Massa, más cristinista que Cristina

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Sergio Massa es el autor material de un crimen de lesa constitucionalidad. La autora intelectual de ese intento de someter a la justicia es Cristina, quien además, es su principal beneficiaria con la impunidad que tanto la desespera.

Massa, como presidente de la Cámara de diputados, se convirtió en la locomotora que arrastra los votos hacia la consumación de una ley de extrema gravedad institucional. Tirar por la ventana a Eduardo Casal, un jefe de los fiscales honrado e independiente y permitir que Cristina coloque a un soldado o a un esclavo de sus deseos es un abismo del que Massa difícilmente pueda volver.

Está claro que, una vez más, está reformateando su perfil. Su anterior personaje perdió muchísimo apoyo. Se nota en todas las encuestas y en las redes. Es que se vendió como una persona que iba a moderar la locura chavista de Cristina. Se ofreció como un reaseguro de la defensa de la racionalidad capitalista, de la clase media y de la lucha contra la inseguridad, pero su alianza con Cristina y su guardia de hierro, La Cámpora, lo vació de credibilidad. Apostó durante un tiempo a diferenciarse tibiamente de los K pero los K no te lo permiten. Esa jugada no le salió bien a Massa. Por eso ahora eligió pegar un volantazo y pasar a ser más cristinista que Cristina.

Yo jamás le creí a Massa. Hizo de la mentira una militancia. Prometió terminar con los ñoquis de La Cámpora y ahora es el principal socio y cómplice de Máximo Kirchner. Prometió meter preso a los corruptos y ahora pilotea la ley para reformar el ministerio fiscal que termina con la división de poderes y pone una pistola en la cabeza de los fiscales.

Son datos de la realidad. Un sector de la sociedad y de los periodistas compró esa falsa postura de Massa y ahora, prefieren olvidar todo lo que dijo y lo que hizo. ¿Se acuerda de aquel discurso en voz alta, en la cancha de Vélez, cuando garantizó que iba a barrer a los ñoquis camporistas? Los definió como “parásitos que están tomando el control del estado”. Hoy es el principal socio (y cómplice) de Máximo Kirchner, el comandante en jefe de la Orga.

Hoy, no solamente no barrió a ningún ñoqui. Se puso una fábrica de pastas con Máximo.

¿Se acuerda cuando propuso ponerle fin a los corruptos?

Hoy es un guarda espaldas de la impunidad de Cristina, sus hijos y los integrantes del Cártel de los Pingüinos. Una banda de millonarios y no precisamente porque sean de River.

Hoy Sergio Tomás Massa es más cristinista que Cristina. Y la banda millonaria le pide todos los días una prueba de amor. Es que no terminan de confiar en su palabra. Y hacen muy bien. La palabra de Sergio Massa está hecha añicos, igual que la de Alberto Fernández.

Cuenta el colega Ricardo Roa que Massa le dijo a los opositores que no perdieran tiempo tratando de convencer a los diputados para que no votaran ese esperpento contra los fiscales independientes. Les aseguró que: “El gobierno ya puso todo lo que tenía que poner”. ¿Hacen falta más precisiones para comprender cuales fueron las miles de razones que puso el gobierno para comprar el voto de algunos diputados? Roa sugiere que hubo contratos y subsidios originados en Aysa, Ferrocarriles y Transporte, tres de las áreas que le tocaron a Massa  en la repartija del botín electoral.

Laura Alonso, la ex titular de la Oficina Anticorrupción del gobierno anterior, apuntó al mismo lugar. Acusó a algunos legisladores de haber vendido su voto y de ser traidores a la patria

Y en un tuit, la ex diputada Alonso puso una foto de José Luis Ramón y escribió que se trataba de “un falso opositor que habría “arreglado” sus votos para sancionar una ley que destruye todo atisbo de independencia judicial en la Argentina”.

Ramón, un tránsfuga impresentable, le mandó una carta documento donde  intima a Alonso para que se retracte y la amenaza con iniciarle acciones civiles y penales. Incluso por radio, la acusó de “agorera del mal” y de una falta de ética “que roza el delito por la infamia y la persecución”.

Pero Laura Alonso no retrocedió ni se dejó intimidar. Le contestó lo siguiente: “Señor, opino lo que quiero. Soy una ciudadana privada y libre. Usted es un diputado y tiene fueros y cumple una función pública. Rinda cuentas. No abuse de su posición porque el demandado va a ser usted. Esto es temerario y la Constitución me ampara”.

Hace menos de dos meses, Sergio estuvo descansando en la imponente estancia que el empresario Daniel Vila tiene en Mendoza. Y ese solo hecho, alcanzó para que el diputado Álvaro de Lamadrid le recordara su reclamo en cuestión de privilegio. Es un pedido de informe por la grave denuncia que hizo en su momento Julio de Vido por tráfico de influencias y coimas por la venta de Edenor.

Es cierto que es grave el contenido de la denuncia. Y encima no proviene de un dirigente opositor ni de un periodista independiente. Julio de Vido fue durante casi tres décadas el gerente de coimas, retornos y lavado de Néstor y Cristina. Es un verdadero experto en el tema.

Fue un contragolpe porque Massa se opuso a un posible indulto para los corruptos ex funcionarios kirchneristas.

A De Vido le alcanzó con un tuit dirigido a Massa que decía “ya que te preocupa tanto la cuestión de la corrupción, sería bueno investigar desde el Congreso  la operación de venta de Edenor, tanto a los compradores como al vendedor, pero fundamentalmente a los que desde el estado, intermediaron la operación”.

De esa movida se colgó otro preso K con detención domiciliaria como el piquetero Luis D’Elía. Fue más duro y agresivo, fiel a su estilo: “a vos, gil, forro de los gringos, que te crees que hacer política es hacerse el vivo haciendo negocios a espaldas del pueblo. Enterate que tengo toda la documentación sobre el multimillonario negocio del cloro en la Argentina”.

Alicia Castro fue más ideológica y dijo que Sergio Massa era lo mismo que el PRO por “descartar un indulto o amnistía para los presos políticos del macrismo y erosionar a Venezuela al compás de Estados Unidos”.

Son los riesgos que siempre corrió Sergio Massa por jugar a tantas puntas.

En su momento, fue a elecciones por afuera del peronismo y se convirtió en uno de los responsables de la derrota de Cristina en las elecciones parlamentarias. En el 2019, se dio vuelta en el aire y se convirtió en todo lo contrario: en uno de los responsables del triunfo y el regreso al poder de Cristina. Intentó diferenciarse y no le funcionó. Y ahora, repito, Massa se dio vuelta de nuevo y es más cristinista que Cristina.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre