Gobierno de usurpadores

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“Este es un gobierno de científicos”, anunció Alberto Fernández. Uno podría apelar a la sabiduría popular y decir que “se alardea de lo que se carece”. Pero los resultados del fracaso absoluto de la economía y la salud son tan crueles, que esa frase hoy suena como una burla macabra. Casi 4 millones de desocupados, superamos la barrera del  millón de infectados, más de 26 mil muertos, son cifras irrefutables donde se acaban las mentiras.

Más que de científicos, este parece ser un gobierno de usurpadores. Lo único que no usurparon fue el resultado electoral. Ganaron en las urnas y tienen legitimidad de origen. Y se debe respetar ese ADN de la democracia.

Pero casi de inmediato, a la hora de construir su legitimidad de ejercicio, el cuarto gobierno kirchnerista, fue chocando contra paredes cada vez más grandes. La primera usurpación, la madre de todas las usurpaciones, fue la de Cristina. Ella ocupó el sillón de Rivadavia, se lo expropió a Alberto y este es uno de los grandes dramas que hoy tenemos los argentinos. Con ironía Carlos Reymundo Roberts llama a esta etapa “la tercera presidencia de Cristina”. Esta tragedia institucional previsible fue traducida en términos dramáticos por Jorge Castro en el diario Clarín. Uno de los intelectuales más serios y rigurosos puso negro sobre blanco un concepto que nos hace correr frío por la espalda: “vacío de poder”. El párrafo completo de su columna dice textualmente: “La raíz de la crisis cambiaria, no es cambiaria. Es la consecuencia directa, sin mediación, de la virtual desaparición de la autoridad presidencial en un país híper presidencialista por necesidad, como es la Argentina”. Jorge Castro remata su análisis, asegurando que “De ahí que el resultado inmediato del debilitamiento y desaparición de la autoridad presidencial, sea un brutal vacío de poder”.

Esto siempre es de extrema gravedad institucional, y mucho más cuando alguna vertiente del peronismo está en el poder.

La usurpación de Cristina al Poder Ejecutivo que es unipersonal por definición constitucional, congela todo el sistema de decisiones y desarticula la pirámide de comando del estado. Nadie sabe quién manda. Cristina manda y Alberto demanda. Nadie conduce el volante y esa falta absoluta de confianza repercute en todos los ámbitos de la vida nacional.

Nunca creí en esa hipótesis, pero muchos argentinos, sobre todo empresarios, valoraron la presunta prudencia y el pragmatismo de Alberto para frenar el chavismo vengativo, tardío y anacrónico de Cristina. Eso no ocurrió. La tozudez y rigidez dogmática de Cristina le quitó pragmatismo, uno de los principales instrumentos del peronismo tradicional. Jorge Fernández Díaz lo resumió en una frase brillante: “El peronismo fue alguna vez plastilina, pero los kirchneristas, lo convirtieron en cemento duro”.

La segunda gran usurpación de Cristina, fue a la justicia. Es una movida antidemocrática que está en pleno desarrollo a paso redoblado y tambor batiente. Todavía encuentra resistencias. En la movilizada sociedad republicana, en la Corte Suprema y en varios jueces y fiscales que mantienen alta las banderas de su independencia y dignidad. Pero están llenando de jueces adictos los tribunales, todavía tienen en la mira a Eduardo Casal, el jefe de los fiscales y esperan ansiosos la estocada final. En pocos días, la comisión Beraldi, encabezada, como su apellido lo indica, por el abogado personal de Cristina, instalará la necesidad de aumentar los miembros de la Corte. El objetivo es lograr la mayoría automática que tuvo Carlos Menem a nivel nacional y Néstor Kirchner en Santa Cruz, donde el presidente del Superior Tribunal era nada menos que Carlos Zannini. Pretenden que en esa Corte cristinista mueran  todas las causas que tiene Cristina por ser la jefa de una asociación ilícita para saquear al estado.

Pero el gobierno de usurpadores, también lo es en toda la dimensión delictiva de la palabra. Guernica, Villa Mascardi, El Foyel son apenas las tomas de tierras más conocidas de la cientos que se han diseminado a lo largo del país. El jefe de gabinete, Santiago Cafiero les dio luz verde cuando dijo una burrada legal terrible: que en las tomas de tierras no hay delitos hasta que el fallo de la justicia no esté firme.

El falso garantismo zafaroniano que protege a los delincuentes y re victimiza a los que padecen robos, violaciones y asesinatos, tiene un espejo en el tema de la propiedad de la tierra. El concepto es una mezcla patética de marxismo anquilosado de reforma agraria y pobrismo del Papa Francisco y Juan Grabois. Clarín dice que Grabois estuvo en estos días en Santa Marta de visita al Santo Padre. Ya le dije que Grabois es el único argentino que reposa bajo el mismo techo que Bergoglio. Grabois, en su momento, aseguró que la única posibilidad que tienen los pobres de acceder a la tierra, es con las tomas y vaticinó que “va a haber 1, 5, 20, Guernicas más”.

Es increíble cómo se han naturalizado y multiplicado estos delitos masivos. En la provincia de Buenos Aires, ciertos piqueteros kirchneristas apoyan la ocupación ilegal de tierras. Otros se quejan y acusan a la izquierda, por estar detrás de esto. Pero se trata de sus compañeros de ruta junto a los que, en las inmediaciones del Congreso, arrojaron más de 10 toneladas de piedras, con disparos de un mortero casero, con el fin de evitar que sesionara uno de los poderes del estado.

Berni dice una cosa y Sergio Massa, otra. Axel Kicillof dice que va a cumplir con la orden de la justicia pero no sabe, no puede o no quiere. El ejemplo de Guernica cunde. Hay millones de necesitados y poca eficiencia del gobierno para atenderlos con un plan serio de censos y loteos populares organizados. Para eso hay que hablar menos y trabajar más.

La justicia y la policía miran desde lejos las señales confusas del poder y se cruzan de brazos. Y los vecinos de los terrenos ocupados por la fuerza, sufren por temor a la inseguridad, al colapso de las cloacas o la falta de agua allí donde existen, mientras sus casas sencillas, que construyeron con esfuerzo y meritocracia, pierden valor.

La Patagonia, directamente es tierra de nadie. Hay muchísimas zonas liberadas donde gobierna un grupo violento y armado que hace lo que quiere y se atribuye falsamente la representación de un pueblo mapuche que en su inmensa mayoría es pacífico, trabajador e integrado. Estos enemigos de la Argentina a la que no reconocen como estado, también usurpan el título de vanguardia iluminada de los pueblos originarios. Nadie los eligió. Se eligieron a sí mismos y están dispuestos a recuperar las tierras que según les dicen las Machis, les pertenecen de tiempos ancestrales. Ayer agredieron a pedradas al automóvil de la gobernadora de Río Negro y en forma cobarde, entre varios golpearon a un camarógrafo de TN con un trípode y le produjeron heridas alrededor de su ojo.

Son muy agresivos y radicalizados. Queman camiones, herramientas de trabajo y cabañas. Ocupan tierras de Parques Nacionales, del Ejército, de la Iglesia o de los particulares. No les importa nada. No dejan entrar a la policía ni a los jueces. Tienen sus propias autoridades. El comandante de esta insurrección es Facundo Jones Huala que está preso en Chile, pero que el año que viene cumplirá su condena y quedará en libertad. Estos usurpadores tienen una ministra en el gobierno nacional. Elizabeth Gómez Alcorta militante de Juan Grabois (todo se relaciona, como se puede ver) es la abogada de Jones Huala.

Es decir que una ministra del gobierno nacional, asiste a alguien que no se siente argentino y que viola la ley y atenta contra la seguridad de ciudadanos argentinos. De hecho su locura va aumentando a medida que no sufren ningún tipo de sanción. Hasta se atrevieron a tomar un campo pero le agregaron el secuestro de sus verdaderos propietarios. Cometieron el gravísimo delito de privación ilegítima de la libertad. Los propietarios no podían salir de su casa y eso que ya ganaron tres veces un juicio ante la justicia. Pero estos energúmenos no creen en el estado argentino ni en su justicia.

Después del desalojo de El Foyel, hubo cuatro detenidos que fueron llevados a la comisaría de El Bolsón. Un grupo de cómplices atacó la sede policial y quemó cubiertas en la puerta. Todo muy peligroso. La gobernadora Arabela Carreras, los jueces, la policía y los habitantes, se mueven tímidamente, con dos tipos de pánico. Primero a las represalias furiosas de estos falsos líderes y segundo, a la condena social y castigo político de las autoridades nacionales que comandan las acciones de estos malandras. Hablo de Magdalena Odarda y Juan Pilquimán, titulares del INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas).

¿En el gobierno de los Fernández no tienen nada para decir sobre estos delitos seriales que se están multiplicando peligrosamente? ¿No tienen miedo de que esa justicia por mano propia que fomentan sus funcionarios provoque una reacción de las víctimas y todo termine en una tragedia? ¿A quién le van a echar la culpa si los usurpados deciden defenderse por su cuenta ante la ausencia o la presencia cómplice del estado con los usurpadores?

Ese vacío de poder que denuncia Jorge Castro y esta vocación usurpadora del cristinismo, nos llevan derechito hacia un precipicio institucional. Si algún activo común nos queda a todos los argentinos, es la democracia republicana. Es el contrato de Alfonsín de 1983 que dice nunca más golpes de estado y nunca más la utilización de la violencia como herramienta política. Ese es el último refugio colectivo que nos queda como Nación. Ojalá Cristina no insista en dinamitarlo. Ojalá Cristina no se lleve puesta la legalidad, Ojalá Cristina pare con su fiebre usurpadora.

Por Alfredo Leuco