Nisman, el fantasma de Cristina

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A seis años de su asesinato en Puerto Madero, hay que decir que el fantasma de Alberto Nisman va a perseguir toda la vida a Cristina. Porque ella es responsable de su asesinato. Por acción o por omisión. Cada vez que la justicia avanza, el cerco se cierra más sobre Cristina y sus soldados más fieles. Hablo por ejemplo, de Juan Martín Mena,  quien era el segundo jefe de los espías y ahora, es el Ministro de justicia en las sombras. Hablo del generalísimo César Milani, capo chavista de la inteligencia del cristinismo. Mientras las investigaciones se acercan a la verdad, Cristina se aleja la posibilidad de lavarse las manos.

En una hora aproximadamente, un sector de la sociedad civil y democrática se va a movilizar a la Plaza Vaticano para exigir juicio, castigo y condena para los autores, materiales e intelectuales del crimen de Alberto Nisman, un magnicidio considerado, el tercer atentado después de la voladura de la AMIA y la Embajada de Israel.

Para terminar con las mentiras de los mercenarios del relato K, hay que tener presente que la Cámara Federal, confirmó que el balazo en la cabeza de Nisman fue producto y consecuencia de la denuncia que el fiscal hizo cuatro días antes sobre Cristina y su banda. Estamos hablando del más grave de los delitos: el de haber encubierto a los iraníes autores del peor atentado terrorista de la historia argentina.

La propia Cristina confirmó telefónicamente con Oscar Parrilli que esa es la causa que más la preocupa. Todos la escuchamos.

Insisto: esto no es una opinión de un legislador opositor o de un periodista independiente. Esto son los camaristas que confirmaron las conclusiones del juez Julián Ercolini y el fiscal Eduardo Taiano.

En su resolución, el magistrado asegura que Cristina “impartió órdenes para beneficiar a los iraníes que asesinaron en forma masiva a 85 personas” y por eso la procesó, la embargó en 50 millones y le pidió al Congreso que le quiten los fueros para poder aplicar la prisión preventiva.

Estas son las consecuencias más brutales del tenebroso pacto que firmó Héctor Timerman con Irán por orden de Cristina. El ex canciller falleció y por eso, prefiero no cargar las tintas pero, hasta su ex jefa política, Elisa Carrió lo acusó de haber “traicionado a su pueblo”.

Otro cachetazo judicial para Cristina es que la Cámara avaló el informe pericial de la Gendarmería que confirma que Nisman fue asesinado en el baño por dos victimarios, uno manipuló el arma y el otro movió el cuerpo. Dicen que hasta por la morfología de las gotas de sangre es posible establecer que hubo otras personas. Lo golpearon y le fracturaron el tabique nasal y lo drogaron con Ketamina para vencer su resistencia”.

Es esta pericia minuciosa y certera la que el presidente Alberto Fernández quiere voltear. Por eso dijo, en su momento, sin que se le cayera la cara de vergüenza, que ese trabajo carecía de todo rigor científico” y que “era ridículo”.

Una mentira tan grande como el crimen. En la pericia, hicieron su aporte más de 40 expertos en criminología, en medicina legal, balística, acústica, video, planimetría, rastros y expertos en microscopios electrónicos y cromatógrafos. Y fue firmada por los dos más grandes maestros de la criminalística nacional: Osvaldo Raffo y Julio Ravioli. Puro prestigio profesional.

Rápida para los mandados, la ministra de Inseguridad, Sabina Fréderic ya ordenó que se revisen los protocolos de ese trabajo histórico que hizo la Gendarmería. En su desesperación por salvar a Cristina, son capaces de hacer cualquier cosa.

En una despreciable cabriola que pegó en el aire, Alberto Fernández como en tantos temas, pasó de acusar a Cristina a ser su cómplice. Como si no tuviera estómago ni escrúpulos, el presidente designado, dijo en forma contundente en 2015 que nadie pensaba en la Argentina que el fiscal Nisman se había suicidado. Incluso agregó que “la primera que no piensa eso es Cristina”. Un periodista le preguntó sin vueltas: ¿fue suicidio u homicidio? Y Alberto contestó sin dudar: homicidio. Ahora, con la misma seguridad respondió que está “convencido que se trató de un suicidio”.

Oportunista, en una macabra panquequada, Alberto, en su momento fue a la estremecedora marcha que convocaron los fiscales, para pedir el esclarecimiento de ese crimen brutal. ¿Está arrepentido Alberto de haber participado de aquella convocatoria masiva de los paraguas y la indignación bajo la lluvia?

Alberto Fernández en la marcha de los fiscales

Ese es el valor de la palabra y de las convicciones de Alberto. En este tema y en muchísimos más.  

El balazo de la pistola Bersa explotó en el cerebro de Nisman el domingo 18 de enero de 2015 a las 2:46 hs de la madrugada. Nisman no tenía rastros de pólvora en sus manos, el tiro entró por una zona donde no se disparan los suicidas, borraron sus registros del celular y alguien ingresó a su computadora después de su muerte.

El doctor Pablo Lanusse nos dijo que los restos de pólvora no estaban en la mano de Nisman, porque quedaron en la mano del asesino. Y de paso hizo dos presentaciones lapidarias contra el presidente de la Nación denunciando su intromisión en una causa penal en trámite y eso no lo puede hacer porque la Constitución Nacional se lo prohíbe. Lanusse, abogado de Sara Garfunkel, la madre de Nisman consideró esto de “gravedad institucional” porque el jefe del estado “ejerce una clara presión sobre la causa y amenazó con nombre y apellido a los jueces Irurzun, Ercolini, Geminiani y Hornos que (nada casualmente) son los que intervinieron en el pacto tenebroso firmado con Irán y en el asesinato de Nisman. Y agregó que encima, todavía postula como jefe de todos los fiscales al juez Rafecas que “intentó sepultar la denuncia de Nisman cuando su cadáver todavía estaba tibio”.

La marcha que será recordada como la marcha de los paraguas, a un mes del crimen de Nisman.

Todos recordamos aquella patética cadena nacional que Cristina ofreció toda vestida de blanco y en una silla de ruedas como apostando a victimizarse.

En este tema Cristina fue y vino, varias veces. Dijo que fue un suicidio y después un asesinato. Dijo que se enteró por uno pero después por otro. Un verdadero chiquero declarativo igual que el que Sergio Berni protagonizó en el escenario del crimen.

Cristina no fue capaz ni de darle el pésame a la familia del fiscal. Cero condolencias. Todo lo contrario, ordenó demoler su prestigio y matar nuevamente al muerto pero esta vez con mentiras, y con presunta información de su vida privada. Aníbal Fernández fue el jefe del “Operativo basura” de toda la maquinaria estatal que incluyó el pedido de que metieran presa a la madre del fiscal Nisman. Hace unos días, la justicia empezó a hacerle caso y embargaron las cuentas bancarias de la familia del fiscal asesinado.

Los esbirros de Cristina utilizaron todos los insultos y descalificaciones que tuvieron a su alcance. Le dijeron de todo a Nisman: “corrupto, turro, sinvergüenza, incompetente, homosexual, loco, títere de un espía, mujeriego, agente de la CIA y el MOSSAD, lavador de dinero, golpista e idiota”. Más o menos lo mismo que dijo Leopoldo Moreau que batió todos los records de antisemitismo al vomitar brutalidades que ni fachos históricos como Alejandro Biondini, se atrevieron a decir. El año pasado, escribió el siguiente tuit, digno de un tacuara musoliniano: “El invento del asesinato de Nisman fue una de las operaciones de marketing mejor concebida a nivel global. La empujaron el Estado de Israel, la derecha norteamericana, los fondos buitres y los socios locales de ese club”.

 Quisieron instalar que Nisman era imprevisible, un tiro al aire, pero fue un tiro en su cabeza.

El peor escenario para Cristina fue cuando la Cámara confirmó que Nisman fue asesinado por la denuncia que hizo sobre ella. Los jueces aseguraron que “Nisman no se suicidó ni fue inducido al suicidio. Que no estaba loco ni tenía miedo”. Al contrario, estaba eufórico y contento porque en unas horas iba a exponer toda su investigación ante el Congreso de la Nación.

Ojalá estas palabras sirvan de consuelo para la familia del fiscal, sobre todo, para

sus dos jóvenes hijas, Iara y Kala.

Cristina comete errores, entra en pánico y actúa como culpable cada vez que este tema vuelve al escenario público.

En el caso de Carlos Zannini salta a la vista que, según Antonio Stiuso, fue el encargado de comunicarle a Nisman la orden de Cristina: “dejá de investigar a Irán”. Orden que, dicho sea de paso, Nisman no cumplió y por eso terminó como terminó.

Julio de Vido tendrá que dar explicaciones sobre el posible intercambio de petróleo con Irán o la triangulación con Venezuela para abastecer el plan nuclear de quienes aún hoy niegan el holocausto. Muchos creen que esta transa repugnante de impunidad por apoyo nuclear es lo que explica el inexplicable viraje de 180% de Cristina en este tema. Pasó levantarse de las sesiones de Naciones Unidas cuando hablaba el representante de Irán a firmar un pacto tenebroso y secreto con ese gobierno.

Delia Sisro, coautora con Waldo Wolff del libro “Asesinaron al fiscal Nisman. Yo fui testigo”, dijo el año pasado en Entre Ríos que “Cuando borraban las huellas de su casa, nos dejaban las marcas a todos los argentinos” y que “En un país en el que nos enorgullecemos de la lucha por la justicia y no de la venganza, en el que no pedimos la pena de muerte ni para el mas nefasto de los dictadores, ni para los probados torturadores, el fiscal Nisman murió en cumplimiento de su función”. Y finalmente aseguró que “Toda la sociedad argentina sigue sangrando por la herida de su bala”.

Es que los K,  nunca entendieron que la mentira siempre despierta sospechas. La verdad siempre resucita, por más profundo que la entierren. La verdad no se suicida ni se puede sepultar. Por eso Nisman es una bandera de lucha contra la impunidad. Es un faro de luz contra la oscuridad. Nisman presente: hoy y siempre.

Editorial de Alfredo Leuco en Le Doy Mi Palabra por Radio Mitre