Más chavismo K, menos democracia

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Son tantos y tan graves los dramas argentinos que cuesta identificar cual es el principal desafío que tenemos. Por convicción, pienso que el general don José de San Martín nos dio la respuesta: “Seamos libres, lo demás no importa”. Ese es el ADN del país que debemos construir. Primero, la libertad. Es el cimiento sobre el cual debemos edificar nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos. Con libertad, todo es posible. Sin libertad, nada es posible. Por eso creo que hay dos personas que son ejemplo de honradez y ética, que encontraron las mejores definiciones de la etapa que estamos atravesando.

Elisa Carrió que advirtió el peligro del golpe de estado parlamentario y Pablo Lanusse que dijo una verdad grande como la Patagonia: “Ganar una elección, no autoriza a destruir la República”. Es que todos los días, el cuarto gobierno kirchnerista da un paso más en dirección hacia Venezuela. Tienen una concepción chavista de las cosas. El diputado Fernando Iglesias, sentado en su banca como todos los de Juntos por el Cambio, lo definió en un tuit: “Yo estoy en el recinto, pero ausente y Leopoldo Moreau, está durmiendo en su casa, pero está presente en el mundo y el Congreso del revés”.

Todo, lamentablemente cierto. Moreau, desparramado en un sillón roncando una siesta en pantalla y un delirio y un atropello la sesión que quedará en la historia de los escándalos más inquietantes del Parlamento. Carrió calificó al presidente de la Cámara, Sergio Massa como “un golpista y un oportunista, que se merece una denuncia penal por Traición a la Patria, art 29 y 36 de la Constitución Nacional”. Por eso el repudio en las redes fue tan masivo y simultáneo que el hashtag “Golpe de estado K” fue tendencia mundial. A la una de la madrugada, mucha gente estaba poniendo el pecho en la calle y ovacionando a los legisladores de la oposición que iban saliendo del recinto. Hasta el actor republicano Alfredo Casero, se había convertido en un tribuno de la Constitución y arengaba a los ciudadanos indignados.

Por supuesto que esa farsa que aprobó dos leyes con el apoyo de la izquierda jurásica y la fuerza que conduce Roberto Lavagna, va a ser impugnada en la justicia. Porque sesionaron en forma virtual sin el protocolo correspondiente porque el que existía estaba vencido desde el 4 de agosto. Tiene que quedar claro que el reglamento no es una pavada sin importancia. Senadores y diputados se manejan con normas que tienen rango constitucional. Y por lo tanto, como dijo Federico Pinedo “ violar esos reglamentos, es violar la Constitución que los diputados juraron respetar”.

Lilita, la jefa espiritual de la Coalición Cívica hizo declaraciones explosivas. Ella misma llamó al programa de Nicolás Wiñazki para alertar sobre “el virtual estado de sitio”. Pero Carrió también fue a fondo contra el resto de los despropósitos que comete el gobierno de los Fernández. Dijo que los responsables de las tomas y usurpaciones de terrenos y casas, “son la izquierda, La Cámpora y algunos amigos del Papa”, en obvia referencia a Juan Grabois. Este tema merece un capítulo aparte porque la ministra de inseguridad, Sabina Fréderic, envió una señal nefasta a la sociedad. Porque estamos hablando de un delito de una violencia inusitada que puede provocar un enfrentamiento armado entre compatriotas y según ella, “se trata de un problema de déficit habitacional”. No entiendo cómo es que Fréderic sigue todavía en el cargo y no la renunciaron ni como el presidente Alberto Fernández mantiene su silencio cómplice. Son cuestiones fundacionales de la vida democrática y la convivencia pacífica. Si el estado no resuelve que se cumpla la ley y no castiga al delincuente que la viola, se abre una caja de pandora terrorífica que puede terminar en la ley de la selva, en la justicia por mano propia.

Carrió también fustigó al presidente Alberto Fernández pese a que dijo que tenía que respetarlo por su investidura. Pero no se privó de decir que es un “charlatán sin moral, un operador de segunda que cambia de opinión según la ocasión y que se dio un abrazo mafioso con Hugo Moyano”. Y también denunció que los soldados del narcotráfico en el conurbano con mayor exclusión social, son los punteros del Partido Justicialista.

