La herejía de comparar a Cristina con San Martín

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Rafael Correa superó todos los límites.

Se convirtió en el mayor alcahuete de Cristina porque cometió la herejía de compararla con el general José de San Martín. Y en ese mismo acto, ofendió a la gran mayoría de los argentinos que saben perfectamente que San Martín y Cristina son el día y la noche. La memoria del prócer más importante de nuestra historia no se puede mancillar comparándolo con la jefa de una asociación ilícita que se dedicó a saquear al estado. Pero entre condenados por corrupción se entienden. Cristina fue condenada a 6 años de cárcel y Rafael Correa, a 8 años de prisión por el caso conocido como “Sobornos”, mientras ejerció la presidencia de Ecuador. Cristina sabe que esa pena que le impuso la justicia es la primera de una serie que llegará más temprano que tarde. Y Correa es un prófugo de la justicia. Es un ladri progresista pero no come vidrio. Ayer citó al Che Guevara a John William Cooke pero no está escondido en Cuba. Está en Bélgica. Insisto. No come vidrio.

Pero anoche, en ese torneo de chupamedias y cómplices de Cristina en el CCK, Correa batió todos los records. Con cara de piedra dijo textualmente que “Cristina es una maravillosa alquimia entre San Martín y Evita”. Un verdadero despropósito. Arrastrado bolivariano. La reina del Calafate movió su cabeza como diciendo: “Y puede ser”.

El moderador de esa payasada nacional populista y pro dictaduras, fue el diputado Eduardo Félix Valdés que se hacía el gracioso sin tener una pizca de gracia.

Pero Valdés fue un adelantado en comparar a Cristina con San Martín. Fue en agosto del año pasado por un canal de televisión K. Y lo fundamentó en que ellos, según Valdés, fueron perseguidos y sufrieron denuncias por traición a la patria.

Valdés es amigo del Papa Francisco y también de Cristina, la presidenta de facto y de Alberto, el presidente decorativo de la Nación.

¿No será mucho, diputado Valdés? ¿No será mucho prófugo y condenado Rafael Correa?

 Solo el fanatismo negacionista puede conducir a ese precipicio conceptual. Correa anoche y Valdes en su momento, convirtieron su genuflexión en una provocación.

San Martín es el día que nos ilumina y Cristina es la noche que nos oscurece como país. Sobre todo si queremos construir una patria digna para todos. No debemos olvidar los mejores ejemplos para imitar ni los peores que tenemos que extirpar.

El Padre de la Patria cruzó la imponente cordillera de Los Andes con su mensaje de libertad. Fue la más grande epopeya americana que se recuerde.

Cristina cruzó todos los límites legales y se convirtió en la jefa de la asociación ilícita para saquear al estado más grave de la historia democrática.

El motor emancipador de San Martín tuvo una potencia gigantesca. Liberar el continente fue su utopía en marcha.  La potencia de Cristina fue para engancharnos como vagón de cola de las locomotoras del atraso y la violación de los derechos humanos como Cuba, Nicaragua y Venezuela.

A San Martín lo necesitamos más que nunca. ¡Qué bien que nos vendría en estos tiempos de cólera y twitter su sabiduría y su coraje patriótico! Qué bien que nos vendría que bajara del bronce o se escapara de los libros para darnos cátedra de cómo ser un buen argentino sin robar ni perseguir a nadie ni sembrar el odio entre los hermanos. Porque todavía vive en el corazón de los argentinos.

San Martín, era austero y honrado hasta la obsesión. Incluso le hizo quemar a su esposa Remedios los fastuosos vestidos de Paris que tenía porque decía que no eran lujos dignos de un militar.

Cristina se convirtió en una potentada pese a que casi fue solamente funcionaria pública. Ahora no usa sus joyas carísimas porque una denuncia de Graciela Ocaña reveló que no estaban declaradas. Mantiene su Rolex de oro, sus viajes que cuestan fortunas en avión del estado a Calafate, embolsa más de 7 millones de pesos mensuales por dos jubilaciones de privilegio y no usa ninguna cartera que no sea de Luis Vuittón.

San Martín manejó cataratas de fondos públicos y murió sin un peso. En su testamento se negó a todo tipo de funerales. La muerte lo encontró en el exilio, casi ciego, muy lejos de Recoleta y Calafate.

Esos son los lugares en el mundo de Cristina. Mansiones, lujosos departamentos y hoteles de alta gama, producto de los aportes que hizo Lázaro Báez, como probó el fiscal Diego Luciani.

Don José de San Martín fue un ejemplo de rectitud cívica en tiempos de traiciones, corrupción y contrabando.

Cristina y antes Néstor, tuvieron como amigo, cómplice, testaferro y empleado a Lázaro Báez, ya condenado a 12 años de prisión. El fiscal Luciani fue claro en su alegato: “Lázaro es Néstor. Lázaro es Cristina”.

Estamos hablando de San Martín, que como primer acto de gobierno en Perú aseguró libertad de prensa y decretó la libertad de los indios y de los hijos de esclavos y encima redactó el estatuto provisional, un claro antecedentes de nuestra Constitución tan humillada durante demasiado tiempo. Su gran preocupación fue no concentrar el poder y por eso creo el Consejo de Estado y se preocupó para que el Poder Judicial fuera realmente independiente. Repito, insisto: todo lo contrario al vamos por todo y al intento de dominar con amenazas y poner de rodillas a la justicia para lograr la impunidad. Ni hablar del odio y la persecución que produjeron contra los medios y la prensa independiente.

Una de las enseñanzas más maravillosas que nos dejó San Martín tiene que ver con su rechazo al silencio temeroso generado por todos los  autoritarismos: “Hace más ruido un solo hombre gritando que cien mil que están callados”.

Le sintetizo el tipo de dirigente que nos dejó San Martín con su ejemplo: Respeto por la libertad de expresión, independencia de poderes, austeridad republicana, honradez a prueba de bala, coraje y estrategia y un profundo amor para una patria de todos y para todos. Es el padre de la patria y nosotros, sus hijos, debemos honrar su memoria tratando de multiplicar sus valores y de construir una Argentina a su imagen y semejanza.

Porque San Martín es nuestro. Y nos puede ayudar a sacar los mejor de nosotros. Para no rendirnos ni bajar los brazos frente a los que fabrican autoritarismo para conseguir la suma del poder público. Un San Martín para que nos siga iluminando aún en los momentos más oscuros. Y ojalá esto sea un desagravio para su figuro colosal.  

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre