Bazán: “Cabecita de Sarlo

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Por Osvaldo Bazán @osvaldobazán

EL PBI se derrumbó 19,1% en el segundo trimestre.

10,3% de los argentinos es indigente.

14 % de los argentinos pasa hambre.

2,5 millones de personas dejaron de tener ingresos.

21 millones de argentinos son pobres.

El ingreso promedio individual de los argentinos es de 16.714, o sea, el promedio está por debajo de la línea de indigencia.

El desempleo es de 13% pero eso no cuenta a quienes ya ni buscan trabajo. Podría trepar a más de 20%.

El Presidente Coso dice que vino a hacer felices a los argentinos y se mete con el Poder Judicial.

El ministro Coso sarasea.

Por las investigaciones de dos técnicos independientes la provincia de Buenos Aires se ve obligada a reconocer 3.500 muertos que se habían perdido. Después de 200 días de encierro contagios y fallecidos no paran de aumentar. El plan es quedarnos sentados esperando la vacuna.

Un diputado con pasado de barra brava y acosador le besa las tetas a su novia/asesora en la sesión virtual. Renuncia y la fuerza que lo propuso se enorgullece de que la reemplazante es feminista y militante por los derechos humanos. Pese a eso, aceptó ir en lista debajo del barra brava acosador pero eso es un detalle.

Un camionero lleva dos semanas preso en Formosa por bajarse a controlar su carga.

La presidenta vice tumba a tres jueces que la juzgan a ella.

Los incendios arrasan el país.

Durante la semana no se pueden comprar dólares.

Rosario lleva en septiembre tantos muertos como días. Explotan las camas de UTI en la ciudad, no por COVID 19 -que crece- sino por enfrentamientos a cuchillos y balazos.

¿Por qué llegamos acá? ¿Quién debería haber anunciado con luces rojas que esto podía pasar? ¿Los intelectuales?

Era septiembre del ’19 y Beatriz Sarlo aún pensaba, pensaba y pensaba, porque ese es su trabajo. Pensaba, pensaba y pensaba que Alberto Fernández no iría “a rifar su destino político a la obediencia de Cristina”.

Sí. Beatriz Sarlo, cuyo trabajo es pensar, pensar y pensar, pensaba que Alberto Fernández tenía “destino político”.

Y pensaba que no participaba en rifas y pensaba que la Fernández 1 había elegido al Fernández 2 para que el Fernández 2 le dictase a la Fernández 1 qué hacer. “Yo lo conozco, es un tipo muy inteligente que supo retirarse en su momento -dijo Betty a un complaciente Marcelo Longobardi en septiembre del ’19, en plena campaña- Él se retira después de la crisis con el campo cuando ve que el gobierno de Cristina no va a negociar y piensa, supongo porque no es que lo conozca, que ésta es una oportunidad para rearmar alguna zona del justicialismo que sea todo lo contrario de Cristina. Yo no estoy diciendo para nada que esto está acordado con Cristina, esto es más bien lo que yo pienso que él podría hacer”.

Betty pensaba todo esto.

Pensaba que el Fernández 2 se había ido para armar algo que fuese todo lo contrario de la Fernández 1 y consigue armarlo finalmente cuando la Fernández 1 lo llama para su fórmula presidencial.

Nada grave si no se recordase que el trabajo de Beatriz Sarlo es pensar.

Sin embargo, muchos argentinos cuyo trabajo no es pensar, sí pensaron que el Fernández 2 haría lo que la Fernández 1 dijese por la sencilla razón de que la Fernández 1 fue quien puso al Fernández 2 allí. Con ese sólo acto, millones de argentinos entendieron todo: manda la Fernández 1. Beatriz Sarlo, cuyo trabajo es pensar, no lo entendió así. Entendió que Alberto Fernández “no iba a rifar su destino político obedeciendo a Cristina Fernández”.

¿Cómo habrá sido el proceso en esa cabecita de Sarlo? ¿Qué habrá pensado?

¿Habrá pensado que Cristina dijo “ay, Alberto, ¿querés tener más poder que yo?. Bueno, dale, yo te pongo ahí para que me digás de ahora en más qué hacer, porque yo en cualquier momento voy presa así que voy a dedicarme a aprender a tejer crochet para los nenes de Flor y de Maxi, que también van a ir presos, porque yo, como todos mis antecedentes anuncian, sólo voy a dirigir el Senado y no lo voy a usar para zafar yo ni mis hijos, ni voy a querer que vos levantés un dedo para tener ninguna injerencia en el sistema que va a querer que yo y los chicos tengamos que dar respuestas por lo que todos sabemos que hicimos y que ya está probado. Ya sabés, miedo a Dios nomás. Y un poquito a mí”.

Los intelectuales argentinos, los que a lo largo de los años han venido a enrostrarnos sus lecturas profundas en entrevistas televisivas a las que nunca dicen no (si supieran que muchas veces son llamados porque los productores de televisión los tienen en las agendas del sí fácil, que los salvan de cualquier bache en la programación, quizás se les movería un poquito el banquito del ego) quieren pasar por la decadencia nacional sin inmutarse, sin responsabilizarse, sin mancharse.

Si los intelectuales no se hacen cargo de no ser avispados ¿entonces quiénes? ¿Los empresarios?

Es otra gente que no se dedica a pensar, o al menos no en los términos Sarlo del asunto. Son los empresarios que en Argentina se dedican a Empres.Ar que quiere decir Protagoniz.Ar diálogos como éste:

– “Tome usted, serio empresario, esta licitación hecha a su medida de usted, esperamos que sea de su total agrado y que cumpla sus expectativas”.

– “Muchas gracias, señor funcionario, este bolso es suyo, haga con él lo que quiera. Si tiene la malísima suerte de que le toque justo un juez en un momento de honradez y lo denuncie, ya tendrá un convento a mano para revolearlo”.

Pues bien, esos empresarios con cabecita de Sarlo también son responsables de esto que hay hoy.

Ellos, autoelegidos eternos para diseñar los caminos de la economía nacional siempre que coincidan con los deseos de los funcionarios de turno; ellos que se la saben todas; ellos que estuvieron en todas y cada una de las asunciones del poder nacional, no vieron lo que tantos argentinos sí vieron y sintieron en diciembre del ’19.

Empresarios argentinos, pescadores en peceras que no intentan conquistar el mundo porque con vender en Las Saladitas de todo el país les alcanza y les sobra. Obvio, pocos de ellos son los que ahora se animan a levantar un poquito la voz porque el populismo los trata con palo y zanahoria.

Palo: porque por esa manera de Empresari.Ar que tienen dependen del gobierno tanto o más que una familia con IFE y AUH.

Nunca harán nada que pueda enojar al patroncito y los deje fuera del telefonazo que avisa de las condiciones a medida de la nueva licitación para comprar “porotos, fideos y esas cosas que comen los pobres” como decía la Susanita de Quino, esa madre putativa de las Fabiolas, las Malenas, las Mayras y las Ofelias aunque ellas se autoperciban Mafaldas o Libertad.

Zanahoria: porque pertenecer tiene sus privilegios.

Era todavía diciembre del ’19 y Eduardo Costantini aseguraba: “Me sorprendió para bien Alberto Fernández”. Pocos días después Cristiano Rattazzi desde su casa de Manantiales en Punta del Este, extasiado, sentenciaba “el primer mes de gobierno de Alberto Fernández fue brillante”.

Para millones de argentinos que no eran Beatriz Sarlo ni empresarios de la UIA o de AEA, las cosas estaban mucho más claras. Se venía el choreo, la venganza y la impunidad. A los empresarios no les molestaba o querían ser parte de.

Era diciembre del ’19 y los empresarios de la Asociación Empresaria Argentina se sentaron a comer con el Presidente Coso. En la coqueta mesa principal no faltó nadie: Jaime Campos, presidente de AEA; Federico Braun, de La Anónima; Sebastián Bagó, de los laboratorios; el constructor José Cartellone; el supermercadista Alfredo CotoHéctor Magnetto, del Grupo Clarín; Carlos Miguens, del Grupo Miguens; Luis Pagani, de Arcor; Rattazzi, de Fiat; y el CEO de Techint, Paolo Rocca.

En las mesas del costado deglutían Carlos Blaquier, de Ledesma; Martín Brandi, de Petroquímica Comodoro Rivadavia; Alejandro Bulgheroni, de Pan American Energy; Eduardo Costantini, de Consultatio; Eduardo Elsztain, de IRSA; Alberto GrimoldiMartín Migoya, de Globant; Alec Oxenford, de OLX; la directora del área de Educación de AEA, Cecilia Pasman; y Luis Pérez Companc.

A la salida de la comilona se peleaban por agarrar un micrófono y elogiar a Coso. “Lo noté muy consistente, muy realista. Se nota que hay un programa económico y lo veo muy razonable”, dijo Constantini.

Don Alfredo Coto, al que todos conocemos, fue la voz de varios de los asistentes que prefirieron no hablar y dijo que el encuentro “fue muy bueno”. Amadeo Vásquez fue clarito: “Me pareció brillante, muy claro y preciso”. Y el textil Teddy Karagozián se la jugó: “Esto no es kirchnerismo. El presidente es Alberto y eligió una forma de gobernar y es con todos”.

Para terminar, el presidente de AEA, don Jaime Campos elogió del Presidente Coso que haya tenido “un diálogo muy abierto” y le gustó que le haya asegurado que “no quiere insistir en la herencia recibida”.

Como se dice en estos casos, esta gente vota.

¿Por qué los empresarios, con tanta información, no veían eso que era obvio para millones de argentinos? ¿No lo veían? ¿O no les importaba? ¿Creyeron como Betty que la Fernández 1 había elegido al Fernández 2 para que el Fernández 2 le dictase a la Fernández 1 qué hacer? ¿O quizás todavía confiaban en el viejo y ahora desmentido mito de que sólo el peronismo puede manejar este país? O siendo más brutales ¿estaban otra vez encontrando el camino fácil que siempre para sus negocios les allanó la “política tradicional” que es como dicen los comentaristas cuando no quieren decir “peronismo”?

No hay que olvidar que muchos de ellos sólo nadan en piletas con las tres canillas acostumbradas: la caliente manejada por la CGT, la fría por ellos y la que dispone la cantidad de agua, en manos del gobierno peronista. Ellos no se zambullen en los siete mares del mundo. Ahí nada Marcos Galperín, no casualmente alguien que no salió elogiando al Presidente Coso después de su primer encuentro; más bien, huyó del país, perseguido por los tiburones de Moyano.

No descartaría la hipótesis de que, muchos de ellos, sabiendo lo mismo que gran parte del país, que se venía un festival de subsidios y corrupción, se alegraron por eso, esperaban su parte sin ningún remisero que los anotara en cuadernos de la vergüenza.

Sólo que no imaginaron el tamaño del desastre. Hubieran preguntado. Había millones de argentinos que les podrían haber dicho.

Sólo nueve meses después de la apología de la nada, Eduardo Constantini lloriquea y dice que “con las últimas medidas económicas vamos de frente a una pared”.

La UIA, enojada todavía porque el ex ministro de la producción Francisco Cabrera alguna vez les dijo “llorones” por no modernizarse y competir, hicieron trompita pero bajito y continuaron aplaudiendo al Presidente Coso en el novelesco “Día de la Industria nacional”, el 1 de septiembre, y le dejaron un documento que dice que el 63% de las empresas en septiembre del ’20 ya no estaban produciendo o tenían caídas mayores al 50% y que la caída de las ventas afectaba al 62% de las empresas con bajas mayores al 30%. Lo dijeron pero como que no se note, no vaya a ser cosa que se enojase Fernández 1, que mire usted por dónde, resulta finalmente quien manda, cosa que todos sabíamos menos los intelectuales y los empresarios.

Tienen con Presidente Coso la delicadeza que no tuvieron con Macri. ¿Cómo olvidar que en octubre del ’19 el presidente de la UIA Miguel Acevedo, recibía con lisonjas al candidato coso al día siguiente de dejar plantado al entonces Presidente Mauricio Macri?.

Era diciembre del ‘19, gran parte del país estaba de luto y ya sabía lo que AEA sollozaría en septiembre del ‘20 en un documento, que no habría orientación ni una política definida, previsible y mantenida en el tiempo; algún argentino que sabía la se venía le podría haber avisado a Martín Migoya que estuvo en aquél banquete lo que acaba de reconocer, en la 37ª edición del congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, que “sin un marco claro, no se puede pensar en una reinversión del sector privado. Mucho menos, en hacerlo crecer”.

Pero mientras los cabeza de Sarlo discurrían sobre “Alberto, el bueno”, mientras Tinelli llenaba su boca de alfajores lavados en paraísos fiscales, millones de argentinos sabían lo que se venía.

Esos millones de argentinos están más atentos que nunca, más organizados, más decididos, más informados. Intelectuales y empresarios tendrán que superar el desprecio que siempre tuvieron por la gente común y escucharlos.

O resignarse a cumplir el triste papel de saltimbanquis de la historia.

Córranse, por favor, Cabecitas de Sarlo, hay gente que quiere hacer un país.

Podés encontrar la columna completa de Osvaldo Bazán en el El Sol de Mendoza haciendo click acá.