En soledad, Lázaro Báez cumple dos semanas con domiciliaria

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Tras su fallido ingreso al country de Pilar, el empresario K cumple el arresto domiciliario en una casa prestada, ubicada en un barrio semi cerrado de GBA.


Hace dos semanas que Lázaro Báez cumple su prisión preventiva fuera del Penal de Ezeiza. Permanece en un domicilio bajo resguardo, en una casa prestada en el Gran Buenos Aires, pese a ser dueño de un patrimonio de U$S 205 millones.

Transita sus días en soledad: pidió que nadie lo acompañe este tiempo en el que, cuenta, se “está poniendo al día” con la realidad de sus empresas y del manejo financiero. Busca comprobar si “eran tan así” las intimaciones que su ex esposa, Norma Calismonte, le realizó a la familia de Claudia Insaurralde, actual novia del empresario K.

Del otro lado, el mensaje de la familia persiste: “Que se fije quién le roba la plata”. Su novia es la responsable de acercarle la comida, pero el dueño de Austral pasa sus días solo bajo la supervisión de dos policías y el monitoreo de la tobillera electrónica.

Dueño de un patrimonio cuya valuación oficial es de US$ 205 millones al contabilizar 1.412 propiedades, Lázaro Báez dejó la cárcel sin afrontar el pago de la fianza impuesta por el Tribunal Oral Federal 4 (TOF 4). La caución era de $ 368 millones, pero su defensa sostuvo que no podía afrontarla y reclamó un arresto domiciliario que fue concedido por orden de la Cámara de Casación.

El ex socio comercial de Cristina Kirchner fue trasladado hace dos semanas, poco antes de la medianoche a un domicilio bajo reserva después del rechazo de los vecinos del barrio privado Ayres de Pilar, para comenzar a cumplir su arresto domiciliario. El trayecto no fue muy largo, los móviles del Servicio Penitenciario Federal se dirigieron hacia Zona Norte. Lázaro fue alojado en una casa ubicada en un barrio semi cerrado que le prestó “un operador político que no es de este gobierno”, señalaron a Clarín quienes confirmaron la información.

Allí permanece hace quince días. El teléfono suena poco. La comunicación más frecuente que mantiene es con su abogado y responde a una obsesión actual del empresario K: analizar el estado de sus empresas y el manejo financiero de su cuantioso patrimonio.

Hace más de cuatro años. cuando entró a prisión, la realidad era otra: tenía 20 empresas en funcionamiento y era el dueño con el poder de administración y decisión sobre 1.412 propiedades y vehículos. Su imperio valuado en U$S 205 millones, se desmoronó: sus bienes fueron algunos rematados, otros alquilados por apoderados, otros vandalizados y sus empresas quebraron.

Parte de la familia radicada en Río Gallegos siguió de cerca el traslado y ubicación del empresario en el domicilio donde permanece estos días. Lázaro Báez, sin embargo, se comunicó poco. Su novia, cuya familia fue denunciada por Norma Calismonte, sólo le acerca a la propiedad la comida en forma diaria. La disputa que se materializó en el envío de cartas documentos a familiares de Claudia Insaurralde, se coló en la división de bienes que la ex esposa de Báez reclamará cuando concluyan los procesos judiciales.

Los abogados de Calismonte cuentan en su haber con un conjunto de recibos por cobros que la familia de la novia de Lázaro, realiza de un complejo de cabañas que el empresario K tiene en Santa Cruz. Nadie sabe a dónde se dirigen esos fondos ni específicamente, de cuánto dinero se habla. El cálculo inicial, sostiene que podrían ser cerca de $ 300.000 que la familia Báez no percibe ni tampoco se registran en las cuentas judiciales, ya que todas las empresas están intervenidas y las cuentas embargadas.

Hace una semana, la ex esposa dijo a su entorno: “Ahora que está con arresto domiciliario, espero que vea (por Lázaro) quién le está robando la plata”. Norma Calismonte, madre de los cuatro hijos del empresario K, asegura que no busca rédito financiero para ella, sino que se resguarde como corresponde lo que le pertenece a la familia.

Con este telón de fondo, que tuvo como condimento dos caballos criollos que Juan Pablo Biondi -vocero de Alberto Fernández- le regaló a Lázaro Báez cuando era su jefe, y que se colaron en la disputa por la división de bienes, el dueño del Grupo Austral pidió a sus abogados todo tipo de documentación y una computadora.

“Pidió estar tranquilo para ponerse al día”, señalaron desde su familia a Clarín. Aquella expresión vino acompañada de una explicación: “Quiere corroborar si lo que le decían sus allegados y abogados cuando él estaba preso realmente es así, y contrarrestarlo con los planteos de la familia”.

Información de Lucía Salinas, en Clarín