Este panorama terrible, instala una gran inquietud de los ciudadanos que en todas las encuestas colocan al tope de sus preocupaciones a la inseguridad criminal y a la corrupción de Cristina, sus hijos y el Cartel de los Pingüinos. Inseguridad y corrupción, en muchas encuestas, aparece por encima del drama de la hecatombe económica y del pánico al contagio del virus.

Fue emocionante escuchar la intervención de la diputada cordobesa Soher El Sukaría que le dijo en la cara, con respeto pero sin eufemismos, todo lo que pensaba del atropello de Sergio Massa. Lo acusó de utilizar engaños y ardides y de funcionar a los telefonazos de Cristina. Mario Negri, su coterráneo dijo que “se rompió el único espacio de diálogo que existía” y Joaquín Morales Solá utilizó una metáfora futbolera. Dijo que el presidente de la Cámara” debe actuar como un árbitro y actuó como un barra brava”. Es que se están llevando puestas las instituciones. El operativo de cooptación y domesticación de la justicia avanza a paso redoblado y tambor batiente. Y ahora quebraron el sagrado Parlamento donde están representados el pueblo y las provincias. Carrió explicó que los fueros existen para garantizar que nadie le impida el ingreso a la Cámara a ningún legislador y no para “que delincuentes presidan un poder del estado”, en obvia referencia a Cristina. Y remató asegurando que “este no es un gobierno de científicos, es un gobierno de guarangos, vulgares e ignorantes”.

Hace poco le hablé del regreso del huracán Carrió. En ese mismo proceso de vuelta a los principales escenarios de la política está Ernesto Sanz, ex presidente del radicalismo. Es que el cristinismo juega fuerte y pone en riesgo el régimen democrático porque no respeta nada ni a nadie. Vamos por todo y el rencor, son los dos principales motores que mueven a Cristina. Necesita lo antes posible que esa Reforma Judicial por la Venganza y la Impunidad sea votada lo antes posible. Por eso ayer, Sergio Massa abrió las puertas para que mediante sesiones remotas se trate cualquier tema. Esa fue la trampa. Esa es la trampa. La segunda parte de este esperpento legislativo es meter por la ventana esa maldita reforma, traje a medida de los corruptos de estado.

Y mucho cuidado con que no utilicen este cheque en blanco para destituir a Eduardo Casal, para bombardear definitivamente a los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi y no reciban con alegría el consejo de la comisión Beraldi de que amplíen los miembros de la Corte Suprema. Falta que coloquen un afiche de Hugo Chávez en todas reparticiones públicas. El avance antidemocrático fue brutal. La tensión es muy grande. Tal vez por eso Carrió dijo que “de acá me van a sacar a la cárcel o a donde sea, pero de la Argentina no me muevo. No vamos a hacer la experiencia de Venezuela”.

Anoche la grieta se profundizó entre los que creen en la democracia republicana y los que apuestan al nacional populismo autoritario. Nadie debería subestimar el daño que Cristina y sus talibanes pueden hacer. Ellos construyen más chavismo y del otro lado le responden edificando más democracia. Sergio Massa anoche dio un paso más para convertirse en un soldado de Cristina. Ella lo insultó brutalmente en su momento y él supo prometer que iba a meter preso a los corruptos y que iba a barrer con los ñoquis de La Cámpora. Hoy es la mano derecha de Máximo Kirchner y el ejecutor de esta patoteada parlamentaria. Quien quiera oir que oiga, antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Por suerte hay una parte muy importante de la sociedad atenta y dispuesta a defender la libertad con uñas y dientes. Con resistencia pacífica. Erguida frente a todo, gran parte de la Argentina se volverá de hierro para endurecer la piel. Como dice nuestra cortina y arenga: “Resistiré para seguir viviendo. Soportaré los golpes y jamás me rendiré”. Esa canción hoy es un compromiso y un juramento. Por un país sin corruptos ni golpistas. Viva la patria, carajo.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre