Aníbal, de morsa a zorro

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Ni los cristinistas, entienden bien cuál fue el motivo de la designación de Aníbal Fernández como interventor del yacimiento carbonífero de Río Turbio. Se hicieron chistes fáciles en el sentido de que Aníbal es un experto en cuestiones turbias pero lo cierto es que Cristina envió una señal clara: la lealtad se paga. Aquellos que no se quebraron ni cruzaron de vereda tienen que ser recompensados y no abandonados a la intemperie. Es un eslabón más de la búsqueda de impunidad de Cristina. Aníbal Domingo Fernández a los 63 años, logró su cargo número 20 en el estado. Cristina le dio la orden a Alberto por intermedio de su cuñada Alicia.

Aníbal fue funcionario de Carlos Ruckauf, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina y ahora, de Alberto. Pero es junto a Guillermo Moreno y Luis D’Elía, uno de los cristinistas de peor imagen pública. Es un perdedor serial y por eso en los últimos 6 años estuvo en el llano. Cayó derrotado por María Eugenia Vidal, por 5 puntos, con un record de corte de boleta en su contra. Perdió en 7 de las 8 secciones electorales, incluido en Quilmes, su patria chica, donde supo ser intendente. Fue caracterizado como el mariscal de la derrota al igual que Cristina porque ella lo designó.

Y en los últimos comicios, completó el papelón, porque perdió la interna del justicialismo en Pinamar a manos del surfista Gregorio Estonga. Eso lo condenó al desierto del enojo y a algunas declaraciones que expusieron su lado más salvaje. Un spot de Vidal le preguntaba a los bonaerenses con quien dejarían a sus hijos: si con Aníbal o con ella. Aníbal declaró que prefería dejar sus hijos con Ricardo Barreda, un múltiple femicida que asesinó a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas en 1992. Fue repudiado, hasta por sus propios compañeros como Facundo Moyano, Matías Lammens y el mismísimo Axel Kicillof. El colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo, no emitió opinión.

Hace poco, aumentó su volumen machirulo. La diputada Elisa Carrió le había dicho a Jorge Lanata que ella, después de hacer denuncias sobre el asesinato de Nisman, pidió públicamente que “Milani no la matara” y que “Aníbal no la mandara a matar”. Fernández reclamó que mediquen o internen a Carrió que “está muy enferma” y finalizó su tuit agrediendo así: “Por su condición de sucia, ruego abstenerse, no tiene solución”. El colectivo “Ni una menos”, copado en su conducción por el kirchnerismo, esta vez, tampoco emitió opinión. Imaginen el escándalo que se generaría entre el feminismo K si algún legislador de Cambiemos tratara de sucia a Cristina.

En aquel momento, ella no fue capaz ni de darle el pésame a la familia del fiscal Nisman. Cero condolencias. Todo lo contrario, ordenó demoler su prestigio y matar nuevamente al muerto pero esta vez con mentiras, y con presunta información de su vida privada. Aníbal Fernández fue el jefe del “Operativo basura” de toda la maquinaria estatal que incluyó el pedido de que metieran presa a la madre del fiscal Nisman.

Los esbirros de Cristina utilizaron todos los insultos y descalificaciones que tuvieron a su alcance. Le dijeron de todo a Nisman: “corrupto, turro, sinvergüenza, incompetente, homosexual, loco, títere de un espía, mujeriego, agente de la CIA y el MOSSAD, lavador de dinero, golpista e idiota”.

Graciela Ocaña, fue la que dio en la tecla política planteando que el regalo de reyes que le dieron a Aníbal con su designación, fue para que Cristina premie a los leales que por ejemplo, son abogados de Cristóbal López, como Aníbal. Juntos estuvieron en la Casa Rosada el día de la asunción del nuevo presidente. Ocaña cree que con Aníbal se confirma que vuelve lo peor, los de la omertá, y apeló a la ironía: “Parece que para tener un cargo en este gobierno, tenes que tener antecedentes penales” y recordó que Aníbal tiene dos procesamientos firmes con elevación a juicio en dos causas que inició ella: Fútbol para todos, donde la presidencia de Cristina le compró a la AFA, insólitamente los derechos de televisación del fútbol para recuperar “los goles que habían sido secuestrados”. Bendijeron esa locura dos enemigos íntimos unidos por los negocios: Julio Grondona y Diego Maradona.

La otra causa que impacta en Aníbal es el Plan Qunitas, una repartija de cunas y ropas para bebes que se compraron a precio vil y cuya calidad hacía que las cunas se rompieran como si fueran cartón pintado. Hubo sobreprecios fenomenales por 140 mil kits para embarazadas. La empresa que fue la proveedora y la forma en que le adjudicaron este negocio es para el record mundial de bajezas y truchadas.

Dejaron los dedos pegados por todos lados y perjudicaron a mujeres pobres y a punto de parir. Todo muy nacional y popular. Mariana Zuvic, una dirigente del riñón de Elisa Carrió, dijo que poner a Aníbal en Rio Turbio es poner al zorro a cuidar el gallinero. También recordó que “La Morsa”, fue el autor intelectual del Triple Crimen de General Rodríguez por la efedrina, tal como lo denunciaron los autores materiales como Martin Lanatta.

De La Morsa al Zorro. Zuvic abundó: “Esto es otra vez caja y otra vez robo e impunidad. Por eso planteamos que la dicotomía electoral era mafia o República. Sobre Río Turbio hay 6 causas y dos elevadas a juicio oral.

Por una de estas, Julio de Vido fue desaforado y preso. Hoy permanece con una tobillera electrónica, en detención domiciliara, en la lujosa mansión que tiene en Puerto Panal donde, casualmente, curiosamente, (usted me entiende?), también tienen propiedades Máximo Kirchner y el Bochi Sanfelice. Gente afortunada que le fue muy bien en la vida. También fueron presos por lo mismo Roberto Baratta, otro santo revolucionario de los cuadernos de Centeno pero no los de Antonio Gramsci, además de Juan Lascurain, el K que lideró la UIA y Atanasio Pérez Osuna, ex interventor en la empresa. El juez Luis Rodríguez que no es precisamente anti K, dio por acreditado que se habían robado 176 millones de pesos y que se pagaron 443 millones por un tren turístico que nunca se terminó entre otras chanchullos y matufias millonarias. Durante los K el personal de la mina de carbón aumentó un 233% y la producción cayó el 85%. Está, todo dicho.

Pero los fuertes cuestionamientos no son solamente de la oposición. El actual presidente, Alberto y Aníbal, tuvieron encontronazos feroces que no entiendo, cómo pueden olvidar. Se tiraron munición de las más pesadas después de ser socios en el “Ministerio de la Intimidación a los que piensan distinto”. Algunos no se acuerdan pero los archivos dicen que Aníbal, como vocero de la presidenta le dijo lo peor: que Alberto se cagó en la amistad de Néstor Kirchner, que durmió en la cama de Máximo y comió en la mesa familiar y que ahora se la pasa criticando como si fuera Macaya Márquez. Le ordenó que cerrara el pico y se fuera a su casa como hace un caballero y que dejara tirar piedras de la vereda de enfrente.

Tanta ferocidad tuvo una respuesta en los mismos términos. Alberto le dijo “energúmeno verbal” que sufre complejo de inferioridad y le enrostró que ahora se disfrace de progresista para agradar a La Cámpora, y le recordó que cuando era intendente de Quilmes tuvo que salir escondido en el baúl de un auto. ¿Qué me cuenta?

Hay un documento histórico del 28 de julio del 2011. Una carta abierta publicada en La Nación en la que Aníbal repitiendo conceptos de Cristina acusa a Alberto de ser un traidor, vocero de Héctor Magnetto, CEO de Clarin y de las corporaciones. Alberto venía diciendo que Cristina vivía en un mundo dual y que actuaba como una adolescente, que sufría una distorsión de la realidad y que debía recuperar la cordura. Muchos no se acuerdan. Pero este era el tono de los palazos que se pegaban Alberto, Cristina y Aníbal. Hoy volvieron a ser todos compañeros y hacen borrón y cuenta nueva.

Y algo más grave todavía: el actual canciller, Felipe es Felipe, lo acusó de “ser más droga” y eso no es broma. Y en un spot de campaña en el que aparece con Daniel Arroyo, se comparó con Aníbal con la consigna “Droga si o droga no.

En aquel tiempo Solá y Arroyo expresaban la postura de la Iglesia católica en ese tema. Sería bueno que Solá diga que se arrepiente de haber dicho eso o que explique porque designan a alguien que es más droga en un puesto tan importante. Y ni hablar de la veleta oportunista de Pino Solanas, hoy designado embajador ante la Unesco que dijo que “Aníbal es el narco estado”. Solo hay que saber googlear. La respuesta de Aníbal ante los periodistas fue una chicana de la que es difícil volver, aún para los peronistas: dijo que no le vendería un auto a Felipe porque nunca paga lo que compra. Que tiene fama de eso y que si le trae dinero al contado, el creería que son billetes falsos.


Lo cierto es que el plan de Cristina avanza. Se muestra con Gerardo Ferrerya de Electroingeniería y le pide a Alberto que terminen las represas de la corrupción en Santa Cruz. Hace lo mismo con la ruta 9 provincial, obra cobrada y no realizada por Lázaro Báez que, por ahora seguirá preso. Designa a todo su estado mayor en justicia, inteligencia y las cajas de fondos más suculentas. Y como frutilla del postre abre las puertas del gobierno para que Aníbal Fernández regrese del infierno. Insisto con el concepto: parece la directora de la película “El regreso de los muertos vivos”. Cristina se da todo los gustos y nos hace ver una vez más, una película de terror.