Basta de proteger delincuentes

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Reconozco que estoy absolutamente indignado. No puedo creer como el estado se encargó de destruir la vida de un hombre digno y honrado como Jorge Ríos. Estuvo tres días en el calabozo de una comisaría, pero ahora está en prisión domiciliaria, acusado de homicidio agravado. Está emocional y físicamente quebrado, con su familia hecha pedazos y con un futuro incierto.

Jorge Adolfo Ríos está del lado de los buenos. Tiene 71 años y está jubilado. Hasta hace unos días estaba dedicado a trabajar incansablemente y en forma honesta como herrero. Con esfuerzo y sacrificio pudo tener una casa sencilla, de barrio, al 2.700 de la calle Ayolas, en Quilmes. Sintió la satisfacción de todo padre que forma una familia decente y el orgullo de haber logrado levantar esa humilde casa con el sudor de su frente. Jorge sufrió y sufre, distintas enfermedades. Y aun así, salió adelante. Mandó sus hijos al colegio, pagó los impuestos, disfrutó de cumpleaños y de amigos y se cuidó en la cuarentena. Se podría decir que Jorge era feliz. Con poco o con mucho, según el cristal con que se mire. Tiene una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, un solo riñón, es diabético e hipertenso. Tuvo un infarto y nada le fue fácil. Pero apostó a la cultura del trabajo y la educación para sus hijos. Un hombre de bien, con sus sueños y frustraciones como todos nosotros.

Pero hace un par de días, el estado nacional, la provincia de Buenos Aires y la intendencia de Quilmes, no le dieron a Jorge la seguridad que todos necesitamos y 5 salvajes entraron a su domicilio en tres ocasiones. ¿Escuchó bien? Cinco delincuentes, barras bravas del fútbol entraron tres veces a su casa. Lo agarraron a trompadas, lo amenazaron con una faca, le clavaron un destornillador, lo arrastraron por el suelo y le dejaron la cara y parte de su cuerpo lleno de golpes y sangre.

En un descuido de los violentos asaltantes, Jorge tomó su pistola Bersa 9 milímetros y para defenderse pegó tres o cuatro tiros. De paso le aclaro que el arma está legalmente a su nombre y tiene todos los permisos. Franco Moreyra, de 26 años, uno de los delincuentes salió corriendo igual que sus cómplices, pero con dificultad porque se había doblado el tobillo al saltar del techo a la calle. Jorge los siguió porque al lado de su casa vive su comadre de 80 años, la madrina de su hijo y tuvo miedo que intentaran tomarla de rehén. Al parecer, ante las amenazas de muerte que el delincuente le hizo, Jorge le pegó dos tiros a Moreyra. Eso no está claro porque en las imágenes de las cámaras no se ve ningún fogonazo. Los 4 pistoleros huyeron despavoridos. Y un vecino le dijo a Jorge: “Vamos, vamos que nos van a matar a todos”. Es decir que el peligro seguía y que el delito se seguía cometiendo incluso afuera de su casa. Pstricia, una vecina salió por el ruido y le habló a Jorge que estaba ido, en shock, según declaró. El solo atinó a decir: “Llamá al 911”. Es una buena persona y lo conozco hace 20 años dijo la vecina.

¿Qué hizo el fiscal Ariel Rivas? Salió rápido a buscar a los delincuentes? No. Metió preso a Jorge y lo acusa de homicidio agravado. ¿Escuchó bien? Jorge estaba en su casa tranquilo, descansando, de golpe 5 energúmenos entraron 3 veces a su casa, lo cagaron a trompadas, lo torturaron con objetos punzantes y resulta que la víctima, Jorge, el herrero jubilado que compró su casita con tanto esfuerzo, está acusado de homicidio agravado. El mundo al revés. La víctima pasó a ser victimario. El fiscal Ariel Rivas dijo que Moreyra estaba en estado de indefensión. Me encantaría preguntarle al fiscal Ariel Rivas: ¿Y en qué estado estaba Jorge? ¿Se preguntó eso, fiscal? ¿En que estado estaba Jorge?. Estaba golpeado, sangrando, humillado, violado en su intimidad en tres ocasiones por 5 barras bravas, dolorido, en estado de emoción violenta, cagado de miedo y obligado a resolver en minutos una situación totalmente inesperada.

Jorge es un laburante, no un asesino. Lo dijo en una entrevista: “me siento mal, yo no nací para asesinar a nadie”. Los delincuentes fueron a su casa. Se metieron tres veces. Eran 5 barras bravas. El estado que no lo protegió obligó a Jorge a defenderse. Y ahora el estado lo mete preso a Jorge y lo acusa de homicidio agravado. Pero, ¿estamos todos locos? La justicia falsamente garantista que inoculó Zaffaroni como un veneno en la Argentina, protege a los delincuentes y jamás se pone del lado de las víctimas.

Por eso le digo, entre el estado que no le dio seguridad y que luego lo metió preso, a Jorge le arruinaron la vida. Su cabeza ya no será la misma. Esas imágenes se le aparecerán como fantasmas durante años. Su familia dijo: “No lo mató el ladrón pero ahora lo va a matar la justicia”. Y encima ahora tiene que malvender la casa que levantó con tanto esfuerzo porque ayer fueron los amigotes de Moreyra a buscar venganza a la puerta. Ya no podrá vivir en donde vivió toda su vida. Los buenos como Jorge se tienen que mudar porque Quilmes y gran parte del Conurbano es tierra de nadie.

“Sensación de inseguridad”, diría Aníbal Fernández. Mandan los delincuentes y muchos jueces y fiscales los liberan más rápido que un bombero. No tienen vergüenza ni dignidad para ejercer su profesión. Tienen que impartir derecho. Y no me vengan con la fría letra de la ley y los tecnicismos. Porque les falta sensibilidad y les sobra pánico. Tienen mil zonas grises en la ley y en lugar de colocarse del lado de los derechos humanos de las víctimas, protegen a los delincuentes. Siempre encuentran alguna vuelta para liberarlos. Y digo que tienen pánico a dos situaciones. A la venganza de los cómplices que después aprietan o amenazan a los jueces y fiscales. Y al qué dirán de los muchachos falsamente progresistas que todavía ven en un ladrón en patota o en un criminal a un subproducto de la injusticia del sistema capitalista.

Zaffaroni Básico. ¿Hasta cuándo van a seguir repitiendo esas boludeces de que la seguridad es una bandera de la derecha y de los ricos? ¿Jorge era rico? Era un humilde jubilado que fue herrero toda su vida. Y el estado bobo le arruinó su vida. Lo desprotegió, lo obligó a defenderse disparando un arma y ahora lo mete preso. Y ni siquiera le puede garantizar que nadie invada o le prenda fuego a su casa y por eso, su familia se tiene que ir a vivir a otro lado.

Sergio Berni, el ministro de seguridad, soldado de Cristina, se quejó casi de lo mismo que me quejo yo. Que los jueces dejan libres en dos minutos a los delincuentes. Ok. Estamos de acuerdo. Pero le recuerdo a Berni dos cosas. Primero que el responsable de la seguridad es el. Y segundo, que el principal culpable de haber instalado esta doctrina a favor de los delincuentes, es el doctor Raúl Eugenio Zaffaroni que integra la misma fuerza política que Berni y que también es un soldado de Cristina.

Y como si esto fuera poco, estos malandras peligrosos eran barras bravas y uno de ellos había sido liberado hace un par de meses gracias a la movida del gobierno al que pertenece Berni. Y otro tenía antecedentes como para hacer “dulce”, como el mismo dijo. Tendrían que haber estado presos. Y estaban libres. Dos de los salvajes están detenidos y dos prófugos. Los barras violentos y muchas veces narcos, tampoco fueron combatidos por el cristinismo. ¿Se acuerda de la agrupación hinchadas unidas? ¿Y del Vatayón militante que sacaba presos para llevarlos a actos políticos disfrazados de culturales? Por algo los Fernández ganaron por paliza las elecciones en los penales. Porque saben que esa fuerza, simpatiza y favorece a los que cometen delitos.

No puedo creer que Jorge Ríos este preso y acusado de homicidio agravado. No quiero entrar en la discusión de la letra fina de las leyes y los artículos y los incisos. O que la legítima defensa es solo para el perímetro de su casa o hasta que el peligro cese. Hay bibliotecas para un lado y para el otro. Le aclaro que no estoy de acuerdo con la justicia por mano propia, ni propicio que los ciudadanos anden armados. Pero me duele el alma ver lo que le pasa a un compatriota que siempre respetó las leyes.

Quiero decir que el estado bobo le arruinó la vida a un argentino honrado y trabajador. Porque el estado no cumplió con ninguna de sus obligaciones. ¿Y los organismos de derechos humanos que tienen puesta la camiseta de Cristina, tampoco dicen ni hacen nada? Deberían ayudar, entender, comprender y contener a Jorge. Pero no están. Los nuevos organismos como Usina de Justicia o las Madres del dolor si están. Los viejos organismos se quedaron en el tiempo de la militancia por Cristina y no les interesan los derechos humanos de hoy.

Terminemos con los derechos torcidos que diseminó la doctrina Zaffaroni por las aulas y los tribunales. Necesitamos urgente que se haga justicia. Y no demagogia barata y criminal. Castiguemos a los que nos matan y cuidemos a los que nos cuidan. Y a los que se cuidan por sí mismos. Porque si no, ¿Quién nos va a cuidar?

Jorge fue víctima de la inseguridad galopante. Y ahora es victimario. Está preso, acusado de homicidio agravado que tiene una pena de 10 a 25 años. ¿Hasta cuándo vamos a seguir con esta locura que destruye la vida de la gente decente, como Jorge Rios?

Editorial de Alfredo Leuco en