Es probable que a Javier Milei le vaya bien. Y eso me alegra. Sinceramente, yo quiero que le vaya bien. Pero no solamente porque de esa manera nos va a ir bien a todos los argentinos. También porque un gobierno exitoso de Javier Milei servirá, además, para extirpar el cáncer del kirchnerismo del cuerpo social. Y digo que es probable que le vaya bien por el rumbo que eligió y por muchas medidas que apoyo en su totalidad.
Evitar la híper y bajar la inflación tan rápido es un milagro institucional y un logro de la técnica económica. Mantener a rajatabla los equilibrios fiscales es tan racional como necesario. Combatir los curros y los negocios sucios de la corrupción en tantos ministerios es una exigencia social. Bajar casi a cero los piquetes extorsivos de dirigentes mafiosos y denunciarlos ante la justicia es un gigantesco paso adelante. Lo mismo digo del alineamiento internacional al lado de los países más exitosos y que más respetan los derechos humanos y el pluralismo como Estados Unidos e Israel. Y en consecuencia, es maravilloso que hayamos dejado de caminar del brazo y por la calle con dictadores de la calaña de Nicolás Maduro o los de Cuba, Irán y siguen las firmas.
- Economistas rigurosos estiman que el blanqueo puede ser muy útil para levantar el cepo más temprano que tarde. Y eso le daría un fuerte impulso a las inversiones y a la creación de fuentes de trabajo registradas y de calidad.
Por todo esto digo que es posible que a Milei le vaya bien y eso me alegra.
Pero, siempre hay un pero.
Hay un Milei inexplicable que no se puede ocultar. Y tal vez le pueda ser útil al propio Milei para que deje de cometer errores que le van a costar caro mientras la economía real no termine de despegar. Ningún chupamedia le va a decir esto:
Es inexplicable que Milei haya respaldado a un tuit titulado “Los cómplices de los verdaderos violentos” y haya acusado a varios periodistas de “haber ocultado las golpizas” de Alberto Fernández. El autor material de la salvajada fue un tal “El trumpista”, seudónimo de Luciano Cabrera. Milei humilló de esta manera sin un solo dato a colegas ejemplares, honestos y democráticos como Joaquín Morales Solá, Jorge Fernández Díaz, María Laura Santillán o Jessica Bossi, entre otros.
De esta manera puso en la mira de los fanáticos a estos colegas. Merodea el mismo mecanismo delator de 678. Bien dice Luciana Vázquez hoy en LN que el kirchnerismo es un formato de gobierno. Yo también creo que es una asociación ilícita para saquear al estado. Pero el peligro para Milei es que su gobierno copie esa metodología y se transforme en un “kirchnerismo de mercado”, como lo definió Jorge Fernández Díaz.
Es inexplicable que Milei acuse a medio mundo de haber sido funcional al kirchnerismo o al albertismo cuando hace muy poco tiempo que los empezó a criticar.
Tengo por lo menos 5 videos en donde Milei elogia, la capacidad, la inteligencia, la habilidad y el pragmatismo de Alberto Fernández. Y a las pruebas me remito:
Es inexplicable que Milei hoy acuse de complicidad con Alberto de muchos periodistas independientes y políticos honestos que combatían con la pluma y la palabra a Cristina, Alberto y Massa, mientras él trabajaba para Daniel Scioli y Guillermo Francos en la Fundación Acordar. Cobraba un sueldo como “economista jefe”.
Es inexplicable que Milei ahora los haya incorporado a su gabinete pese a que ambos fueron funcionarios de Alberto hasta días antes de sumarse al gobierno actual. Y aclaro que me parece bien que haya sumado a Francos, un hombre equilibrado, sensato que puede ordenar el desorden de Milei.
Es inexplicable que Milei no haya ido jamás a las marchas valientes y republicanas que fustigaban al autoritarismo estafador de los K. Es más casi no se le conoce que haya impulsado alguna investigación sobre los gobiernos más corruptos de la historia como hicieron muchos dirigentes y periodistas valientes.
Es inexplicable que Milei no remueva de sus cargos al batallón de ñoquis y militantes de La Cámpora y del massismo que están incrustados en las segundas y terceras líneas de los ministerios. ¿No sabe, no puede o no quiere?
La frutilla de la torta es que es inexplicable que Javier Milei, contra viento y marea, impulse como miembro de la Corte Suprema de Justicia al doctor Ariel Lijo. Llama la atención porque cuenta con el respaldo de los senadores que responden a Cristina. ¿Eso cómo se llama? ¿Garantía de impunidad, capricho insólito o pacto espurio?
Es inexplicable que Javier Milei con los niveles de hambre, pobreza y desocupación que existen pierda lastimosamente el tiempo patrullando las redes con su grupo de tareas. No pretendo silenciar la opinión del presidente. Siempre es bienvenida. Es peligrosa su falta de información y su nulo interés en chequear las cosas. Se ensaña con una liviandad increíble con acusaciones feroces y falaces y en algunos casos, tiene que recular en chancletas, algo que erosiona su figura. Se tira tiros en los pies. Como todo el mundo sabe, Patricia Bullrich no es más una asesina de bebés en jardines de infantes ni el Papa ya no es el representante del Maligno en la tierra. Esta es la grave irresponsabilidad. Decir cualquier cosa sin chequear los datos. Eso tiene un principal perjudicado: el propio presidente. Desgasta su palabra, erosiona su credibilidad.
Es inexplicable que Milei se pase horas buscando enemigos con una obsesión enfermiza para decirles pauteros, viejos meados, zurdos y otras descalificaciones. Generalmente encuentra enemigos donde no hay. Solo opiniones distintas.
Los partidos políticos implosionaron y hoy no hay ningún liderazgo que amenace su hegemonía. Debería aprovechar esa circunstancia para gobernar con mayor rapidez y eficiencia.
No pierda tiempo, señor Presidente: si quiere encontrar al peor enemigo de este gobierno mírese al espejo: se llama Javier Milei, no se si lo conoce.
Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre


















