Mujeres iraníes, valientes y a cara descubierta

445

Es emocionante la revolución que están generando las valientes mujeres iraníes. Lo hacen en defensa propia y a cara descubierta. El equipo de fútbol femenino se negó a cantar el himno como una forma de protesta. Esa decisión pacífica se convirtió en un emblema que recorrió el mundo libre.

El régimen terrorista de estado de los Ayatollas las acusó de “traidoras en tiempo de guerra” y juró que las castigaría de la peor manera. Primero 5 chicas y luego 7, solicitaron asilo en Australia y se quedaron en ese país. La última, bajó del avión que las llevaba a Teherán porque sus padres le pidieron por teléfono que no regresara porque la iban a fusilar. ¿Escuchó bien? La iban a asesinar por el solo hecho de no cantar el himno en una cancha de fútbol. Muchas deportistas regresaron porque sus familias fueron amenazadas.
Lo primero que las jugadoras hicieron fue sacarse fotos sin el hiyab.

  1. Para la mayoría de las mujeres iraníes, quitarse el pañuelo de su cabeza o el velo de su cara, es un gesto de resistencia. Es la rebeldía individual. Es como romper las cadenas de la opresión. Pero eso trae consecuencias terribles. Pueden ser encarceladas o peor aún, asesinadas. Semejante coraje me remitió a Narges Mohammadi, la periodista e ingeniera que recibió el premio Nobel de la Paz por su lucha contra la dictadura teocrática y por los derechos humanos.

¿Se da cuenta de lo que estamos hablando a esta altura del siglo XXI? ¿Escuchó? Narges fue arrestada 13 veces, condenada 5 y actualmente sigue presa en el tenebroso penal de Evin. Insisto: premio Nobel.

Hoy detenida. Y como si este primitivismo criminal fuera poco, Narges fue condenada a 154 latigazos. ¿Mató a alguien? ¿Puso una bomba? No. Solamente ejerció la libertad de expresión.
Lo que pasó en Australia fue un gesto que debería despertar la admiración y el apoyo de todos los que aman la libertad y de los que defienden los derechos femeninos. Pero en Argentina, la marcha de “Ni una menos”, hizo todo lo contrario. Levantó banderas de complicidad con dos mujeres condenadas por corruptas por la justicia democrática que fue ratificada por la Corte Suprema de Justicia. Pidieron la libertad de Cristina y Milagro Sala.

Parece mentira pero es la cruda realidad. Ese colectivo, que alguna vez convocó a multitudes de mujeres independientes, hoy está copado por las extremistas del kirchnerismo y el trotskismo. Por eso cada año su movilización es más raquítica. Han espantado el sentido común con su ideologitis jurásica y reaccionaria. Miriam Bregman, ultra izquierdista y antisemita levantó la bandera de Palestina en un claro apoyo al grupo terrorista Hamas.

Sus militantes cantaban “somos hijas de Gaza” y “Palestina será libre, del rio al mar”, que es la consigna de los criminales que invadieron el territorio de Israel el 7 de octubre de 2023 y masacraron a más de 1.200 civiles desarmados. La referencia es al río Jordán y el mar Mediterráneo, es decir que proclaman su intención de borrar de la faz de la tierra al único estado judío del mundo y a la única democracia plural y liberal de la región.

Sobre las mujeres violadas en Israel por los terroristas y sobre los crímenes y latigazos contra las revolucionarias iraníes, las que se auto perciben como feministas argentinas, no dijeron una sola palabra. Silencio cómplice. El dogma y el fanatismo, no les permite ver la realidad.

De hecho miran con simpatía a los criminales de lesa humanidad del clan Jamenei y celebraron dictaduras brutales a punto de caer como Venezuela y Cuba. Vergüenza ajena.

Esto que planteo es uno y solo uno de los temas que se están jugando en la guerra contra Irán. Casi todos los países democráticos apoyan la intención de liquidar los misiles balísticos y su capacidad de construir bombas nucleares. El propio argentino Rafael Grossi, presidente de la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica) hoy dijo que Irán aún tiene suficiente cantidad de uranio enriquecido como para hacer diez bombas nucleares”.

Concretamente, todavía poseen 440 kilos de uranio enriquecido al 60% y en una semana lo pueden convertir en un peligro para toda la humanidad.

Lo mejor que podría pasar en esta guerra sería que cayera el gobierno y que fuera reemplazado por un mecanismo de transición hacia la democracia. No es fácil que eso ocurra. Es otro de los objetivos de Estados Unidos e Israel. Por eso ya descabezaron a toda la cúpula política, militar, religiosa y científica. Pero, por ahora no alcanza.
La esperanza es que el valiente pueblo persa, encabezado por mujeres como las futbolistas o Narges, voltee al gobierno con movilizaciones multitudinarias.

El temor es muy grande porque la última vez que ocurrió eso, las fuerzas militares, fusilaron a sangre fría a más de 30 mil personas, según los cálculos más moderados.
Ojalá los iraníes opositores puedan tomar la historia en sus manos.
Para que todos los presos sean liberados, para que las mujeres no sean rehenes de la violencia y el maltrato y para que la banda de Ali Jamenei y de su hijo y heredero, sean juzgados y castigados con todo el peso de la ley.
Así Irán podrá retomar el camino de su cultura milenaria, y se podría sumar a los Acuerdos de Abraham junto a Israel, Emiratos Árabes, Jordania, Arabia Saudita, Egipto y otros países que aspiran a una convivencia pacífica y al crecimiento del progreso para toda la población en la región.

Si ese día llegara, podríamos decir con León Felipe que “la política será una canción”.