Luciani no genera odio; genera esperanza

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Cuesta abajo en su rodada, el cristinismo multiplica sus mentiras. Nos quieren convencer de una falsedad gigantesca. Dicen que el fiscal Diego Luciani generó odio con su alegato. Y es todo lo contrario. El valiente fiscal, con su riguroso aporte de tres toneladas de pruebas, generó esperanza de que la justicia condene de una vez por todas a Cristina. Porque fue la jefa de una asociación ilícita que saqueó al estado. Lo dice la justicia.

Dicen además que ese odio generado por Luciani, finalmente se expresó en el energúmeno que intentó asesinar a Cristina. Y que los medios y algunos periodistas también generan el odio que cargó la pistola Bersa. También en este punto es todo lo contrario. Un sector de los medios de comunicación y del periodismo independiente lo que trata de hacer, es iluminar siempre las zonas oscuras del poder (de todos los poderes) donde florece la corrupción de estado. La prensa profesional trata de denunciar los avances autoritarios de un cristinismo que cada día se parece más a un nacional populismo chavista. Eso no es odio, es esperanza en que los ciudadanos, con toda libertad y en uso de sus facultades mentales, elijan en las urnas al mejor de los gobiernos posibles.

El propio presidente Fernández en su discurso apuntó contra la justicia, la oposición y los medios como fabricantes de odio. Eso abrió la puerta para que otros se pronunciaran con toda obscenidad.

Axel Kicillof, gobernador que no funciona en una provincia sembrada de dramas sociales, dijo textualmente: “El alegado del fiscal Luciani, en esa causa trucha, sin prueba alguna, desencadenó esta fase del conflicto social”.

Sergio Palazzo, el sindicalista de los bancarios, tal vez el más querido por Cristina, llegó a plantear en Twitter que “los cultores del odio desde los medios hegemónicos y el fiscal Luciani tienen que hacerse cargo  del atentado a Cristina”

Gabriela Cerruti, la vocera que no funciona, salió a desmentir que exista en análisis algún proyecto para legislar contra el odio. Se quejó porque ella se lo dijo a varios periodistas que no le hicieron caso porque “se retroalimentan de cosas que ellos quieren decir”.

Conviene plantear un par de cosas para que la vocera sepa porque ocurren los acontecimientos.

En primera instancia, hubo muchos kirchneristas que plantearon el tema. No fue un invento de los medios. Alejandro Grimson es asesor y suele aportar a los discursos del presidente Fernández. Dijo que: “hay que limitar los discursos de odio con una ley o con un conjunto de leyes”.

Eduardo Valdés es ultra cristinista y tan amigo de Alberto como del Papa Francisco. Dijo que están redactando un proyecto en ese sentido, “una especie de Ley Micaela contra el odio”.

Alejandra Darín, actriz al servicio de Cristina, dijo desde el escenario: “quienes cedieron minutos de aire a los discursos de odio, deberán reflexionar sobre como colaboraron para llegar” al intento de asesinato de Cristina.

La ministra de la mujer, Elizabeth Gómez Alcorta, dijo que calificar de “yegua” a Cristina es un discurso de odio porque la deshumaniza. Yo no recuerdo a ningún dirigente opositor ni a ningún periodista de medios importantes calificar de “yegua” a Cristina. Yo jamás diría semejante barbaridad. Animalizar a las personas es gravísimo. Sin embargo tengo anotados no menos de diez kirchneristas diputados o funcionarios que me han calificado de “Gorila”, y eso tiene el mismo objetivo que decir “Yegua”. O decirle “cucaracha” a Graciela Ocaña, como le dijo Hugo Moyano ante el silencio cómplice del feminismo K.

La gran verdad de todo este humo que nos quieren vender tiene la siguiente explicación:

  1. Quieren que Cristina sea declarada la mujer más honrada de la tierra y que le pidan disculpas por todas las causas de corrupción que le abrieron. Eso, dentro del régimen democrático, es imposible.
  2. Quieren que el fiscal Diego Luciani llame a conferencia de prensa y diga que nada de lo que dijo es cierto. Que era una jodita para Video Match. Eso, dentro del régimen democrático, es imposible.
  3. Quieren que la Corte Suprema de Justicia sea reemplazada por otra de 25 miembros amigos para finalmente colonizar y ponerle camiseta partidaria a los tribunales. Ayer mismo los gobernadores cómplices lo plantearon en su documento. Eso, dentro del régimen democrático, es imposible.
  4. Quieren ocultar y que nadie hable de la hecatombe económica y el desastroso gobierno que vienen realizando en todos los planos. Eso, dentro de un régimen democrático, es imposible.
  5. Y, finalmente, quieren amordazar e intimidar al periodismo para que solo se escuchen las voces de los chupamedias y los pauta dependientes, al más puro estilo Venezuela.  Eso, obviamente, dentro del régimen democrático, es imposible.

Para cerrar una última reflexión sobre Gabriela Cerruti. Los periodistas a los que usted les dijo que “no había ningún proyecto en análisis sobre la ley del odio”, no le creyeron. ¿Sabe porque? Porque usted mintió varias veces y eso tiene patas cortas. Usted decía una cosa y ocurría otra. La vocera que pierde credibilidad, pierde todo su capital. Le creyeron más a lo que dijeron el presidente, Kicillof, Eduardo Valdés y Grimson, entre otros. Reconozco que algunas veces usted no miente a sabiendas. Que dice lo que Alberto le dice. El drama es que siempre el hombre propone pero Cristina dispone. Y está claro que Cristina quiere avanzar con la ley contra el odio, como en el chavismo y con la nueva Corte Suprema. No lo hace más rápido porque no puede. Porque no le dan los números en el Congreso y porque no tiene el acompañamiento social suficiente.

Muchas veces Cerruti no miente. Dice lo que sabe. Pero no sabe lo que pasa. Por eso como dice usted, los periodistas nos retroalimentamos de cosas que queremos decir. Y decimos lo que queremos decir porque ese es nuestro rol en un sistema democrático y republicano. Por eso hoy quiero decir, si no le parece mal, Cerruti, que el fiscal Diego Luciani, no genera odio, genera esperanza. Y que los medios independientes no generan odio, generan esperanza. Esperanza de una sociedad mejor donde haya menos pobres y desocupados, menos inflación y riesgo país, menos ladrones y corruptos, menos golpistas y censuradores. Y eso, si es posible, dentro de un régimen democrático.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre