Alberto, más cristinista que Cristina

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Alberto Fernández reacciona peor que Cristina. Está atravesando un pésimo momento: se desploma en las encuestas y, sin embargo, radicaliza sus declaraciones y degrada sus acciones. Alberto no escucha las exigencias de las multitudes, ni las de la oposición, ni de gran parte de la justicia. En lugar de parar la pelota, reflexionar y recalcular el rumbo caótico del gobierno, igual que su jefa, redobla la apuesta, niega la realidad y acelera hacia el precipicio donde lo espera un gigantesco conflicto de poderes.

Alberto se muestra más cristinista que Cristina y aun así Cristina le sigue comiendo piezas y complicándole la vida. Hasta su ex socia y gran amiga, Marcela Losardo, la ministra, está en medio del fuego amigo de la vice presidenta que le pide que no se borre, que defienda con energía la reforma judicial. La acusan de estar escondida y es cierto. Vilma Ibarra apreció tímidamente y Gustavo Béliz no sabe no contesta y no aparece.

Es tan evidente el tema que, a partir de esta mañana, Jorge Lanata decidió llamar vicepresidente a Alberto Fernández. Los gritos no me van a doblegar. El que grita generalmente no tiene razón. Esa fue su respuesta a la protesta social más grande, que padeció el gobierno, pese a que hace apenas 8 meses que asumió.

Así confirma que los dos principales enemigos de Alberto son el archivo y Cristina. Con un solo video certifica ambos argumentos. Fue durante el programa de Nelson Castro en TN. Alberto había participado de la marcha del 18 de abril de 2013 contra Cristina e hizo un balance demoledor contra ella y que, ahora, se vuelve como un boomerang contra él. ¿Qué dijo Alberto? Que Cristina “es mentirosa y que piensa que las cosas malas hechas por ella, son buenas”.

Tal vez ahora siga pensando lo mismo. Pero no lo puede decir. O no lo quiere decir. Está atrapado sin salida. Eso hace que la situación institucional y la investidura presidencial entren en un deterioro inquietante. Si Alberto rompe con Cristina, se quedaría sin respaldo político, sin funcionarios y sin legisladores. Un suicidio político. Pero como no rompe, Alberto se transforma cada vez más en Cristina e incluso, tiene actitudes peores. Una muerte política lenta.
La presunta astucia táctica para ganar las elecciones, ahora son arenas movedizas. Es decir que mientras más se mueve, más se entierra.

Cayó en una provocación cargada de insensatez inhumana. Dijo que “al país le fue mejor con el coronavirus que con el gobierno” de Macri. Mario Negri lo cruzó con un argumento demoledor: “Es lo mismo que decir, que le va mejor con la muerte que con la vida”.

Más de 7 mil argentinos muertos por el maldito virus, una pandemia criminal que todavía no terminó, un millón de personas que perdieron su trabajo, multiplicación de la pobreza, empresas pymes destruidas por la hecatombe económica, inseguridad sanguinaria y galopante y angustia emocional en los hogares, pintan un escenario negro que casi no tiene antecedentes en la historia. Y Alberto, al que algunos todavía siguen considerando una persona moderada, dice que ahora estamos mejor que con Macri. Una chicana barata y cruel que demuestra el nivel de deterioro de su comportamiento.

Por momentos, parece que Alberto volcó. Que Cristina lo pasó por encima con un tren. Que no solo se apoderó del comando de la Nación. Si no que además, disfruta de enrostrarle la decadencia. El filósofo y gran periodista, Miguel Wiñazki lo puso en palabras: “Parece un romance político sadomasoquista”.

Alberto no se quedó conforme con esa comparación que es una puñalada por la espalda a los familiares de los muertos por el covid. Declaró que “Macri le recomendó que no impusiera la cuarentena y que se murieran los que se tengan que morir”. Esto superó todos los límites. Es gravísimo. Denunció que Macri se lo planteó en una comunicación telefónica privada. Es tan irracional esa acusación que Alberto, debería probarla. Si tiene la grabación o alguna forma de certificar semejante salvajada, Macri debería ser repudiado. Pero si Alberto no lo puede probar, quedaría como un canalla hecho y derecho. El ex presidente Macri lo negó rotundamente. Dijo que esa era una versión falsa y que la conversación fue solo para apoyar a Alberto en un momento tan complicado para todos.

Se trata de una degradación de la condición humana. Imaginen la implosión del sentido común en el debate público. Cualquiera podría decir cualquier cosa. Un diputado del Pro, por ejemplo, podría decir que “Alberto le dijo en una charla privada que “la cosa no es tan grave porque los que más se mueren son los pobres y los viejos”. Que se yo, estoy inventando. Lo pongo solo como ejemplo.

Tal vez el ex fiscal Pablo Lanusse, una persona intachable en su ética, en un tuit, no anduvo con eufemismos: “Cada vez más cerca de la dictadura chavista. Sin justicia independiente, con mordaza a la prensa libre, sin respeto a la propiedad privada ni a nuestras libertades, ni a la Constitución, perdemos los estándares de una sociedad democrática y la esencia misma de la República”.

Joaquín Morales Solá, es un colega muy respetado (el presidente de la Academia de Periodismo), que siempre se destacó por su responsabilidad, describió con todas las letras un panorama fatal: “¿Qué hacer con una socia que arruina el negocio?”, se preguntó en su columna de La Nación. Reveló que Cristina le ordenó a Alberto: “Matalo a Gerardo”, por el gobernador Morales de Jujuy, provincia que está atravesando un cimbronazo con contagios y muertes en aumento.

Otra vez el intento de aprovechar en forma oportunista algo sagrado como es la vida y la muerte. Crece en el gobierno el peso del Frente para la Venganza y la Agrupación para la Impunidad. Y lo que más asusta de la reflexión de Joaquín es que plantea la posibilidad de que la agenda de Cristina se lleve puesto a Alberto. Y cierra con una pregunta al presidente: “¿Que quiere Alberto? ¿Quedar en la historia como otro presidente que no fue?”.

Esto me lleva a pensar que somos muchos los que pensamos que el plan de Cristina es avanzar contra viento y marea y contra las instituciones. Y tirarle el fardo a Alberto, si el resultado electoral del año que viene, como parece, es catastrófico para los Fernández. Decir que fue Alberto el que fracasó. Que fue muy tibio, que no expropió Vicentín, que no ayudó a descabezar a los jueces que la persiguen ni a limpiar su prontuario, que no puso el impuesto a la riqueza y que por lo tanto, ahora le toca a ella.

Ojalá me equivoque. Pero Cristina muestra ese rumbo. Presionar al máximo a Alberto y obligarlo a que se enferme y pida licencia o renuncie. Insisto: es apenas una especulación o una conjetura política que hago. Pero es lo único que explicaría el embate feroz y sin pausa de Cristina contra todo lo que sea cumplir las reglas. Y además, ya le conté que esto de sacar a las autoridades que ellos ayudaron a consagrar ya lo hicieron dos veces en Santa Cruz: entronizaron a Carlos Sancho y a Sergio Acevedo como gobernadores y cuando le dejaron de ser útil, los destituyeron. Use y tire. Ese es el lema de Cristina.

Por la salud institucional de la Argentina, ojalá esto no se confirme. Pero es un intento de explicar porque Cristina hace lo que hace y se aisla cada vez más y se pone cada día más autoritaria. ¿Quiere chocar el barco y echarle la culpa al timonel? Algo similar, aunque no lo mismo, dice Morales Solá cuando interroga que hacer con una socia que arruina el negocio. La pregunta puede plantearse al revés, mirada desde el Instituto Patria. ¿Qué hacer cuando Alberto arruina el negocio?

Intrigas y conspiraciones palaciegas. Fuego amigo, todo el tiempo. Gobierno de científicos las pe… lucas.
No paramos de sorprendernos. Fernando Laborda citó una frase irónica y filosa como una navaja de Jorge Luis Borges: “Los peronistas son una maravilla: tienen todo el pasado por delante”.

La degradación de Alberto es la noticia de la semana. Cristina le respira la nuca y Alberto, huye hacia adelante.
Las últimas encuesta, muestran a ambos con una caída en picada. El diputado Waldo Wolf, en las redes hizo su radiografía de toda la situación: “Con este sistema de gobierno, sus jardineros, volverán a tener helicópteros, sus choferes, canales de TV, sus secretarios, propiedades en Miami, y sus cajeros, empresas constructoras y nuestros gobernantes, manejarán esta revolución, desde sus propiedades injustificables de Puerto Madero”.

La frutilla del postre fue el encuentro que Alberto y señora tuvieron con Hugo Moyano y señora en Olivos. Sin barbijos, sin distanciamiento y sin vergüenza. El sindicalista con mayor desprestigio de la Argentina, pero el preferido del presidente, violador serial de las reglas, en el corazón formal del poder. Esto también es una señal política nefasta. Y digo poder formal porque el centro del poder está en Uruguay y Juncal, donde por ahora, vive Cristina. Justo lo que Alberto no quería. Casi casi la confirmación de aquella frase que dijo en el programa de Nelson: “Cristina cree que las cosas malas hechas por ella, son buenas”.

A confesión de partes, relevo de pruebas. Está confirmado: volvieron mucho peores. Y Alberto, reacciona peor que Cristina.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre.