Los Kirchner fabrican millonarios

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Hay un milagro en la política argentina. Los Kirchner, son una fábrica de millonarios. Siempre me pregunté cómo funcionaba ese mecanismo que convertía en millonarios a la familia de Néstor y Cristina, a sus ministros, a sus testaferros y amigos y hasta a sus secretarios y cadetes. Por un instante, pensé que fue magia. Pero rápidamente me dí cuenta que fue mafia.

Hay un meme en las redes que dice así: “Menem rico, La Rioja, pobre.

Kirchner rico, Santa Cruz, pobre

Insfrán rico, Formosa, pobre.

Manzur rico, Tucumán, pobre,

Sindicalistas ricos, trabajadores pobres.

Cristina multimillonaria, Argentina, pobre.

¿Cómo se llama la obra? Ahh pero Macri”.

Lo primero es la familia. Los últimos datos informativos que renovaron mi curiosidad, fueron la declaración jurada de bienes de Máximo, el príncipe heredero y el llamado a indagatoria de Carlos Kirchner, primo de Néstor. Veamos los detalles:

Máximo nunca trabajó en la actividad privada y reconoció ser dueño de una fortuna de 400 millones de pesos que incluyen casi 3 millones de dólares. Es la mitad de la herencia que dejó su padre y que le cedió su madre a los hijos. ¿Cómo hicieron esa montaña de dinero si tanto Néstor como Cristina fueron funcionarios públicos gran parte de su vida adulta? El propio ex contador de la familia, el arrepentido Víctor Manzanares confesó que tuvo que dibujar y malversar los libros de contabilidad y las presentaciones ante la AFIP, para que le cerraran los números. En ese monumental enriquecimiento hubo de todo. Se quedaron con las casas de santacruceños que no pudieron pagar sus cuotas durante la dictadura. Ejercieron de usureros. Compraron terrenos maravillosos en El Calafate a precio vil que luego vendieron por cifras increíbles. Cobraron intereses estratosféricos por sus colocaciones financieras que solo rigieron para ellos. Tuvieron la suerte de que los que alquilaron sus hoteles, departamentos y cocheras, Cristóbal y Lázaro entre otros, les pagaran alquileres totalmente fuera de los valores de mercado como una manera de devolver y blanquear parte del dinero de las coimas y la corrupción más colosal de la historia democrática. Hay varias causas en la justicia al respecto y están llenas de pruebas, testimonios y confesiones.

Hasta ahí el enriquecimiento ilegal de una familia que vivió décadas en el poder municipal, provincial y nacional. Eso es despreciable y absolutamente repudiable.

Pero la catarata de dólares sucios no solamente se derramó sobre el matrimonio presidencial y sus dos hijos. El juez Julián Ercolini, acaba de citar a indagatoria a Carlos Santiago Kirchner, primo de Néstor. Casi todos los ministros de los Kirchner también se convirtieron en magnates. Pero Carlos no fue ministro, ni siquiera secretario de estado. Apenas fue subsecretario de Coordinación de Obra Pública. Fue la mano de derecha de José López que fue la mano derecha de Julio de Vido que fue el gerente de coimas y retornos del Cartel de los Pinguinos Millonarios. Carlos Kirchner, no puede justificar las 23 propiedades, una de ellas en Miami, los 14 autos de alta gama, Porsche, Audi, Mercedes Benz, y hasta una lancha. No se privan de nada los muchachos. Cuando el primo de Néstor llegó a la función pública solamente declaró un inmueble y dos vehículos. El milagro del apellido Kirchner lo convirtió en millonario a la velocidad de la luz.

Además de la familia, casi todos los funcionarios, también se transformaron en magnates. Dos de ellos, por ahora, siguen en la cárcel. Ricardo Jaime, corrupto confeso y condenado, que en Córdoba dicen que tiene más propiedades que el Aloe Vera. Y José López que con generosidad quiso hacer una donación al convento de las Monjas Orantes y Penitentes Nuestra Señora del Rosario de Fátima. ¿Se acuerda?

Fue de madrugada y además de los bolsos con casi 9 millones de dólares, también quiso esconder religiosamente joyas y hasta un arma larga. Después López, confesó, arrepentido, que era dinero que le había dado un secretario de Cristina y por eso le soltaron la mano y sigue preso. Cristina, hizo puchero, lloró frente a las cámaras y confesó que llegó a odiarlo.

Entre los milagros de fabricar millonarios  de los Kirchner no podemos olvidar a su chofer, Rudy Ulloa Igor y a sus dos secretarios personales ya muertos: Daniel Muñoz y Fabián Gutiérrez.

Muñoz era el que abría la puerta del departamento donde hoy vive Cristina en Recoleta. Era para recibir los bolsos, valijas y mochilas que desbordaban billetes manchados por el robo del siglo. No se sabe si Muñoz le robaba al matrimonio, por eso del que roba a un ladrón tienen 100 años de perdón, o ellos lo utilizaron de testaferro. Pero lo cierto es que Muñoz falleció en el 2016 de cáncer y jamás pudo explicar los 70 millones de dólares que tenía, con propiedades en Miami y hasta en el exclusivo hotel Plaza de Nueva York donde solo acceden las celebridades. Insisto en que Muñoz era apenas un colaborador de Néstor.
Fabián Gutiérrez cumplía la misma función, pero con Cristina. Fue torturado con el objetivo de que confesara donde tenía escondido el botín de la corrupción K y luego fue asesinado. La varita mágica de los revolucionarios chavistas, lo habían convertido en un magnate. Cuando llegó al gobierno apenas tenía la módica suma de 52 mil pesos. Se fue de este mundo con 36 viviendas, 40 autos de lujo, un hotel en Ushuaia, otro en Río Gallegos y hasta un catamarán.

Merecen un capítulo aparte las historias de movilidad social híper ascendente de Lázaro Báez (uno de los mayores terratenientes de la Patagonia) y de Cristóbal López (dueño de un emporio de más de 60 empresas).

Una broma que circuló por las redes decían que todo era parte de cumplir una promesa. Decían que venían a redistribuir la riqueza y cumplieron. La redistribuyeron… entre ellos.

El gigantesco enriquecimiento ilícito de los Kirchner y su familia, funcionarios, amigos y testaferros, cadetes y secretarios confirma que nadie robó tanto durante tanto tiempo y con tanta impunidad. Ni olvido ni perdón. Para construir una democracia realmente republicana, se necesita juicio, castigo y condena. Impunidad, cero.Traje a raya para los ladrones.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre