Desagravio a los héroes de la salud

1184

Esta columna está dedicada a nuestros compañeros de radio, los doctores Daniel López Rosetti y Alberto Cormillot. Pero también, a todos los referentes de la excelencia científica en ese arte de curar como los doctores Pedro Ferraina, Luis Caro, Oscar Mendiz, Jorge Lantos, Eduardo Cavallo, Roberto Martingano, Fernán Quirós, Fernando Scazzuso, Conrado Estol, Ricardo Teijeiro, Alberto Crescenti y Jorge Carrascosa, entre otros héroes anónimos y esenciales a los que tenemos que homenajear siempre.

El último discurso de Alberto Fernández fue un capítulo más de su propia degradación a la que viene exhibiendo con obscenidad. Está claro que su fracaso ha sido integral. Hecatombe económica que sembró el país de desocupados, empresas quebradas e inflación descontrolada. Catástrofe sanitaria con casi 60 mil muertos, sin testeos suficientes y con apenas el 11,4% de la población vacunada. La inseguridad de robos y asesinatos crece con ferocidad y desde el gobierno tienen dos posturas: no hacer nada o favorecer a los delincuentes. Y ni hablar de la pandemia de impunidad que permitió que casi todos los ladrones y estafadores del Cartel de Cristina ya estén en libertad.

Cualquier gobierno, frente a semejante panorama, debería pedir disculpas al pueblo, ser humilde, prudente y poner todos sus recursos para tratar de reparar todo lo que han destruido.

Sin embargo el presidente que no preside, levanta el dedito, señala culpables en lugar de buscar soluciones y ofende y humilla a muchos argentinos.

Su último aporte a la bronca y la indignación social fue cuando responsabilizó de la segunda ola a los chicos que juegan a intercambiar barbijos o a los alumnos discapacitados que no entienden lo que les dicen sus maestras. Mentiras ridículas y torpes con el solo objetivo de explicar lo inexplicable que es el cierre de las aulas. La inmensa mayoría de los ciudadanos lo taparon con críticas muy duras. Fue especialmente cruel con chicos con capacidades diferentes que usan el barbijo mucho mejor que él que, con dos vacunas se contagió y no sabe quién lo contagió. Un verdadero mamarracho. Además, me gusta decir que los únicos discapacitados son los que no tienen corazón. Tal vez Alberto Fernández está padeciendo este problema cardiológico: no tiene corazón. Fue tanta su actitud hostil y agresiva, su falta de empatía que la emprendió contra los médicos y enfermeros cuando denunció que el sistema de salud se había “relajado”. ¿En qué país vive, Alberto? Los médicos y enfermeros son los únicos héroes de toda esa situación horrorosa? La respuesta contra Alberto fue masiva y demoledora. Fotos de médicos y enfermeros en la trinchera de las terapias intensivas y las guardias dejando hasta la última gota de sudor y de sangre para hacer el bien sin mirar a quien. Hubo respuestas emocionantes y otras estuvieron cargadas de bronca. Un médico amigo me envió un texto que se viralizó y, lamentablemente, no conozco a su autora. Pero acuerdo absolutamente con todo lo que dice y lo quiero compartir con ustedes a modo de desagravio. Dice asi, escuche: “El sistema de Salud se relajó”…y leo a muchos colegas enojados por esta frase, ¡pero si tiene razón!…¡claro que nos relajamos!
Hace muchos años nos relajamos…
*Nos relajamos el día que permitimos que nos denigren con sueldos que no alcanzan para pagarte un cursito de actualización…
*Nos relajamos el día que aceptamos que debíamos trabajar en muchos lugares para tener una vida medianamente digna…
*Nos relajamos cuando aceptamos que las obras sociales y prepagas ganen millones usándonos a nosotros y maltratándonos con honorarios vergonzosos…
*Nos relajamos el día que aceptamos que los mocosos de la Cámpora se vacunen antes que nosotros y que encima tengamos que estar rogando que nos habiliten un link en una página para poder anotarte en una lista para esperar si sobraba alguna vacuna y te la daban a vos….
*Nos relajamos el día que permitimos que mueran tantos colegas por el estrés de estar en un sistema de salud destruido pero que sirve de “caja” para muchos…
*Nos relajamos cuando decidimos mirar el beneficio propio sin importar el del colega, y entonces encontraron nuestra debilidad…porque unidos jamás nos hubieran pisoteado así…
*Nos relajamos cuando permitimos que ineptos manejen nuestro destino tomando una y otra vez decisiones incorrectas…
*Nos relajamos cuando mañana vamos a ir a trabajar por el mismo miserable sueldo de antes de la pandemia o porque aceptamos que nos ofendan con un bono de 5000 pesos que nunca te llego o que después te descontaron.

Así que…sí Señor presidente…tiene razón…nos relajamos, porque solamente relajados mañana muchos colegas que están en la primera línea de batalla van a ponerse el barbijo , las antiparras , los camisolines y van a atender a una ola de enfermos , con el riesgo de enfermar y morir, mientras usted , su vice y todos los inútiles que lo rodean debaten y se preocupan por como destruir más a la clase media, conseguir más votos en las próximas elecciones y de que manera pueden someter cada día más a la pobreza a este país , que definitivamente , no tiene solo su sistema de salud relajado…sino que tiene  a sus ciudadanos dormidos…
Soy cirujana…¿¿¿quiere que le cuente cuantos pacientes estamos operando fuera de termino, con malos pronósticos porque el genio que tenia de ministro junto a los genios de sus asesores, decidieron cerrar toda atención médica  sin pensar que además del virus existen otras patologías que también matan????
¿Sabe lo que se relajó además de nosotros? …el sentido común y la dignidad. Debería tener un poquito de dignidad y antes de hablar del sistema de salud privado tendría que pensar en cada una de las cosas que usted hizo en este tiempo…¿o no estaba relajado cuando invito a un velorio multitudinario?¿ O no prometió vacunas a millones y no cumplió ni el 10%? ¿Sabe que, sr presidente…a veces es mejor pensar antes de hablar…porque es verdad que estamos relajados…pero muchas veces el que esta relajado, de pronto, de golpe, de una sola vez SE DESPIERTA Y REACCIONA”.

Hasta ahí la médica cirujana. Yo le agrego un par de párrafos. Este desagravio a los héroes de la salud es porque ellos son los que viven en emergencia. Siempre atienden urgencias. Ahora muchas dificultades respiratorias. Ese es un síntoma clave del Coronavirus. “Me ahogo, no puedo respirar”, dice la gente desesperada. Y allí aparecen los que el presidente trata de relajados. Para tomar la fiebre y hacer un hisopado. Para evitar que el coronavirus se confunda con una neumonía o una bronquitis severa.

Le confieso que cada día que pasa siento más admiración por lo médicos y por todos los trabajadores de la salud. Hay un video que me conmovió hasta las lágrimas. No sé si lo vieron. Un médico regresa a su casa. Se lo ve agotado, después de una jornada interminable y estresante. Llega con su guardapolvo celeste y su hijito de 4 o 5 años va a buscarlo corriendo con los brazos abiertos para abrazarlo. “No, no”, le grita el médico para evitar que su hijo lo abrace. El nene se queda paralizado del susto. No entiende nada. Se congela su alegría por la llegada del padre al que seguramente ve muy poco. El padre se pone en cuclillas y se larga a llorar. Es desgarrador. Después de dar una batalla desigual y descomunal, ese doctor no puede tener ni siquiera el bálsamo de un abrazo y un beso de su hijito.

Ese médico es todos los médicos. Todos somos esos médicos y ese personal que nos cuida de verdad a todos y que no se relaja un solo minuto. Tal vez algún día Alberto Fernández pida disculpas por todas sus aberraciones. Tal vez algún día, cuando la pandemia termine, podemos ir a la puerta de los sanatorios y los hospitales y cantar el himno nacional argentino temblando de la emoción. Tal vez ese día, abrazados y sin barbijo podamos cantar eso de que “Al gran pueblo argentino, salud”.

EDITORIAL DE ALFREDO LEUCO EN RADIO MITRE