Máximo poder y corrupción

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¿Dónde está Máximo? ¿Qué pasó con el príncipe heredero de la dinastía Kirchner? Brilló por su ausencia en Ensenada, en la “foto de la unidad”, como pidió que la titulen el presidente Fernández. Hace varios días que Máximo no aparece públicamente, aunque sus soldados de La Cámpora siguen avanzando sobre las cajas millonarias y los cargos estratégicos del estado.

¿Dónde está Máximo? Según Eduardo Van der Kooy, escribió en su columna de Clarín “el diputado pasó las últimas dos semanas en Santa Cruz, en una cura de estrés”.

El colega Martín Rodríguez Yebra en La Nación, lo ubicó en el mismo lugar geográfico y por el mismo tiempo y agregó que Máximo, está preocupado por algunos intendentes del conurbano que lo estarían traicionando. Es que obtuvo una victoria a lo Pirro en el Partido Justicialista bonaerense. Es cierto que se apoderó de la presidencia a los empujones y de prepo. Pero no le salió tan bien la jugada: no podrá asumir hasta diciembre, cuando terminan el mandato legal las actuales autoridades.

¿Ese trago amargo le habrá producido el estrés que fue a curar a Río Gallegos? ¿Fue realmente una cura de estrés o algún otro tipo de tratamiento? Como siempre, hay mucha oscuridad en la información blindada que deja trascender La Cámpora, la guardia de hierro de Cristina.

Otra rabieta que pudo haber estresado a Máximo fue la comprobación de que en toda la cadena del escandaloso laboratorio de hisopados obligatorios y muy caros de Ezeiza,  aparecen siempre militantes de La Cámpora y gente de confianza de Mariano Recalde y Wado de Pedro, dos de sus lugartenientes.

Y como  si esto fuera poco, el fiscal Eduardo Taiano pidió más datos de Máximo sobre su multimillonario patrimonio en la causa por enriquecimiento ilícito. Investigan si hubo inconsistencias en su última declaración de bienes de 292 millones de pesos. Se sabe que pidió 5 cuotas para pagar el impuesto a la riqueza. Silvina Martínez, la abogada especializada en el combate contra la corrupción, denunció que los bienes del jefe del bloque de diputados oficialistas, en realidad, ascienden a 25 millones de dólares.

La orga de Máximo tuvo gran participación en el tráfico de vacunas.

Muchos de sus militantes violaron las reglas y la ética y se aplicaron las inyecciones mientras celebraban en las fotos y en las redes, con los dedos en “ve” como si hubieran tomado el palacio de Invierno. En la provincia de Buenos Aires son cómplices del desastre que generó Axel Kicillof con una vacunación militante y de una lentitud exasperante. Es verdad que le hicieron el aguante con éxito al amotinamiento de Federico Basualdo, pero dejaron heridos de muerte política a Martín Guzmán y al propio presidente Alberto  Fernández.

En estricto off the record transmitieron dos conceptos típicamente mafiosos después de bancar a Basualdo: “A nosotros no nos toca nadie” y “Nadie se va del gobierno sin que nosotros lo autoricemos”. Más que disciplina partidaria vertical se parece mucho a una amenaza del hampa o la camorra.

Máximo ya tiene 44 años. Ya no es un pibe. Es un magnate que sigue utilizando ese look setentista, de pelo largo, barba desprolija y campera. Es un señor grande al que no se le conocen trabajos anteriores ni estudios superiores.

Cristina no se fija en gastos para intentar que su hijito del alma sea presidente en el 2023. Para su cumpleaños le regaló la presidencia del “Pejota” de Buenos Aires.  Es la única forma de garantizar la continuidad del nacional populismo chavista y de asegurar que Cristina logre su impunidad tan deseada y sea consagrada la mujer más honesta de la historia argentina.

En diciembre de 2019, Alberto todavía no había asumido y ya había pegado su panquequeada monumental, cuando vaticinó que Máximo lo iba a suceder. “Ojalá  que Máximo sea el próximo presidente. Es un chico maravilloso, criterioso, razonable y moderado”.

¿Tanto le piden a Alberto? Las urnas, como siempre, dictarán su veredicto.

Máximo vivió todos estos años firmando balances y poniendo su apellido en las estafas que hicieron sus padres. No pudo terminar la carrera de periodista deportivo en una academia privada. Pero no es un negado en la política. Supo usar su apellido como llave para convertirse en uno de los dirigentes más poderosos de la Argentina. La agrupación que fundó, La Cámpora, controla casi todos los lugares claves donde hay montañas de dinero o posibilidades de multiplicar la militancia en el territorio. Tiene mucha plata y un gigantesco aparato de movilización rápida. Es pragmático como su padre en las alianzas y no tiene problemas digestivos para elogiar a Chávez o Fidel Castro, ningunear a José Ignacio Rucci y simultáneamente, abrazarse a derechosos mafiosos como los Moyano o a directamente fascistas. No le hace asco a nada que tenga que ver con la acumulación insaciable de poder y de dinero. En eso es igual a sus padres. Es un caso único en el mundo. Néstor y Cristina gobernaron este país durante más de 12 años. Con Alberto en el gobierno y Cristina en el poder, los K van a completar 16 años en la Casa Rosada. Así nos fue. La idea es que Máximo complete las dos décadas con las que habían soñado sus padres hasta que la muerte de Néstor alteró los planes. Pregunta chicanera:

¿Cuántos años tendrá Néstor Iván en el 2027, el nieto de Cristina cuando Máximo termine su segundo mandato? Algunos ya están preparando los afiches. “Volvió Néstor. Votá a Néstor Iván y siguen los Kirchner”.

Por ahora, Máximo tiene estructura militante pero padece el mismo rechazo y apoyo que su madre.

Esta suerte de monarquía absolutista y hereditaria del reino de Santa Cruz necesita una agencia de colocaciones y de vigilancia. Ese es el rol de La Cámpora.

Máximo Kirchner es quien, según declaró Leonardo Fariña por televisión, también era de los que recaudaban dinero entre los empresarios. Máximo bajó mucho de peso, pero todavía se le podría decir la histórica frase de Raúl Alfonsín: “A vos no te va tan mal, gordito”. Es un millonario que dice combatir a los millonarios.

Máximo está procesado por asociación ilícita y lavado en la causa Los Sauces y por blanqueo de activos en Hotesur. Los que decían ser los pibes para la liberación, terminaron siendo los muchachotes para encubrir la corrupción.

Son la gendarmería de la ideología y la pureza del cristinismo. Son los gerentes del modelo. Los dueños de la marca Cristina.

Máximo es el encargado de hacerle el test para chequear que Alberto no haya contraído el virus del neoliberalismo. Lo presionan para que vaya a fondo de una vez por todas para indultar a Milagro Sala, Amado Boudou y el resto de los funcionarios corruptos y para que le ponga límites a los medios hegemónicos que según ellos son la nueva forma de la dominación. El Máximo poder y corrupción nos lleva a la principal incógnita que los argentinos deberemos develar en las elecciones:

Máxima democracia o el Príncipe Máximo.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre