La grieta es entre Toty Flores y Zannini

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El Toty  y el Chino encarnan y simbolizan la grieta moral que hoy atraviesa a la Argentina. Héctor “Toty” Flores y Carlos “Chino” Zannini son las dos caras de la moneda de la política. Una, nos ilumina el camino y la otra, nos lleva al precipicio.

Flores está internado porque padece una neumonía bilateral por Covid. Tiene 67 años y varios problemas de salud. Sin embargo, aunque le correspondía, no quiso vacunarse para dejar su lugar a alguna persona que la necesitara más. Eso se llama solidaridad genuina. Eso es ponerle el cuerpo a las ideas de apostar al bien común y a una república igualitaria. Eso es dar hasta que duela, como pedía la Madre Teresa de Calcuta.

Zannini se convirtió en un traficante de vacunas y aunque no le correspondía, se hizo vacunar junto a su esposa y malversó un documento público porque se registró como personal de salud, algo que es una falsedad absoluta. Tiene 66 años y hasta sus propios compañeros se indignaron porque por televisión dijo que no se arrepentía de haber cometido ese delito y encima, le recomendó a otro sinvergüenza como Horacio Verbitsky que no sintiera culpa porque las personalidades deben ser protegidas por la sociedad. Una repugnante división entre argentinos que merecen ser vacunados y otros que no merecen nada porque no son kirchneristas como ellos.

Quien quiera oír que oiga, pero la realidad es la única verdad.

Un revolucionario de la ética igualitaria como Toty, cedió su lugar. Un reaccionario fascista de izquierda como el Chino, se aprovechó de su cargo burocrático para humillar a todos los argentinos.

Toty vive en el barrio La Juanita, en Laferrere, el corazón de La Matanza y fundó una cooperativa maravillosa. Apostó al trabajo mancomunado y rechazó el clientelismo y el abuso de los planes sociales con los que se intenta mantener cautivos a los más pobres.

El Chino vive en barrios caros, se mueve en camionetas de alta gama y no trabajó nunca desde que se juntó con los Kirchner en Río Gallegos. Siempre vivió del estado, es decir de los impuestos que pagamos todos nosotros. Toda su familia trabajó siempre en el estado. Incluso durante el gobierno de Macri, se refugió bajo las polleras de Alicia Kirchner que le dio un conchabo en el directorio del Banco de Santa Cruz.

Toty, al lado de Elisa Carrió siempre combatió a las patotas y a los corruptos. Es un militante de la transparencia y las manos limpias.

El Chino, ya se lo dije, es el monje negro de Cristina, el abogado que hizo y hace de guardaespaldas de la corrupción de estado más grande de la historia argentina.

Hoy el querido y admirado Toty Flores está peleando por su vida. El último parte médico confirma una “leve mejoría de sus pulmones. Su estado pasó de grave a estable porque satura mejor que ayer”.

Me gustaría que sepa que millones de argentinos rezan y le envían la energía más poderosa para poder verlo de nuevo, sano y salvo, defendiendo a los más humildes y a los más honestos y construyendo un futuro mejor para la patria.

Toty no conoció la pobreza a través de los libros de Mao como Zannini. Nació en un pequeño y hermoso pueblo en el norte de Entre Ríos llamado San José de Feliciano. La madre tuvo que criar a 7 hijos sin la ayuda del padre que se perdió en los caminos del alcohol. Toty empezó a ganarse la vida a los 9 años vendiendo diarios. En Buenos Aires, como tantos provincianos que buscan mejorar su vida, vivió en la villa de emergencia llamada Loma Hermosa. Fue un obrero calificado de la fábrica Yelmo hasta que un balancín le arrebató cuatro dedos de su mano derecha. Dolorosamente, en el 93, quedó desocupado. Fundó el Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza y rápidamente trascendió su idea de no aceptar dádivas ni planes del estado. Siempre supo que el trabajo dignifica y eso es lo que buscó. En uno de sus libros lo cuenta. Se llama “De la Culpa a la Autogestión”. Y lo hizo con la herramienta de una cooperativa que es un ejemplo de construcción de hermandad y progreso. Lo cuenta en otro de sus libros titulado: “Cuando con otros, somos nosotros”.

Muchas veces le conté la experiencia de la cooperativa La Juanita. Produjo un cambio tan positivo que se toma como ejemplo. Silvia, la hija del Toty es quien lo lidera ahora. Por eso yo digo que la ventaja comparativa de ese lugar es que funciona a Flores. El combustible que lo perfuma y lo alimenta son las Flores. De Silvia y del Toty.

Mucha gente maravillosa se acercó a dar una mano. Y todos edificaron un proyecto de trabajo. Martín Churba y los talleres textiles para fabricar guardapolvos, uniformes de trabajo, remeras que incluso, llegaron a exportar.

Martín también aportó su creatividad para los envases del maravilloso pan dulce que cocinan por miles de la mano de Maru Botana. Hoy el proyecto del “potrero digital”, imaginado e impulsado por Juan José Campanella sacó a muchos jóvenes de la calle y los peligros y los transformó en felices operadores de tecnología de punta. Casi como jugando con las computadoras, aprenden programación, robótica, inglés y habilidades interpersonales para poder afrontar con éxito una entrevista con un empleador. Insisto, 8 de cada 10 muchachos y muchachas de los que estudiaron en esos potreros digitales de La Juanita, ya tuvieron su salida laboral. Son pibes que están orgullosos. Las empresas van a buscar ahí la mano de obra digital  y los títulos que se otorgan tienen la certificación de la UTN y Google. Es una experiencia tan exitosa, que se está replicando en muchos lugares.

Hoy tienen hasta un call center donde trabajan 78 personas que antes eran vendedores ambulantes o empleadas domésticas. Hay que verlas, felices, con aire acondicionado y frente a sus computadoras. O los servicios digitales que prestan a distintas empresas. Es emocionante. Repito: son libres. Lo demás no importa nada. Dependen de su esfuerzo y de su capacidad. Se igualaron sus oportunidades. Eso es progresismo de verdad.

Pero además lograron su máximo sueño con la construcción de la escuela. El gran motor fue el talento sensible de Oscar Alvarado. La edificaron ladrillo por ladrillo. Se puede decir que ese colegio primario ubicado en uno de los lugares de mayor pobreza y exclusión del país tiene baño en cada aula, aire acondicionado y que es la única escuela de la zona con doble escolaridad. ¿Se imaginan lo que es eso para los chicos de La Matanza donde lo único que abunda son las necesidades básicas insatisfechas? Allí van a amasar el mejor de los tesoros que trae la educación: la igualdad de oportunidades. La capacidad de aprender para no ser engañado y para poder ganarse la vida por sus propios medios y sin ser rehén de nadie.

El Toty Flores  se quedó sin trabajo, pero no se rindió. Nos demostró que hay otra Argentina posible. Y sumó a mucha gente a su maravillosa aventura. Son hombres y mujeres que luchan toda la vida y por eso son imprescindibles. Ellos no roban pero hacen. Son lo mejor de una patria que viene. El capitán de ese barco de futuro se llama Toty Flores. Hoy está internado luchando por su vida como lo hizo toda su vida. No quiso vacunarse para dejarle el lugar a otra persona más necesitada. Es un faro de luz en medio de la oscuridad de los corruptos, mafiosos y traficantes de vacunas. Hoy todos somos Toty Flores.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre