP tiene acceso a los datos sensibles fiscales de todos los contribuyentes. Como si esto fuera poco está rodeado por Carlos Castagneto, titular de la AFIP, de íntima confianza con Cristina y Alicia Kirchner y por Viviana García, ex cuñada de Máximo. Bingo. Cartón lleno. Todo queda en familia.

Estos malandras de estado han hecho todo tipo de matufias y truchadas. Hackeos en computadoras y celulares, robo de identidades, seguimientos con drones y agentes secretos, intimidaciones, amenazas. Son parte de las cloacas del estado. Un olor nauseabundo que despiden esos delitos que deben tener su castigo correspondiente.

Y eso que recién se peritaron entre el 5 y el 10% de los materiales que el riguroso fiscal Gerardo Pollicita tiene para continuar con su trabajo. El dictamen actual tiene 169 páginas repletas de información. Pero esto recién comienza.

 En el allanamiento de la casa de Fabián Rodríguez se encontraron 13 notebooks, 9 pendrive y  9 teléfonos celulares. Una organización criminal y para estatal al servicio del espionaje para Cristina, su impunidad y su voracidad por controlar todo para que nadie la controle a ella.

Como si toda esta mugre fuera poca, el colega Hernán Capiello aportó algo más siniestro todavía. Del trabajo de Pollicita se desprende que tenían controlada y bajo la mira a la ex fiscal Viviana Fein que intervino en el asesinato del fiscal Alberto Nisman y a la jueza Sandra Arroyo Salgado, ex esposa y madre de las hijas del fiscal que estuvo a horas de denunciar en el Congreso a Cristina por encubrimiento de los terroristas iraníes que volaron la AMIA.

También aparecen topos de la inteligencia de aquél momento que fueron interrogados por el fiscal Eduardo Taiano. Hay fichas y 12 páginas con datos sobre aquel magnicidio en el baño del departamento de Nisman.

La existencia de este grupo de tareas de inteligencia ilegal es un dato gravísimo para la convivencia democrática. Pero que el árbol no nos tape el bosque. Lo más importante es que Cristina es la jefa. No fue magia. Fue mafia.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre