Andahazi: “La favelización de la Argentina”

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La Argentina acaba de ingresar en un proceso de favelización meteórico. Cuando finalice el actual período presidencial, a este paso, el país se podría convertir en una extensa favela desde el mar hasta la cordillera y de Usuahia a la Quiaca.

Las vistas aéreas de los nuevos asentamientos tomadas desde drones muestran la extensión de lo que será, por ejemplo, la naciente villa en Guernica, provincia de Buenos Aires.

Hectáreas y hectáreas que evolucionan día tras día; toldos improvisados y carpas rudimentarias que al día siguiente ya son ranchos de cartón y madera y al otro, casillas de material.

La misma situación se repite en otros lugares del país. Las más resonantes son las tomas dentro de los parques nacionales en Bariloche. Pero no son las únicas.

Lo más grave, lo más triste, la verdadera tragedia, es la que protagonizan los más pobres, los que son utilizados como carne de cañón por punteros, barrabravas, dirigentes supuestamente sociales y referentes que se montan a horcajadas de los que, en tiempos de pandemia, no tiene donde caerse muertos. Literalmente.

Son los mismos personajes que, desde un escritorio, mandan a mujeres embarazadas y a chiquitos a detener el tránsito usándolos como barricadas humanas.

Una vez más, pobres contra pobres. Vecinos que invirtieron el trabajo de toda una vida para comprar un lotecito en el que construir una casa para sus hijos y sus nietos, de pronto ven intrusadas sus ilusiones, las esperanzas y los sueños de varias generaciones.

En un abrir y cerrar de ojos ven cómo les saquean los ahorros, el pasado de sacrificio, el presente y el futuro. De un día para otro se quedan con las manos vacías.

Saben que una vez que se instaló una familia, la justicia, el Estado, la policía no moverán un dedo para que pueda recuperar ese lote.

No les queda más que llorar en silencio, tal como vemos en las crónicas. Con un agravante: los que van a tomar tierras se desplazan libremente por el país, mientras los que necesitan viajar para defender las propiedades intrusadas no tienen permiso de circulación.

Quienes nos hemos criado viendo Titanes en el ring, sabemos diferenciar las peleas verdaderas de las falsas. Es todo una gran mentira.

Sabina Frederic se desentiende del problema, pero además lo justifica, con el extraño argumento de que “las tomas no son un problema de seguridad”.

No, claro, la intrusión, el arrebato de un bien, el robo, la ocupación de casas y terrenos son problemas meteorológicos, fenómenos naturales como los mareas o la lluvia. Lo quieren naturalizar.

En el otro rincón de esa pelea ficticia está Sergio Berni, un guapo de pico que promete combatir las tomas pero, cual Mercenario Joe, gesticula furia sólo para las cámaras. Berni y Frederic no se pelean.

Cristina, como un Martín Karadagián redivivo, les indica las pantomimas, las falsas tomas, y los golpes de fantasía. Es el truco de siempre: cosechar por izquierda y por derecha para quedarse con todo.

El viejo truco de la Triple A y los Montoneros, las mismas marionetas manejadas una con cada mano. López Rega y Firmenich. Cámpora y Ottalagano. Mario Ishi y Martín Sabatella. El clan Moyano y Hugo Yasqui.

Pero en el medio está la gente. Las balas de la Triple A y Montoneros le pegaban a la sociedad, a la gente a la que usaban de escudos humanos.

Entre Sabina Frederic y Sergio Berni están las verdaderas víctimas: los usurpados y también algunos de los usurpadores que son conducidos por ciertos políticos.

El actual proceso de favelización, a diferencia de aquellos que dieron origen a las primeras villas miseria, nombre dado por Bernardo Vertbitsky a las favelas criollas, es multidireccional.

Los primeros asentamientos datan de la década del ’30 y tenían una particularidad: era gente pobre venida de las provincias a las grandes ciudades, principalmente a Buenos Aires.

Trabajadores rurales que abandonaban la pobreza rural para cambiarla por miseria industrial. Esta mecánica no se cumple hoy por varias razones.

En primer lugar queda claro que, a diferencia de lo que dice Sabina Frederic, es un tema principalmente político: estas familias se asientan en lugares determinados, en predios señalados por dirigentes sociales y políticos, no en sitios cercanos a los polos industriales. Pero además, mucha gente huye del hacinamiento de las villas castigadas por la pandemia.

Cómo en tantas otras oportunidades el peronismo trabaja de bombero incendiario; con una mano sostiene la manguera y en la otra esconde los fósforos.

Berni dice querer apagar el fuego que, según denunció, encendieron Pérsico y el Chino Navarro. Pero hace muchos años Perón confesó el truco: “Los peronistas son como los gatos, parece que se estuvieran peleando, pero en realidad se están reproduciendo”.

Y así, de acuerdo con este viejo apotegma, vemos cómo se reproducen los asentamientos, mientras la Argentina de Fernandez y Fernandez se consolida como una gran favela.