Las encuestas asustaron a Cristina

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En los últimos días, el gobierno de los Fernández hizo muchas cosas inexplicables. La gran mayoría, se pueden entender porque Cristina estuvo estudiando encuestas y entró en pánico.

Esa es la razón. Por eso levantó el perfil y le sacó el micrófono por ahora a Alberto. Los números que las consultoras le mostraron sobre los posibles resultados electorales son muy preocupantes para la jefa del jefe del estado. Sobre todo en la provincia de Buenos Aires donde Cristina se juega la vida, la libertad y la suerte de su proyecto de impunidad, venganza y continuidad en el poder. El cristinismo bonaerense, con Axel y Máximo como comandantes, cometió un rosario de errores interminables y no pudo solucionar casi ninguno de los problemas. Y esto se refleja en las encuestas. Hay un rechazo creciente hacia el oficialismo nacional y provincial y se fortaleció la opción de un voto castigo, realmente masivo. Eso potenció los temores de Cristina que hasta hace un par de meses, pensaba que iban a ganar caminando.

Vacunas y planes sociales era el combo con el que pretendían consolidar el alto nivel de voto cautivo que tienen, especialmente en el Conurbano. Pero las cosas se complicaron bastante. Por eso, por orden de Cristina, pegaron un giro de 180 grados en el tema de las clases presenciales. Fue tan inesperado todo, tan traído de los pelos que Alberto Fernández y Nicolás Trotta se enteraron con el anuncio que hizo Kicillof por televisión. Una vez más el presidente y el ministro quedaron pagando. Horas antes habían despotricado contra Rodríguez Larreta por avanzar con la apertura de las aulas. Lo acusaron de jugar con el fuego en donde la gente se quema. Y de pronto, Axel se adelantó por primera vez a los anuncios de Larreta y confirmó que en muchas de las intendencias kirchneristas, volvían las clases frente al pizarrón. Manipuló a su antojo los números y anunció lo que anunció.

Todos se sorprendieron, menos Cristina. Es que no hubo clases en momentos de mucho menos contagios y muertes y ahora, volantazo mediante, se planteó todo lo contrario. Ni los gremios de Baradel y compañía no lo podían creer. Se la pasaron militando contra las clases presenciales porque (según decían) eran un huracán de contagios y de un minuto para el otro, tuvieron que cambiar el libreto. Algunos sindicalistas amenazaron con rebelarse. Pero se calmaron de inmediato con cinco palabras: “Es una orden de Cristina”

Cristina siente que al abandonar las escuelas, abandonaron la calle y la militancia. Se quedaron en sus casas y dejaron de hacer el trabajo proselitista de siempre. Con el resto de los maestros, con los padres, bajando línea en las actividades. Y eso se nota en las encuestas. El discurso más crítico hacia el gobierno prendió mucho. Por eso la decisión de Axel no fue por motivos educativos ni sanitarios. Fue solo por razones electorales. Se asustaron porque se vieron venir la noche. El manejo absolutamente ineficiente de la pandemia, con tráfico de vacunas incluida, la hecatombe económica con el horror que multiplicó la pobreza y la desocupación, fue poniendo en contra a los votantes independientes y desilusionando, incluso a los militantes menos fanáticos.

Por eso abandonaron el sistema de vacunación militante que era lento y burocrático y aceleraron la marcha al sumar a los profesionales y a los vacunatorios históricos. Por eso Cristina dio la señal al decretar un aumento del 40% a todo el Congreso de la Nación. Fijó un nuevo piso para las paritarias frente al cálculo del insólito 29% de Martín Guzmán. Más plata y más vacunas es la consigna para intentar ganar las elecciones en el Conurbano.

Hay varias consultoras amigas de Cristina que le acercaron datos alarmantes.

Encuestas no kirchneristas como las de Managment and Fit de Mariel Fornoni, arrojaron una noticia bomba: por primera vez, Juntos por el Cambio tiene mayor intención de voto que el  peronismo en la provincia de Buenos Aires. Solo el 35% de los habitantes ven positivamente a la gestión del gobernador. Y Cristina tiene el 57% de imagen negativa. Por primera vez Macri está mejor que Cristina en Buenos Aires.

El índice de confianza de la Universidad Di Tella revela que Alberto Fernández está más bajo que Mauricio Macri en diciembre de 2019.

Estos datos explican varias cosas:

  1. Que hayan acelerado la persecución a los jueces que Cristina no quiere: Bertuzzi, Bruglia y Castelli.
  2. Que le hayan transferido una montaña de fondos a Kicillof, en forma arbitraria, discrecional y desproporcionada. Recibió 205 mil millones de pesos. Eso es el 43% del total pese a que Buenos Aires explica el 37% del padrón nacional. Un dato: Larreta recibe solo 20 mil millones, es decir diez veces menos que Axel.
  3. Que hayan redoblado el ataque a Horacio Rodríguez Larreta. Confirmaron que el Servicio Penitenciario Federal no va a recibir presos de la ciudad y Santiago Cafiero lo criticó tanto que hasta el prudente Diego Santilli tuvo que salir a defenderlo. Ayer, Carlos Bianco dijo que “Larreta no cumple la ley” y  Trotta aseguró que “las malas decisiones de Larreta aceleraron la irradiación del covid hacia el resto del país”. Y Kicillof la remató diciendo que “los que dejaron pudrir las vacunas y cerraron hospitales, nos quieren enseñar a vacunar”.
  4. Como si esto fuera poco, Hebe de Bonafini que no dice nada sin consultar a Cristina trató de “dictador” a Larreta porque “el camino de su vida está sembrado de muertos” y “está lleno de odio y de soberbia”. Y en lo más fascista de su delirio. lo acusa de “mufa y jettatore”.
  5. A Kicillof le dieron el 90% de las obras viales nacionales. De 3 mil millones, 2.700 fueron a las arcas de Axel.
  6. Cristina reapareció en La Plata y atacó a la oposición “porque envenenan a la gente diciendo que tal o cual vacuna no sirve.  No podemos discutir si la tierra es redonda o es plana. Libertad para mí y el resto que se joda, no es libertad”

El horizonte de las urnas es muy complicado para los Fernández. Desde marzo del 2018, los salarios (públicos, privados y en negro) perdieron de promedio un 20% del poder adquisitivo. El desempleo real es del 20%. Hay mucha bronca que se puede traducir en mucho voto castigo. Eso es lo que leyó Cristina y por eso, entró en pánico.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre