Osvaldo Bazán: “El agua moja”

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La columna del periodista que publica los domingo el porta El Sol de Mendoza. “¿De verdad están diciendo que el agua no moja?” empezó a decir alguna gente un poco más preocupada, gente que creía que el asombro ya estaba agotado y se daba cuenta que no”, cuenta Bazán.

Por Osvaldo Bazán

Cuando el Chino Navarro dijo “el agua no moja” la mayoría no le dio demasiada importancia. La afirmación era tan contraria a la realidad que resultaba imposible tomarla en serio. “Habré escuchado mal” pensó alguien que creyó más en el Chino Navarro que en sí mismo. “Se habrá equivocado” pensó alguien que cree más en el error del Chino Navarro que en la palabra del Chino.

Cuando el Gato Sylvestre por C5N entrevistó a Pedro Brieguer contando las repercusiones de la investigación de las universidades de Alemania Oriental y Checoeslovaquia que aseguraba que el agua no mojaba, la cosa se fue complicando.

“¿De verdad están diciendo que el agua no moja?” empezó a decir alguna gente un poco más preocupada, gente que creía que el asombro ya estaba agotado y se daba cuenta que no.

“Es evidente que el agua no moja” dijo Axel Kicillof enojadísimo con no se sabe qué en medio de una conferencia de prensa en donde se quejaba de la represión que él encargó realizar pero sin que parezca mucho una represión, a pesar de las casillas quemadas y los nenitos corridos por la policía.

El colectivo de actrices hizo una perfomance, todas disfrazadas de gotitas de agua, bajo la consigna “¡Agua es Femenina!¡Díganle Lagua, machirulos!” y desfilaron por la explanada del congreso con un sugestivo baile en tetas al grito “El Estado de Macri es culpable”.

De la noche a la mañana, en los medios de comunicación ya no se hablaba de otra cosa. Ni dólar, ni riesgo país. Ni inseguridad ni abuelos con trabucos sacando chorros de su patio. Ni policías acribillados ni motoqueros que arrastraran víctimas para robarle dos paquetes de polenta. Ni sierras o islas arrasadas por el fuego ni ciudades cubiertas de humo. Ni 30 mil muertos por covid ni casi 4 millones de puestos de trabajo perdidos. Ni compras descontroladas de parte del Estado ni trapisondas de la mechera intergaláctica para salvarse de la justicia.

Nada.

Sólo la discusión de si el agua ¿moja o no moja?

Horacio González escribió una larga tesis incomprensible en Página/12 pero nadie pudo leerla porque justo ese año Víctor Santamaría, secretario general del sindicato de porteros y trabajadores de edificios, presidente del partido justicialista porteño, presidente del Club Sportivo Barracas, Presidente de la Unión Iberoamericana de Trabajadores de Edificios y Condominios, parlamentario del Mercosur por Argentina, Secretario General de Fateryh, director general del Grupo Octubre que gestiona las revistas Caras y Caretas, Página/12, Diario Z, Revista PIN, El Planeta Urbano, el canal de noticias Información Periodística, las emisoras de radio AM 750, Radio Oktubre 89.1, Mucha Radio FM 89.5; Radio Club FM 94.7; Radio Palermo FM 93.9, Radio Malena (streaming), hijo de Arathor II, descendiente del primer rey Númenor, Hermano de Elrond, Heredero de Isildur y amigote de Gisella Marziotta, Víctor Santa María, decía, justo ese año no había pagado los mendrugos con los que alimenta a los trabajadores de Página/12 y entonces no se editó el diario que ese día iba a traer la nota de Horacio González en la que se suponía que defendía lo de “el agua no moja”. Digo “suponía” porque casi nadie pudo leerla y a los pocos que la leyeron tampoco le quedó claro, debajo de la montaña de esdrújulas en la que quedaron tapados.

Hubo defensores más eficaces de la falta de humedad del agua. Sin ir más lejos Dady Brieva largó por radio que “a los que creen que el agua moja habría que practicarles un submarino seco”, refiriéndose a una simpática forma de tortura que consiste en colocarle una funda plástica en la cabeza al torturado hasta que se ahogue en su propia respiración y muere. Se levantó cierta polvareda, Fernando Iglesias tuiteó algo sobre el peronismo medieval y entonces Dady, con media sonrisa canchera, explicó que era un chiste, que no se bancan una jodita sobre torturas y que, efectivamente, el agua no moja.

En “A dos voces” cruzaron a Hernán Lombardi con Anabel Fernández Sagasti, María Fernanda Raverta y Mayra Mendoza quienes afirmaban, con la misma certeza que la Sagasti había asegurado que el ladrillo era un mineral, que el agua no mojaba. Lombardi, totalmente enloquecido, agarró una jarra de agua, frente a la mirada azorada de Marcelo Bonelli que dijo algo que nadie entendió, y la derramó sobre las cabezas de las tres kirchneristas que sin moverse un ápice de sus creencias, apenas se miraron entre sí y se dijeron “yo no siento nada mojado, el agua no me moja”.

Desde Roma, el Papa en su encíclica “Defecarum urbi et orbi” aseguró: “Si el agua mojase no se la tiraríamos a los bebitos en el bautismo” y dio por cerrada la discusión, después de hacer un zoom con Gustavo Béliz, Milagro Sala, Gustavo Vega, Robledo Puch, Bebote Álvarez y Germán Martitegui en donde, valga la redundancia, pontificó: “Hay que ser solidarios con los que muestren bolsos grandes, porque sólo con bolsos grandes se abren los corazones. Más grande el bolso, más grande el corazón”.

Mientras tanto, el gobierno, que al comienzo había asegurado que el agua, obviamente, mojaba, fue cambiando de posición. Primero fue una respuesta sutil del Cafiero de turno: “Siempre estamos dispuestos a escuchar a todos los tarados que no están de acuerdo con nosotros”. Pablo Duggan, que había tratado de imbéciles a quienes decían que el agua no mojaba, en cámara después de mirar su celular y sin cambiar su cara de “¿cómo no se dan cuenta que soy progre y serio?” soltó muy de cuerpito gentil: “hay que ser imbécil para decir que el agua moja”. Víctor Hugo Morales tuvo la misma secuencia, pero con miles de palabras más, la mayoría de ellas, absolutamente innecesarias.

A esta altura del partido, el Grupo de Lima intentó sacar una declaración afirmando que el agua, moja. El gobierno entonces decidió no firmar la declaración pero afirmar enfáticamente que pertenecía al Grupo de Lima, que en Venezuela a veces se las va la mano y que Estados Unidos, buuh.

El país volvió a entrar en la grieta. Los periodistas coreacentristas declararon entonces que las posiciones extremas no eran confiables, que si Patricia Bullrich insistía con eso de que el agua mojaba había que tener en cuenta que para muchos argentinos, eso no era cierto. Que lo que se necesitaba en ese momento era un Pacto de la Moncloa entre todos los partidos, la Uia, la CGT, el equipo nacional de Waterpolo, los fabricantes de mallas Pimalú, el Sr. Pelopincho. A pedido de María O’Donell se agregó el equipo femenino de nado sincronizado. La idea que imperó en ese momento era que había que escuchar todas las campanas, que todas las opiniones sumaban y que si el agua mojaba o no mojaba ya no era tan importante sino saber quién tenía razón. O mejor aún, quién podía imponer su razón.

Le preguntaron a Malena Massa qué opinaba, pero prefirió el silencio: “Yo de agua no entiendo nada”, se disculpó y dijo que mejor hablaran con Malena Guinzburg que la tenía más clara.

Hubo un banderazo en contra de esa idea ridícula de que el agua no mojaba que coincidió justo con carnaval. Los manifestantes entonces salieron con pomos de agua y se mojaban entre sí, constatando que, efectivamente, el agua mojaba. Llevaron un inflable gigantesco de la megamechera intergaláctica que no venía al caso pero igual siempre es bueno recordar que es una megamechera intergaláctica.

Ya no se discutió la verdad evidente.

El gobierno y su maquinaria mediática instalaron una discusión inviable en un país inviable. Decir lo evidente terminó siendo un problema.

El profesor de los trolls k Ariel Garbarz dio órdenes para imponer el hastag #TodosLosQueDicenQueElAguaMojaSonFachos, y consiguieron que fuera trendic topic durante cuatro horas. Algunos diputados de la oposición, al ver el éxito de la maniobra decidieron armar minibloques dispuestos a considerar seriamente el hecho de que el agua no moje a cambio de un bolsito conventual.

El Presidente, que hace unos años había tuiteado muy diplomáticamente fiel a su estilo “para decir que el agua no moja hay que ser un pelotudo con vista al mar”, afirmó: “Menos mal que gobernamos los que sabemos que el agua no moja, Macri caca”.

La PresidentaVice envió una carta con su habitual estilo “yo sí que la tengo clara, sufrí más que nadie, soy mejor que todos ustedes y me odian por lo que hago bien” escribió: “el que dice que el agua moja es el presidente, yo no tengo nada que ver, pero los empresarios saben muy bien si moja o no moja y además son unos imbéciles y en el gobierno hay funcionarios que mojan y otros que no mojan y cómo me extrañan eh. Macri caca”.

A partir de ahí se juntaron Beatriz Sarlo, Julio Bárbaro y Alejandro Katz para desentrañar los mensajes ocultos del abrazo Perón/Balbín y si en ese encuentro se mojaron los dos ancianetes o no. O sea, una discusión que no le importa a nadie de gente que no le importa a nadie. Pero que siempre tienen algo para decir.

La Asociación de Directores de Cine Peronistas filmó en cooperativa un corto colaborativo de 5 minutos. Fueron 16 directores que se repartieron el trabajo. Les tocó casi 19 segundos a cada uno que aprovecharon con imágenes de Néstor Kirchner abrazando madres de Plaza de Mayo, Evita como lesbiana, Juan Perón como el Che Guevara y Amado Boudou como trabajador autónomo. Musicalizaron con tangos de Astor Piazzolla que figuró en títulos como “El lobo”.

Absurdo, como todo lo que imponen.

Absurdo, como un país en joda.

Absurdo, como los 8 surcos de plantines de perejil con el que se quiso inaugurar una nueva agricultura en Argentina.

Absurdo, como un país que desconoce lo básico sobre su principal activo: la vida agropecuaria.

Lo que hicieron los del Proyecto Artigas, además de usurpación, demuestra que no tienen idea de lo que es la agricultura. Hace mucho que trabajar la tierra con las manos no es lo más ecológico. Cuando se abre el surco como hicieron, al dar vuelta el pan de tierra, se eliminan miles de macro y micro organismos y se deja el suelo desnudo facilitando la erosión del agua o del viento, con efectos negativos para la fertilidad y la conservación de la humedad.

Argentina, cosa absolutamente desconocida por los argentinos, fue pionera en siembra directa, un sistema mucho más amigable con el ecosistema y también en términos ambientales, productivos y económicos. La siembra directa, combinada con cultivos transgénicos totalmente inocuos para el ser humano, hace que se precise menos labranza, menos combustible, menos fitosanitarios que son necesarios para combatir malezas y plagas. Esto, que es muy básico, es desconocido por millones de almas bellas que siguen llamando “agrotóxicos” a lo que en realidad son remedios.

No sería tan grave si no fuera que el Presidente, asegurando que el agua no moja, dijo que “la producción de cultivos como la soja desempleó cada vez más gente en los campos y permitió que toda esta gente se hacinara en zonas urbanas”.

Algunos datos que el presidente no conoce: En 2018 se censaron 250.881 explotaciones agropecuarias y se relevaron 223.292 productores. Ese mismo año, las cadenas agroindustriales generaron 3.716.317 empleos de forma directa o indirecta, lo que representa el 22% del empleo privado a nivel nacional.

En septiembre pasado sólo tres sectores aportaron divisas al mercado: la informática, un 2%; la minería, un 8%; la agroindustria, un 90%, según datos de la Fundación Fada, que también informa cuánto participa el estado en la renta agrícola, o sea, con cuánto se queda de cada producción. El 56, 3 del girasol, el 57,2 del trigo, el 52,9 del maíz y el 66,5 de la soja. Si se aplica esta escala a los perejiles del Proyecto Artigas, le quedará un paquetito para repartir entre los 20 que hicieron los surcos. Con el freno papal al proyecto del aborto, quizás tengan que usarlo de la peor manera.

El plan Pro Huerta del que el Presidente se enorgulleció en su primer discurso de apertura de sesiones legislativas, un plan que prioriza las huertas familiares y que son una ayuda real por primera vez en años, no está entregando en tiempo y forma las semillas, cosa que venía haciendo desde la década del ’90. Eso sí, seguro que cuando aparezcan serán semillas con perspectiva de género.

El gobierno dice que quiere producir 200 millones de toneladas. Pero ya estamos todos cansados de un gobierno que dice, un gobierno opinador. El gobierno está haciendo exactamente lo contrario que podría hacer para producir 200 millones de toneladas. Que podrían hacerse. Que contrariamente a lo que asegura un presidente desorientado, fijaría población en todo el país, con universidades orientadas hacia la investigación, con creatividad y recursos aplicados a la producción.
Pero no es con este gobierno, con esta gente, con estos artissstas, con estos intelectuales, con estos militantes.

El agua, digan lo que digan, moja.