Segunda ola de mala praxis

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Nunca es bueno negar la realidad. Y mucho menos cuando los contagiados y los muertos aumentan todos los días. Eso genera angustia. Estamos en el medio de una catástrofe sanitaria. Y todo el mundo se inquieta porque ve al gobierno produciendo una segunda ola de mala praxis. Otra vez, comete los mismos errores. Consulta al mismo grupo de científicos que tanto se equivocaron en la primera ola. Otra vez es un grupo cerrado sobre sí mismo. No escuchan el reclamo de que lo mejor es ampliar las miradas y las profesiones y las experiencia de los que aportan sus ideas y conocimientos. La definición de locura que le atribuyen a Einstein, es hacer lo mismo y esperar un resultado distinto. No está claro cuál es el plan de contingencia que tiene el gobierno para el caso de que estalle el sistema de salud. Y no estamos demasiado lejos de es hecatombe humanitaria. Tampoco se sabe cuál plan de derivación de pacientes a terapia intensiva se va a realizar en forma transparente, eficiente y que no repita la vergüenza inmoral del tráfico de vacunas para los privilegiados del poder.

Es tan inoperante el gobierno nacional que en el Presupuesto, la ley de leyes, ni siquiera destinó fondos para enfrentar este “tsunami” como lo calificó Kicillof.

El miedo útil nos hace levantar la guardia y encender la luz roja de alerta. Con el riesgo de simplificar en exceso, mucha gente define este momento estremecedor con un juego de palabras: “Faltan vacunas y sobran ladrones”. No solamente no llegaron las 10 millones de vacunas que Alberto Fernández prometió. Además, ahora, la ministra Vizzotti ni siquiera se anima a decir ni una palabra al respecto. No sabe/ no contesta cuando los periodistas le preguntan qué día y que cantidad de dosis van a venir. Eso produce más preocupación todavía. Porque exhibe la fragilidad de la gestión y el fracaso contundente en la adquisición de vacunas. Todos los países o casi todos, tienen suficiente cantidad. Pero acá faltan vacunas y sobran ladrones. No solamente los corruptos de estado que se enriquecieron en los anteriores gobiernos kirchneristas. Ahora hablamos de ladrones de vacunas. No solamente de muchachos camporistas que se creen revolucionarios y muestran su brazo con la jeringa y los dedos en vé. Hablo de los dirigentes que derrumbaron la confianza y la imagen de este gobierno al violar la ley y el orden establecido para la vacunación de protocolos científicos e igualitarios. Hablo de personajes oscuros que alguna vez van a tener que dar explicaciones a la justicia como Zannini, Ferraresi, Massa, Eduardo Valdés, Jorge Taiana y Horacio Verbitsky, entre otros.

Como dice Jorge Fernández Días, estos muchachos buscan la impunidad de rebaño y “la gente se da cuenta de que son unos truchos”. ¿Se viene un cierre parcial, focalizado, intenso y a plazo fijo? ¿Y si no se vacuna, después viene un cierre total y absoluto? ¿Aguanta la población que se quedó sin trabajo una nueva cuarentena eterna?

Este gobierno de mediocres y no de científicos, está desarrollando un plan de impunidad para Cristina y no logra establecer un buen plan de vacunación. No es tan complicado. Lo que pasa es que politizaron todo en lugar de profesionalizarlo. Hicieron clientelismo con la enfermedad. Vacunan lejos de los centros especializados y vacunan voluntarios que tienen a Cristina en el corazón y que fueron capacitados a medias, casi en forma clandestina. Y encima insisten con esa idea hostil y anti democrática de buscar culpables en lugar de soluciones. Todo el tiempo se sacan de encima la responsabilidad y apuntan contra la Ciudad de Buenos Aires, Juntos por el Cambio o los medios de comunicación. Wado de Pedro llegó a la grave irresponsabilidad de hablar de una cepa “Buenos Aires”. ¿Y qué tal si a esa nueva cepa que ojalá no llegue nunca se la llama cepa Argentina o cepa K? Que forma de dispararse en los pies y de producir bronca y hostilidad.

 Fernanda Vallejos que suele hablar por boca de Cristina llegó a decir que Larreta tiene “actitudes criminales” y Sergio Berni sobreactuó una mentira al decir que la ciudad está “absolutamente colapsada”. ¿Y por casa, como andamos, Berni? En el Conurbano, ¿Todo, está tranquilo? La gente respeta los protocolos y no crecen los casos? Está claro que el Conurbano es una bomba viral. Porque todo el tiempo estamos viendo que la mitad de los casos provienen de la provincia de Buenos Aires. Deberían dejar de mirar para otro lado y multiplicar las vacunas y los testeos. No hay otro camino. Con ideología y magia esto no se soluciona. Es insólito que el ministro Daniel Gollán haya dicho que “hay que cruzar los brazos” para que vengan las vacunas. No es una cuestión de fé o de suerte. Nada viene del cielo. Los planes serios y rigurosos hay que construirlos, no vienen hechos. La ciudad se queda sin vacunas en 15 minutos, Córdoba ya no tiene que aplicar, y otras provincias están al límite. Tener que suspender la vacunación es el resultado de esta segunda ola de mala praxis con que castigan al pueblo argentino.

Es imposible olvidar cuando, desde el gobierno, se dijo que si hubiera estado Mauricio Macri de presidente, los fallecidos hubiesen llegado a 10 mil. Eso se llama escupir sangre para arriba. Eso se llama triunfalismo vacío.

Y eso que se hizo la cuarentena más estricta y larga del mundo. Fracaso absoluto.  Este crimen de lesa inutilidad tiene varios responsables, empezando por el presidente de la Nación, Alberto Fernández que se cansó de hacer mamarrachos con forma de filminas y de decir barbaridades dignas de una persona que no entendió nunca lo que estaba pasando.

El virus más peligroso es el del cristinismo chavista, autoritario y manipulador. Y las peleas de poder son a esta altura una provocación explosiva. Uno se pregunta ¿Dónde está el piloto? ¿Dónde está Cristina? Esta gente pasa del abuso de poder a la falta de poder. Enrique Tierno Galván, el ex alcalde socialista de Madrid, dejó una definición extraordinaria: “El poder es  como un explosivo, o se lo maneja con cuidado o explota”. El gobierno de los Fernández, debería tomar nota.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre.