Todos somos Luciani

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Dos conocidos cristinistas insultaron, amenazaron e intentaron golpear al fiscal Diego Luciani. Las agresiones protagonizadas por el encuestador militante Artemio López y Clara Abelenda ocurrieron en el restaurante Lo de Fran en Mar del Plata. Muchos se preguntan si no fue una emboscada, o algo preparado. Llamó la atención la complicidad de uno de los mozos con la señora que desde el minuto uno provocó a Luciani, su esposa y dos matrimonios amigos más que habían ido a comer pescado. También fue raro el tiempo que los hicieron esperar afuera pese a que tenían una reserva hecha y había una mesa de seis vacía. Por eso en las redes hablan de un escrache preparado en sociedad con los dueños del lugar que hasta ahora, no han dicho una palabra de repudio.

Abelenda, sentada junto a Artemio López basureó al fiscal diciendo que le daba ganas de vomitar al verlo. A los gritos y con un fanatismo que intentó generar una reacción destemplada del fiscal para después acusarlo de violento. Pareció una operación burda. Afuera, Abelenda, se abalanzó sobre el fiscal.  Una de las personas que estaba con Luciani, evitó que la señora agrediera físicamente al fiscal que pidió 12 años de prisión para Cristina por ser la jefa de una asociación ilícita que saqueó al país. Está en proceso de apelación porque los jueces la condenaron a 6 años por el robo producido mediante un fraude a la administración del estado.

Los talibanes de Cristina vienen creando un clima de hostigamiento muy propicio para que ocurran este tipo de cosas. Veremos si Alberto, Cristina, Massa o Máximo toman distancia de esta salvajada y repudian a sus amigos Artemio López y Clara Abelenda.

Por ahora todo es silencio cómplice. Vienen envenenando de violencia la Argentina hace muy tiempo pese a que la inmensa mayoría de los argentinos quiere vivir en paz y que haya justicia para todos sin privilegios para nadie.

En las últimas horas, hubo amenazas sincronizadas de bombas en la sede de la Corte Suprema, en Tribunales y en Comodoro Py. Un juez que no merece llamarse ni ser juez como Juan  Ramos Padilla comparó con fotos al tribunal que condenó a delincuente Cristina con la junta militar, terrorista de estado encabezada por el Jorge Videla.

Alguien que integró ese Ejército durante la dictadura como el general César Milani, levantó el perfil con propuestas violentas que anticipaban imposible una salida pacífica.

Cristina calificó de mafia y estado paralelo a jueces y fiscales que fueron designados durante su gestión, a los que no se les conoce militancia política y que hace más de 25 años trabajan en los tribunales. Puebladas y cortes de rutas.

Todo un clima que incita a la acción directa, al cuerpo a cuerpo que se sabe cómo empieza pero no como termina. ¿Qué hubiera pasado si otros comensales que ovacionaron y le dieron ánimo al fiscal Luciani, reaccionaban con violencia y golpeaban a los que intentaban intimidar y humillar a Luciani? El ojo por ojo es un espiral de furia y ensañamiento que va derechito hacia una tragedia. El ojo por ojo deja ciega a la sociedad. Las palabras cargadas de pólvora dicha cara a cara pueden explotar con una carga diabólica y criminal.

Hay que tener mucho cuidado y no llamar a los fantasmas asesinos de los 70. Hay que cuidar los fiscales y a los jueces que recibieron aprietes de todo tipo. El estado democrático tiene la obligación de proteger a los que se jugaron por llegar a la verdad y la sociedad democrática y republicana debe abrazar solidariamente a quienes son y fueron atacados. Si algo malo les sucede a los jueces o a los fiscales, los responsables serán los Fernández: Cristina, Alberto y Aníbal.

Es cierto lo que dijo la agresora Abelenda. Dan ganas de vomitar. Pero no por la presencia de un fiscal que es una suerte de héroe civil que defendió la honradez y el estado de derecho. Dan ganas de vomitar por el enriquecimiento colosal e ilegal de Cristina, Boudou, su familia, sus amigos y testaferros, los funcionarios y hasta los secretarios privados de Néstor y Cristina. Todos millonarios sin que se les conozca otro trabajo que ser vampiros del estado, como los define Jorge Fernández Díaz.

Por eso hoy todos somos Luciani. Porque encarna los valores de independencia de los poderes que no tienen camiseta partidaria.

Hoy todos somos Luciani. No a la violencia callejera y musoliniana. Artemio López se disfraza de corderito patagónico pero no es la primera vez que se involucra en este tipo de aprietes. En su momento fue protector y justificador de Lucas Carrasco, un agresivo bloguero ultra K que luego se dio vuelta y que fue condenado por abuso sexual, poco tiempo antes de morir.

Por el contrario, El fiscal Sergio Luciani entró en la historia grande de este país. Ingresó por la vereda del sol porque dignificó su trabajo y nos hizo recuperar la esperanza en una justicia digna e independiente. Lo hizo con tres toneladas de pruebas irrefutables, con rigurosidad técnica y con un coraje a prueba de balas. Y cuando digo a prueba de balas, lo digo en todo el sentido de la palabra. Otro fiscal valiente, Carlos Stornelli no anduvo con vueltas y en su momento, expresó su preocupación por la seguridad de Luciani: “Van a venir los vueltos y esperemos que no sea un tiro, como con Nisman”, el fiscal asesinado.

Diego Sebastián Luciani entró en la historia porque fue el principal protagonista del juicio más importante de todos los tiempos después del juicio a las juntas militares que condenaron al terrorismo de estado. Su temple y su carisma comunicacional impactaron muy fuerte a la hora de pedir semejante condena para Cristina Fernández de Kirchner.

Y el fiscal Luciani con su Nunca Más a la mega corrupción de estado y al enriquecimiento ilícito mafioso, despejó el camino para que los funcionarios gobiernen con la ética de la honestidad.

La cleptocracia instalada primero por Néstor y luego por Cristina y Máximo, quedó desnuda en su metodología perversa.

Todos somos Luciani. Él fue muy claro. Es corrupción o justicia. Es ahora o nunca.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre