Entre esos tipos yo, hay una grieta

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Ojalá me equivoque pero todas las informaciones disponibles  indican que la Corte Suprema de Justicia avalará la destitución de los tres jueces perseguidos por Cristina. Todas las fuentes están confirmando semejante tragedia institucional. Incluso, Joaquín Morales Solá lo planteó descarnadamente en su columna del diario La Nación que tituló: “Un estado al servicio de la impunidad”. Sería gravísimo que la Corte se sumara a este operativo brutal donde solo interesa la impunidad de Cristina, sus hijos y sus cómplices integrantes del Cartel de Los Pinguinos. Impunidad y venganza, como venimos denunciando hace mucho tiempo. Venganza es lo que define lo que ocurrió con Daniel Santoro, nuestro prestigioso colega de Clarín. El juez ultra cristinista, Ramos Padilla agravó el procesamiento de Santoro y ahora lo acusa de pertenecer a una asociación ilícita y lo hizo sin ampliar la indagatoria para una defensa. Son impunes y buscan la impunidad. Avanzan sin escrúpulos ni respeto por la ley ni la Constitución. La decisión de Felix Crous, otro militante de Justicia Legítima de transformar a la Oficina Anticorrupción en un organismo de apoyo a Cristina no tiene antecedentes y despierta vergüenza ajena y una indignación popular que se está expresando en la vigilia de muchos ciudadanos independientes y republicanos que están exigiendo juicio, castigo y condena para los ladrones de estado. Hoy a las 19 hay un bocinazo frente a los tribunales de la calle Talcahuano y un cacerolazo convocado en todo el país. La convocatoria dice “La Corte define la historia”. Insisto, ojalá me equivoque pero la Corte al parecer está por resolver a favor de la reina Cristina y en contra de la independencia de poderes.

Y digo reina porque por momentos este país parece una monarquía conducida por la dinastía Kirchner.

Cristina hace siempre lo que se le canta.

En off, dos capos sindicales me confesaron que “El faltazo de Cristina, los desaires de Máximo y el fracaso de la plataforma virtual de Javier Grossman fueron hechos con premeditación y alevosía”. ¿Y cuál fe el objetivo?, repregunté. “Para erosionar la investidura de Alberto Fernández, y para mostrar su desprecio hacia los dirigentes de la CGT, el PJ y los gobernadores”, me contestaron, rogando que mantuviera su anonimato. La altanería y el dogmatismo de Cristina, es tan grande que ella se siente por arriba de todos ellos y por arriba de todo el mundo. Su única expresión fue un tuit donde homenajeó a Néstor, su marido fallecido y ni mencionó a Alberto ni a su gobierno ni a Juan Domingo Perón, a 75 años del parto de ese movimiento político. El martes que viene van a entronizar un monumento gigante de Néstor en la puerta del CCK. Esa estatua de 600 kilos de peso y casi 2,30 metros de altura fue expulsada de Ecuador con el voto de sus legisladores porque no querían tener un símbolo de la hiper corrupción de estado.

Pero hablando de monumentos, ya contamos que ella trató de “viejo de mierda a Perón” delante de Antonio Cafiero y que votó al peronismo con la boleta del Frente de Izquierda Popular y que su jefe de gabinete de ese momento, Aníbal Fernández dijo que la marchita peronista se la metieran donde usted ya sabe y eso le generó una fuerte discusión con el hijo de Hugo del Carril. Recuerdo haberle hecho  una entrevista en la radio.  

Cristina no cede ni un centímetro. No se baja nunca de su antiperonismo y exhibe su “evitismo” como una forma de justificar su nacional populismo chavista.

Me gustaría citar a Serrat cuando dice: “Hombres de paja que usan la colonia y el honor para ocultar oscuras intenciones: tienen doble vida, son sicarios del mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal”.

Máximo hizo la máxima. Llegó sobre la hora a la CGT. Le  habían dejado libre una silla en la primera fila al lado de Sergio Massa. Se negó a ubicarse allí como un desplante y lo disimuló cediendo ese lugar a Mayra Mendoza. Los jerarcas sindicales estaban que volaban de bronca. Se dieron cuenta de ese ninguneo y falta de respeto. Sintieron ese mensaje como si ellos  les quisieran enrostrar su superioridad moral.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, viajan de incógnito en autos blindados a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad, a colgar en las escuelas su retrato. Se gastan más de lo que tienen en coleccionar espías, listas negras y arsenales.

Ninguno de los capangas del gremialismo millonario creyó la versión de La Cámpora y Grosman de que 40 servidores del exterior habían hackeado la plataforma en la que pensaban convocar a millones. Axel acusó sin fundamentos: “Los cyber gorilas no  descansan”. Nadie lo creyó. De hecho no dieron ninguna información para probar eso, no presentaron ninguna denuncia a la justicia. No fue un boicot. Fue un fracaso. Jorge Lanata mostró unas cifras paupérrimas de participantes en las redes sociales.

La burocracia sindical se quejó porque le habían usurpado el control del acto. No le dejaron ni poner a los locutores que fueron dos camporitas y los testimonios que pasaban por las pantallas, eran todos militantes de la agrupación de Máximo, el príncipe heredero.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz, juegan con cosas que no tienen repuesto y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal. Atrapado por los micrófonos, a la salida, Alberto dijo que “Cristina siempre está”.  “Aunque no la veamos, siempre está”, como el sol en la canción de Marilina. O como Dios que está en todas partes. Ella ya dijo que hay que tenerle miedo a Dios y un poquito a ella. ¿Se acuerda?

Y hablando de Dios, fue Alberto Fernández el que dijo que “parece que Dios es peronista porque permitió que ellos estuvieran gobernando” en esta tragedia. Se miran al espejo y se dicen que con otro partido en el poder, todo hubiera sido peor. Es imposible probarlo pero convengamos que es difícil superar más de un millón de contagiados, casi 28 mil muertos y la hecatombe económica producto de la cuarentena más larga del mundo. Incluso con varios papelones en el medio. Informaciones falsas y errores en las filminas que generaron respuestas de Suecia, Chile, el país Vasco y siguen las firmas. Como  si esto fuera poca vergüenza ajena. Un organismo prestigioso de la universidad de Oxford, nos dejó afuera de sus estadísticas por la baja calidad de la información que producía el ministro Ginés y su ministerio. De todos modos, mejor que dejemos a Dios afuera de la grieta. Porque si es peronista, como Francisco, su delegado en la tierra, que le queda a los que no son peronistas, que son muchos en la Argentina. ¿El diablo será gorila o de Juntos por el cambio?

Ya lo dijo el galancito jefe de gabinete: “No son la gente, no son el pueblo, no son la argentina”. Tal vez sean los satánicos herederos del diablo. Se quieren apropiar de todo. Del sillón de Rivadavia, de los dineros del pueblo, de los símbolos patrios

En la cumbre del chupamedias, Héctor Daer dijo que Cristina no fue para no quitarle centralidad a la figura de Alberto. Le va a crecer la nariz a Daer pese a que las mentiras tienen patas cortas. Es tragicómico que den vuelta tanto los argumentos para justificar a la reina que nunca participa de nada que tenga que ver con el justicialismo, Perón o con empoderar a alguien que no sea ella. Militancia mezquina, desagradecida y auto referente. Bulimia por el poder y el dinero.

Lo más bizarro fue lo de Hugo Moyano, como siempre. Hizo desfilar una serie de camiones cada uno más caro que los autos de alta gama que tanto critica de los banderazos. Pregunta: ¿Los propietarios de los camiones participaron de la caravana? ¿O los choferes los tomaron prestados o los usurparon como a las tierras? Todo fue bastante rancio y de bajo nivel de convocatoria. Pero Moyano eligió colocarse en el lugar del pueblo y criticó las marchas opositoras, de las señoras gordas, de esas mujeres bien vestidas y alimentadas. Un claro ejemplo de machirulo aunque le aseguro que las chicas K, no le van a decir ni una palabra. Pero además, habilita un par de preguntas que me gustaría hacerle al capo camionero. ¿Cristina no está bien alimentada y vestida? ¿No tiene joyas carísimas y un rolex Presidente de magnate? Otra: Las mujeres que viven en el barrio oligarca en el que la familia Moyano vive, no están bien vestidas y alimentadas? ¿Su propia mujer, Liliana Zulet que sin licitación se queda con todos los negocios del sindicato, no está bien vestida y alimentada?

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder. Pulsan la alarma y rompen las promesas y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer nos ponen la pistola en la cabeza. Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión de declarar públicamente su empeño en propiciar un diálogo de franca distensión. Entre estos tipos y yo hay algo personal. Entre estos tipos y yo hay una grieta moral que no quiero cerrar. Los que queremos la república democrática, honrada e igualitaria de un lado. Y los integrantes de la mafia autoritaria, del otro. Creo que es necesario un reencuentro de los argentinos para sacar este país adelante. Creo en la búsqueda de unidad y cohesión social. Pero no creo en el amontonamiento. Todos los argentinos honrados y pacíficos de un lado. Y todos los golpistas y ladrones del otro. Entre estos tipos y yo hay una grieta moral.

Por Alfredo Leuco