Brutal ataque del Gobierno contra la justicia

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Casi no hay antecedentes de un ataque tan brutal y sistemático contra la justicia, por parte del gobierno nacional. Solo se recuerda algo parecido cuando Cristina intentó colonizar los tribunales con aquella reforma nefasta que fue abortada, inmediatamente, por la Corte.

Ayer con su catarata de tuits, Cristina dio la orden para que todos sus talibanes salieran con los tapones de punta. Acusó al máximo tribunal de dar “un golpe contra las instituciones democráticas elegidas por el voto popular”. Hay pocas cosas de mayor gravedad institucional que eso: una Corte golpista. A partir de ese momento, los cristinistas dispararon con munición gruesa y hoy en Ensenada, fue el propio presidente Alberto Fernández el que llevó el conflicto de poderes al borde del abismo.

Alberto los insultó de arriba abajo. Los ofendió de todas las maneras posibles. Calificó de “serviles de los poderosos” a los jueces en general y la Corte en particular.

Atropellando las palabras y los furcios, exaltado, Alberto, a los gritos y con el dedito apuntando a la cámara les dijo: “Basta. Paremos. Hicieron mucho daño. Elijan y voten al candidato a presidente que quieran pero no usen las sentencias para favorecerlo. Eso degrada el estado de derecho.”

En realidad lo que degrada el estado de derecho, y dinamita la división de poderes, es la reacción amenazante contra los integrantes de uno de los poderes de la Republica. Al revés de lo que dijo Cristina, es un intento de golpe contra el Poder Judicial que produce un debilitamiento gigantesco de la democracia. Es un paso más rumbo al autoritarismo chavista, o la autocracia feudal que hoy existe en Santa Cruz. De hecho los pasacalles del acto decían: “Democracia o Partido Judicial”.

Pero Alberto fue todavía más provocador. Repitió su adjetivo de “decrépito” que según la real academia tiene como sinónimos a: caduco, decadente y senil.

Alberto quiso disfrazar de unidad el acto y le dijo al periodismo que grabaran esa foto en donde estaba con Sergio Massa y Cristina aunque ninguno de ellos pronunció un discurso. Y allí, envalentonado, desafió: “no hay tapa de diario ni sentencia judicial” que evite que hagamos lo que tenemos que hacer.

En realidad es una interpretación mía del sentido que traía la frase. Porque se atragantó con los conceptos y le salió un mamarracho verbal.

Otra mentira fue cuando dijo que los medios de comunicación le cuestionaban a Cristina las cosas buenas que hacía mientras ellos estaban distanciados y que eso, lo acercaba a ella. Se nota que Alberto en su desesperación, cuesta abajo en su rodada, se olvida que existen archivos que son su peor enemigo. Nadie agredió ni criticó tanto a Cristina como él. Le dijo sicópata y calificó de deplorable casi toda su gestión.

Es tan grande la degradación de la figura presidencial y su sometimiento a Cristina que todo el show montado con el gobernador Axel Kicillof, parecía cartón pintado. Lucecitas montadas para escena. Alberto, acosado por su vice, insistió en malversar la interpretación de fallo de la Corte. Dijo que lo iba a acatar pero que no tiene que hacer nada porque la resolución fue sobre un DNU que ya no está en vigencia y que había caducado. No se le cayó la cara de vergüenza de casualidad. Ignoró que la Corte fijó claramente una posición para hoy, para el futuro y para todas las provincias que tienen autonomía para tomar sus decisiones. ¿Quieren obligar a que Larreta haga una nueva presentación sobre el nuevo decreto? Están perdidos, contra las cuerdas porque no tienen más vacunas y no saben a dónde ir a comprarlas.

La agresión más inhumana fue la de intentar responsabilizar a los jueces por los muertos de la pandemia. “Están jugando con la vida de los argentinos”. Faltaba un espejo en donde mirarse, porque son los Fernández lo que están jugando con la vida y la salud de los argentinos y es un juego macabro, mezcla de ineficiencia atroz e inflamación ideológica.

En su momento, Alberto le había dicho a Larreta sobre su DNU inconsulto y arbitrario: “Si no les gusta, vayan a la justicia”.

Y es lo que hicieron. Fueron a la justicia y le dieron la razón. Pero el fanatismo no entiende ningún tipo de razones. En un momento dijo que “nosotros no mandamos a perseguir a nadie y resulta que nosotros somos los tiranos y ellos los republicanos”. Otro olvido patético, otra amnesia parcial de sus propias palabras. ¿No se acuerda Alberto cuando aseguró que el mismo había sido perseguido por Cristina después que dejó el gobierno?

Le repito lo que le dije ayer: nadie le hizo tanto daño a Cristina como Alberto, cuando estaba en el llano y alimentaba a los periodistas con información negativa. Y ahora, como una mueca del destino, le digo que nadie le hizo tanto daño a Alberto como Cristina que le fue arrancando retazos de su investidura y de su poder. Lo fue vaciando lentamente. Le volteó ministros, le condicionó todas las estrategias políticas y ahora ni siquiera le dejó echar a un funcionario menor.

Para enterrarse más, el presidente que no preside, hizo un juego de palabras bastante elemental: “Si los jueces van a fallar como están fallando, solo fallan”. No le causó gracia a nadie. Ni siquiera a la presidenta de facto que estaba a su lado. Presidenta de facto la calificó Pepe Nun antes de morir y hoy lo planteó el doctor Daniel Sabsay. Es que de hecho, Cristina está gobernando la Argentina y tanto Elisa Carrió como Joaquín Morales Soló se refirieron al golpe palaciego que ella puso en marcha. La líder de la Coalición Cívica aseguró que Cristina está dando un golpe dentro de su coalición y el presidente de la Academia de Periodismo escribió que: “Tiene razón Cristina, los golpes ya no son como antaño. Ahora los vice presidentes suelen hacer golpes de palacio a los presidentes. ¿O acaso no es un golpe de palacio lo que ella le hace a Alberto con el tema de Basualdo?”. Y está todo dicho.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre