La hija de María Corina Machado recibió el Nobel en nombre de su madre: “Venezuela volverá a respirar”

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Ante una sala llena y de pie, Ana Corina Sosa dijo que la dirigente opositora llegará a Oslo y que “nunca rompió una promesa”.


Ana Corina Sosa, la hija de María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana, recibió este miércoles 10 de diciembre el Premio Nobel de la Paz en nombre de su madre en Oslo, Noruega. 

La joven, con una mirada que reflejaba una profunda emoción, tomó el galardón ante una sala en la que todos los presentes se pusieron de pie y aplaudieron a la dirigente que lucha desde que el chavismo llegó al poder por la libertad de su país.

“Estoy aquí en nombre de mi madre, María Corina Machado, quien ha unido a millones de venezolanos en un esfuerzo extraordinario que ustedes han presenciado y han honrado con el Premio Nobel de la Paz”, comenzó diciendo Ana Corina.

Y luego recalcó: “Mi madre nunca ha roto una promesa. Por eso, con toda la alegría de mi corazón, les puedo decir que en algunas pocas horas vamos a poder darle un abrazo aquí en Oslo, después de 16 largos meses en la clandestinidad”.

Fue ahí cuando, al borde del llanto, expresó: “Y conforme espero el momento de poder darle un abrazo, un beso después de dos largos años”.

Ana Corina procedió a leer el discurso que su madre había preparado para la ceremonia. “He venido a contarles una historia, la historia de un pueblo y su larga marcha hacia la libertad. Esa marcha me trae hoy aquí, como una voz entre millones de venezolanos que se han levantado una vez más para reclamar el destino que siempre les ha pertenecido”, resaltó.

Y, tras haber repasado la historia de Venezuela, marcó: “Construimos una democracia que se convirtió en la más estable de América Latina, desatando toda la fuerza creadora de la libertad. Pero incluso la democracia más fuerte se debilita cuando sus ciudadanos olvidan que la libertad no es algo que debamos esperar, sino algo a lo que debemos dar vida”. 

“Es una decisión personal, consciente, cuya práctica cotidiana moldea una ética ciudadana que debe renovarse cada día”, agregó.

Y acto seguido afirmó: “La concentración total de la renta petrolera en manos del Estado generó incentivos perversos y le dio al poder gubernamental un control inmenso sobre la sociedad, que terminó traduciéndose en privilegios, clientelismo y corrupción”.

“Cuando comprendimos cuán frágiles se habían vuelto nuestras instituciones, ya era tarde”, subrayó, y recordó: “El cabecilla de un golpe militar contra la democracia fue elegido presidente, y muchos pensaron que el carisma podía sustituir el Estado de derecho”.

“Desde 1999, el régimen se dedicó a desmantelar nuestra democracia: violó la Constitución, falsificó nuestra historia, corrompió a las Fuerzas Armadas, purgó a los jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló las elecciones, persiguió la disidencia y devastó nuestra biodiversidad”, precisó.

Y añadió: “La riqueza petrolera no se usó para liberar, sino para someter. Se repartieron lavadoras y neveras en televisión nacional a familias que vivían sobre pisos de tierra, no como símbolo de progreso, sino como espectáculo. Apartamentos destinados a la vivienda social se entregaban a unos pocos como recompensa condicionada a la obediencia”.

“Entonces llegó la ruina: una corrupción obscena, un saqueo histórico”, aseguró, y remarcó: “Durante los años del régimen, Venezuela recibió más ingresos petroleros que en todo el siglo anterior. Nos lo arrebataron todo”.

“El dinero del petróleo se convirtió en un arma para comprar lealtades en el exterior, mientras el Estado se fusionaba con el crimen organizado y con grupos terroristas internacionales”, señaló, y detalló: “La economía colapsó más de un ochenta por ciento, la pobreza superó el ochenta y seis por ciento, y nueve millones de venezolanos se vieron obligados a huir”.

“No son solo cifras; son heridas abiertas”, aseveró.

Al tiempo que dejó en claro que “más profundo y corrosivo que la destrucción material fue el método calculado para quebrarnos por dentro” y explicó: “El régimen se propuso dividirnos: por nuestras ideas, por raza, por origen, por la forma de vida. Quisieron que los venezolanos desconfiáramos unos de otros, que nos calláramos, que nos viéramos como enemigos. Nos asfixiaron, nos encarcelaron, nos mataron, nos empujaron al exilio”.

“Han sido casi tres décadas de lucha contra una dictadura brutal, y lo hemos intentado todo: diálogos traicionados, protestas multitudinarias reprimidas, elecciones manipuladas”, recalcó y sostuvo: “La esperanza se derrumbó, y con ella se fue apagando la fe en que algo pudiera cambiar. La posibilidad de un cambio se volvió una ingenuidad o una locura”.

“Y, sin embargo, desde lo más hondo de ese abismo, un paso que parecía pequeño, casi burocrático, desató una fuerza que cambió el rumbo de nuestra historia. Decidimos, contra todo pronóstico, realizar una elección primaria, un acto de rebelión improbable. Decidimos confiar en la gente”, destacó.

Y aseguró: “Comprendimos que nuestra lucha iba mucho más allá de una elección. Era una lucha ética, por la verdad; una lucha existencial, por la vida; y una lucha espiritual, por el bien”.

“Así fue como, el 22 de octubre de 2023, contra todo pronóstico, Venezuela despertó”, resaltó en referencia a las elecciones primarias y agregó: “Confiamos en la gente, y la gente volvió a confiar en nosotros”.

Tras recordar el sacrificio, para muchos incluso con la vida misma, que significó llegar a las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, y luego defender el resultado en el que Edmundo González Urrutia ganó, María Corina Machado afirmó: “Durante estos dieciséis meses en la clandestinidad hemos construido nuevas redes de presión cívica y de desobediencia disciplinada, preparándonos para una transición ordenada hacia la democracia”.

Y agregó: “Venezuela volverá a respirar. Abriremos las puertas de las cárceles y veremos salir el sol a miles de inocentes que fueron encarcelados injustamente, abrazados al fin por quienes nunca dejaron de luchar por ellos”.

“Yo estaré allí, nuevamente, en el puente Simón Bolívar, en la frontera con Colombia, donde una vez lloré entre los miles que se iban, para recibirlos de vuelta a la vida luminosa que nos espera”, concluyó.