Los Fernández siguen en guerra contra el campo

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No aprenden nada. El fanatismo ideológico y la desesperación por buscar la impunidad de Cristina, empuja al gobierno hacia el precipicio. Chocan y chocan contra las mismas piedras. Rolo Villar, con su humor tan filoso dijo: “Habiendo tantos errores nuevos por cometer, ¿Por qué siguen cometiendo los mismos viejos errores?” El genio de Albert Einstein definía a la locura como “hacer la misma cosa una y otra vez y esperar un resultado diferente”.

Prohibir la exportación de carne es un mensaje beligerante. Es mojarle la oreja a los productores agropecuarios, desafiarlos a otra guerra como en la 125 pero sobre todo, es un daño terrible para el país. Cada mes que mantengan cerrada la venta al exterior, Argentina perderá 300 millones de dólares en el ingreso de divisas. ¿Escuchó bien? 300 millones de dólares mensuales. Pero la cuestión es más grave todavía. Obligan a los argentinos a incumplir o romper contratos con empresas de muchos países. Cuando pasa eso, en el mundo civilizado, se quiebra la confianza, esos países buscan otros proveedores como Brasil, Uruguay o Paraguay y nos sacan tarjeta roja por mucho tiempo. Nos costó sangre, sudor y lágrimas volver al mercado internacional y ahora tiramos todo ese esfuerzo a la basura por un capricho que perjudica a todos y no beneficia a nadie.

Por eso estamos en el medio del paro decretado por la Mesa de Enlace. Por eso entre los agricultores y los ganaderos hay una bronca y una indignación tremenda. Es tan irracional esta propuesta de Cristina y Axel Kicillof aplicada como propia por Alberto que hasta gobernadores peronistas, salieron a criticarla. Omar Perotti, Juan Schiaretti y Gustavo Bordet, pidieron que en lugar de cerrar la exportación se aumente la producción. Eso no es de derecha ni de izquierda. Eso es sentido común. Racionalidad que trata de representar a mundo productivo de Santa Fé, Córdoba y Entre Ríos.

¿Es tan difícil de entender el mamarracho que han hecho? ¿Nadie le explica a Cristina que es una locura y que va a tener el mismo resultado. Pueden consultar a los archivos y a los expertos. En su momento se perdieron 12 millones de cabezas de ganado, desaparecieron miles de productores, se fundieron, cerraron más de 125 frigoríficos y se destruyeron 12 mil empleos genuinos y federales. El precio de la carne no bajó. La inflación tampoco y se cumplió una vez más con la cuota Hilton. Un despropósito por donde se lo mire.

Alberto entiende poco y nada de esto. De hecho dijo que ahora había 3 millones de cabezas de ganado y en realidad hay casi 54 millones 500 mil. El presidente toma una medida drástica y nefasta y no sabe no contesta. Le erró apenas por 51 millones de cabezas de ganado. Y la decisión la toma un muchacho que el único campo que conoce es el campo popular al que dice pertenecer. Ignorante y fanático. Es una mezcla explosiva. Se estima que no ingresaron al país en aquel momento, alrededor de 10 mil millones de dólares. ¿De dónde viene la vocación suicida de los Fernández?

Todo esto empezó con la destrucción de silo bolsas solo por odio. Después siguió con el intento de expropiar Vicentín. Todos son misiles contra el campo. Nunca hay un gesto de apoyo. Un mimo. Las agresiones y el robo de ganado son sistemáticas.

Hay como un rebrote de aquella guerra que Cristina desató contra el campo.

¿De dónde viene tanta provocación? Desde la 125 que la grieta no se cerró nunca. Apenas se disimuló.

Incluso antes de la pandemia, el presidente Alberto Fernández había dicho que los “autoconvocados son opositores disfrazados de chacareros”. ¿Se acuerda? Se refería a quienes se quejaron de la política agropecuaria del gobierno, incluso por afuera de sus entidades gremiales.

Y eso era de una falsedad tan grande como el campo argentino. Los que trabajan la tierra de sol a sol son el sector económico más competitivo de este país. Son la fábrica de dólares que el estado nacional no puede fabricar. Esos autoconvocados son gente pacífica que produce granos y carne pero que está absolutamente harta de que le metan la mano en el bolsillo al límite de que muchos de ellos están al borde de la quiebra. ¿Es tan difícil de entender esa situación?

En aquel momento, el mayordomo de Cristina, Oscar Parrillitudo les quiso mojar la oreja diciendo que era un “orgullo” que el campo haya declarado el paro. Dijo que es el sector de los “que se enriquecieron, fugaron el dinero y son los responsables de la crisis económica que vivimos”. Y concluyó que “Este paro demuestra que estamos en la senda correcta”. Hasta Pepe Mujica les recomendó que no se pelearon con los ruralistas. Y hoy el Pepe dejó mudo a Alberto en una radio cuando nuevamente, le sugirió que no haga macanas con la carne.

El parásito de Juan Grabois, los trató de parásitos y descargó sobre los chacareros todo ese veneno estalinista que fracasó en todo el mundo. Propone una reforma agraria jurásica, volver al fracaso de la Junta Nacional de Granos e inventa datos y propone barrer para siempre con los parásitos del campo. No explica cuál sería el método elegido. ¿Los va a multar, los va a encarcelar o barrerlos significa fumigarlos y exterminarlos como a los parásitos de los granos?

Pero la cumbre de la provocación la tocó el escribiente Mempo Giardinelli. Ya venía proponiendo una reforma de la Constitución a imagen y semejanza del chavismo. Pero a principios de marzo del año pasado, yo le conté que trató de “terrorismo agrario” a los reclamos del campo. Fue más a fondo aún. Como un talibán K dijo que los que protestan “son multinacionales latifundistas que defecan sobre lo que votó el Congreso” y “se lanzan al golpismo para eternizar los privilegios que le dio el macrismo radicalismo genuflexo”.Cualquier semejanza con la locura de Cristina durante la 125 no es pura coincidencia. Es el mismo pensamiento del atraso y la decadencia. En aquella ocasión Cristina los humilló como “piquetes de la abundancia con generales mediáticos” y su tropa habló de “agrogarcas”. Nadie se olvida.

El resultado de ese capricho intolerante de Cristina fue letal para ella. Sufrió tres derrotas. La primera en la calle cuando verdaderas multitudes participaron de los actos en el Monumento a la Bandera de Rosario y en el Monumento a los Españoles de la Capital.

La segunda fue legislativa. Con el voto no positivo de Julio Cobos. Eso dejó al gobierno sin vicepresidente y al mendocino girando en el vacío. Esa noche Cristina amenazó con renunciar. “Este pueblo no nos merece, Nestor”, decía la hoy vice. Solo un llamado oportuno de Lula calmó esa bronca auto destituyente.

La tercera derrota, fue en las urnas. Aquella elección parlamentaria en la que la boleta encabezada por Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa perdió frente a un casi recién llegado a la política como Francisco de Narváez.

Ojalá estos muchachos que se creen emancipadores, alguna vez, entiendan que el camino es fortalecer y apoyar al campo para que agregue valor en el territorio y pase de ser el granero al supermercado del mundo.

Miguel Wiñazki recordó una frase del húngaro Sandor Marai que nos define la situación: “Nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se vengan de los crímenes que ellos mismos han cometido”.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre