El chavismo K de Cristina

809

El diputado Mario Negri, dijo: “La Argentina que desean Cristina Kirchner y Alberto Fernández no está a 100 kilómetros, estamos a solo 7 diputados de que tengan el control de la Cámara Baja y se queden con todo. Por eso la energía de Juntos por el Cambio no puede estar puesta en el 2023. La elección clave es la de este año”.

Quien quiera oír que oiga. Y quien quiera mirar para otro lado, que después no llore cuando sea demasiado tarde para lágrimas. Las señales de que Cristina conduce este gobierno hacia el chavismo son innumerables. Lo vengo advirtiendo hace tiempo. Algunos pensaron que estaba exagerando. Pero ahora está más claro que el agua clara.

Por supuesto que cuando digo que nos quieren convertir en Venezuela lo hago como una conjetura de trazo grueso. Es una metáfora política. Jamás podríamos tener el mismo régimen por dos cuestiones básicas:

  1. Las Fuerzas Armadas argentinas, por suerte, están absolutamente ajenas a la política y en el gobierno de Nicolás Maduro son el principal y casi el único sostén. Generales y coroneles engordados con dólares narcos, defienden con uñas, dientes y metralla al terrorismo de estado de Caracas. La clase media argentina y el mundo productivo todavía tiene reflejos democráticos importantes y olfato suficiente como para ponerle el freno de los votos y las movilizaciones a cualquier proyecto autoritario y corrupto como el de los Kirchner.

Algunos plantean diferencias semánticas. Es lo de menos. Que cada uno le ponga el rótulo que quiera. Yo le llamo chavismo K porque me parece más didáctico y directo para entender el ADN de lo que están construyendo. Otros hablan de populismo autoritario o de autocracia o de nacional populismo. Incluso no estaría muy errado caracterizarlos de ladri feudalismo progre. Lo importante no es el título. El contenido es lo que cuenta y lo que preocupa.

Hay ciudadanos de a pie, periodistas e incluso dirigentes de Juntos por el Cambio, que creen que la cosa no es tan grave y que la van a poder manejar. Proponen tener un diálogo con quien los cachetea todos los días y les tira a matar políticamente en sus decisiones. Pero que cada uno se haga cargo de su rol en estos tiempos de cólera y covid. Una cosa es la prudencia y otra muy distinta es el masoquismo político.

Las señales que cualquiera puede ver, si es que quiere, son las siguientes. Hechos, no opiniones. Datos, no relatos.

Primero, la justicia: estuvimos a 7 horas y 7 votos, como dijo Negri, de que Cristina colocara un esclavo suyo como jefe de los fiscales. Ese hubiera sido el certificado de defunción de la división de poderes. La persecución a los jueces que ella no quiere sigue a paso redoblado: las víctimas son los doctores Bertuzzi, Bruglia y Castelli. Y en todos los planos atropellan las instituciones para poner de rodillas y colonizar a todo el Poder Judicial. Por suerte, todavía no lo han logrado.

Segundo: las relaciones carnales con los países del mundo que menos democracia tienen y que más violan los derechos humanos. Nicaragua, tan violentamente amarga, Venezuela, Irán, Rusia y China son apenas el comienzo de este nuevo orden internacional al que apuestan Cristina y sus herederos: Máximo y Kicillof.

Tercero: el ataque constante al mérito y a la propiedad privada. Combaten el progreso, aunque digan lo contrario. Creen que el estado debe ocupar el lugar del esfuerzo y el sacrificio y de la cultura del trabajo individual. Y con declaraciones bien concretas de Alberto sobre los terrenos improductivos y disposiciones del consejo deliberante en Avellaneda, impulsan el concepto de ocupar y expropiar casas, departamentos y tierras según lo que ellos decidan. Dinamitar el rol dinamizador de la actividad de emprendedores, productores agropecuarios y empresarios es parte de su proyecto. Porque quieren manejar toda la burocracia económica del país y de paso, seguir enriqueciéndose con el esfuerzo ajeno. Acá tenemos que anotar el odio al chacarero, los cepos a la exportación de carne y la asfixia impositiva. Ni que hablar de la destrucción del sistema de salud que, con dificultades, funciona bastante bien en la Argentina. Lo dijo con todas las letras su representante: el mecanismo es el mismo en todos los rubros. Hostigar por todos los costados a determinadas empresas, laboratorios, clínicas y sanatorios para luego estatizarlos o que empresarios amigos los compren a precio vil. La lluvia ácida siempre es la misma: aumentar los impuestos, pisarle las tarifas y ganancias, empujar a los gremialistas kirchneristas para que extorsionen a los dueños, negarles créditos y finalmente, ponerlos de rodillas y que se entreguen mansamente. Te obligan a vender. Y si no aceptas, te expropian o te hacen la vida imposible hasta que te vas del país. Hay cientos de ejemplos.

Y finalmente, está la persecución a los que piensan distinto. Utilizan el estado para fomentar a para-periodistas militantes que castigan a los independientes y protegen o elogian a los que son del palo. La versión actual de la vieja frase de “al amigo, todo y al enemigo, ni justicia”. El vamos por todo de Cristina puesto en práctica.

Como si esto fuera poco, su convicción ideológica los hace creer dueños de una superioridad moral que los lleva a traficar vacunas y cuidarse entre ellos porque son esenciales e imprescindibles vanguardias revolucionarias que van a llevar al pueblo hasta la victoria siempre.

Hay algunos preciosistas del lenguaje que dicen que no vamos hacia Venezuela, que en realidad vamos hacia Santa Cruz. En términos generales, es más o menos lo mismo. El fracaso económico, social y político de Santa Cruz es la muestra más clara de lo que pretenden. Santa Cruz fue la cuna de los Kirchner y el banco de pruebas de un proyecto para toda la Argentina.

Me sorprende que mucha gente se sorprenda. Hace mucho que esto se veía venir y algunos se tragaron el verso de que volvían mejores y de que Alberto iba a moderar los delirios y el fanatismo destructivo de Cristina. Ahora se quieren cortar la mano con la que votaron. Ahora dicen que están desilusionados. Si son honestos intelectualmente, deberían reconocer que no quisieron, no pudieron o no supieron ver lo que era evidente. Pero nunca es tarde. Cristina nos quiere llevar a un régimen chavista pero todavía no lo pudo lograr. Por eso es rigurosamente cierto lo que dijo Santiago Kovadloff:“En las próximas elecciones, se juega el porvenir de la República”, porque el kirchnerismo apuesta a la destrucción del sistema”.

Está claro que el chavismo de Cristina avanza a toda velocidad. De nosotros depende, hasta donde llegará.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre.