Bukele: “Si un Estado no combate la criminalidad, es porque el Estado es cómplice”

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Así se expresó el presidente de El Salvador, invitado a Costa Rica para anunciar la creación de una megacárcel. “El crimen es como un cáncer”, afirmó.


Durante el acto de colocación de la primera piedra de una megacárcel en Costa Rica, el presidente de El Salvador Nayib Bukele lanzó una advertencia directa sobre el avance del crimen organizado y la responsabilidad del Estado para frenarlo a tiempo. “El crimen es como un cáncer”, afirmó, al describir un proceso que comienza de forma silenciosa pero que, si no se enfrenta con decisión, termina convirtiéndose en un problema de vida o muerte para un país.

Invitado por el mandatario costarricense Rodrigo Chaves, Bukele expuso la experiencia de El Salvador, que pasó —según sus palabras— de registrar casi 4.000 homicidios anuales a ser “un país de paz reconocido internacionalmente”. El mensaje central fue claro: sin acción estatal firme, el crimen avanza hasta ocupar los espacios que deja la debilidad institucional.

Bukele sostuvo que las organizaciones criminales no irrumpen de manera abrupta, sino que se infiltran gradualmente. “Cuando no se les pone un alto, empiezan a tomar poder poco a poco, hasta convertirse en un gobierno paralelo”, explicó. Ese control territorial, añadió, les permite aterrorizar a la población, cobrar extorsiones y condicionar la vida cotidiana, debilitando al Estado desde adentro.

“Es un cáncer que crece en silencio”

El presidente salvadoreño reforzó su diagnóstico con una comparación contundente. “Cuando un cáncer inicia es casi indetectable… así pasó en El Salvador”, dijo. Relató que las primeras pandillas parecían inofensivas y que muchos minimizaron el problema hasta que la violencia se volvió indiscriminada. “Empiezan imperceptiblemente, luego hacen un pequeño daño, después un gran daño y finalmente destruyen todo”, advirtió.

Para ilustrar el nivel de brutalidad que puede alcanzar el crimen organizado, Bukele recordó un caso extremo: un pandillero que le cortó las manos a su propia abuela por negarse a pagar extorsión. El ejemplo buscó subrayar que, cuando el Estado pierde el control, no existen límites morales ni sociales para la violencia.

El Estado frente al “gobierno paralelo”

Aunque aclaró que la situación de Costa Rica no es idéntica a la salvadoreña, Bukele remarcó que el patrón criminal es el mismo. “Cuando la delincuencia se toma un país, existen dos gobiernos: el democrático y el de las pandillas o los narcos”, señaló. Ese doble poder, sostuvo, se consolida con control territorial y cobro sistemático de dinero a la población.

El diagnóstico llega en un contexto preocupante para Costa Rica, que en los últimos años enfrenta una guerra entre bandas narcotraficantes y cifras récord de homicidios. En 2024, el país cerró con 873 asesinatos, un dato que Bukele utilizó para advertir sobre las consecuencias económicas y sociales: cae el turismo, se retrae la inversión y la gente vive con miedo.

En ese marco, el mandatario salvadoreño insistió en que la pasividad estatal agrava el problema. “Si no se corrige, van a morir más costarricenses y estos grupos irán tomando el control poco a poco”, afirmó. Para Bukele, el punto de quiebre es político: decidir si el Estado impone la ley o permite que el crimen la reemplace.

El proyecto de la megacárcel —denominada Centro de Alta Contención de la Criminalidad Organizada (CACCO)— fue presentado por Chaves como una herramienta clave, aunque el propio presidente advirtió que podría quedar vacía si no hay reformas legales. “El miedo tiene que cambiar de lado”, sostuvo, al reclamar un accionar conjunto del Congreso, la Justicia, el Ejecutivo y la Policía. El mensaje final coincidió con Bukele: sin un Estado fuerte, el crimen avanza; con decisión política, puede ser contenido