El golpe palaciego de Cristina

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Lo vengo anunciando una y otra vez. Cristina en su locura autoritaria y resentimiento, optó por tirar del mantel de la democracia e intentar un golpe palaciego contra su títere, Alberto Fernández que es el presidente de la Nación. Ella es la principal responsable de la derrota electoral pero su soberbia y altanería no le permiten ver que el desastre que hicieron en la gestión fue el detonante de la colosal paliza electoral.

Ya lo tenían pensando desde antes y desde siempre. Si se gana la dueña de la gloria siempre es Cristina. Y si se pierde el culpable de la derrota es Alberto. Lo anticipó el domingo con ese gesto tan despreciativo y humillante que tuvo con una perdedora como Tolosa Paz.

Tengo varias columnas donde anuncio que en algún momento Cristina sería capaz de tirar del mantel de la democracia. No porque sea adivino ni un genio del análisis político. Siempre lo dije porque los Kirchner ya hicieron este tipo de perversidad anti democrática. Ponen a alguien en la cima como testaferro de su proyecto y si por algún motivo la cosa se complica lo bajan de un plumazo. En Santa Cruz hicieron esto con Sergio Acevedo, Daniel Peralta y Carlos Sancho. Los usan porque ellos no pueden ser candidatos y después los destituyen y los reemplazan. Ese es el concepto mezquino y utilitario que tienen de la política: use y tire. Tratan a su propia gente como forros. Por eso siempre dije que Cristina es la persona que más daño le produjo a la democracia y la que mas daño le puede seguir haciendo.

Ella le dio a Alberto la orden de que les cortara la cabeza a Martín Guzmán y Santiago Cafiero para convertirlos en chivos expiatorios. Alberto se negó a modificar su gabinete y la respuesta de Cristina fue desestabilizadora y destituyente. Mando a sus funcionarios a presentar la renuncia al mismo tiempo para vaciar de poder a Alberto. Insisto: es muy parecido a lo que hizo en Santa Cruz. Ella se siente dueña de todo. Incluso de disponer de las instituciones democráticas. Es alarmante el nivel de ataque a la democracia y la República que acaba de cometer Cristina. No le importa nada, solo conseguir su impunidad y tomarse venganza. Por eso avisó ayer con las declaraciones del Cuervo Larroque, el lugarteniente de La Campora. Ella no admite perder. Se descontrola cuando las urnas le dicen que va por el camino equivocado. Por eso quiso renunciar y mandarse a mudar con el voto no positivo de Cobos durante la guerra que le declaró al campo durante la 125. Lula la tuvo que convencer para que no pateara el tablero.

La crisis institucional y de gobernabilidad no les va a ayudar a ganar las elecciones. Todo lo contrario. Esto va a acelerar la decadencia del peronismo secuestrado por Cristina y tal vez, por primera vez se produzca un divorcio de ambas fuerzas y los K queden reducidos a una expresión de izquierda chavista y testimonial con el peronismo en otro lado en defensa propia. Veremos cómo evoluciona todo. Pero Cristina dejó de ser confiable incluso para sus propios fanáticos. No tiene escrúpulos ni estómago y le transmite a toda la sociedad argentina sus venenos y su interna feroz. La oposición debe tener cuidado con lo que Elisa Carrió definió como “El abrazo del Oso”. Anoche Patricia Bullrich fue contundente cuando dijo que “en el peronismo se están queriendo comer entre ellos. Se matan entre ellos”.

Es que el terremoto de las urnas fue demoledor. Nunca en la historia del peronismo unificado habían bajado del 40 por ciento de los votos. Perforaron ese piso histórico producto de un esquema de régimen vice presidencial que fue útil para ganar las elecciones y totalmente inútil para gobernar. No dejaron mamarracho por hacer. El fracaso sanitario que se mide en más de 113 mil familias de luto que no pudieron despedir a sus seres queridos y en el robo de vacunas y los privilegios de casta. La hecatombe económica se ve por todos lados con desocupación, pobreza y quiebre de empresas y comercios y la inseguridad galopante con narco traficantes incluidos fue creciendo producto de su irresponsable mirada de simpatía hacia los delincuentes.

La gente dijo basta en forma democrática. Pero Cristina dijo basta en forma antidemocrática. Intenta llevarse pueda a las instituciones republicanas y pone al país al borde del abismo. Cristina lo hizo. A la hora de la verdad se le cayó el disfraz de corderito patagónico y mostró su verdadera cara de loba autoritaria.

¿Qué pretende Cristina? Que Alberto renuncie para ser presidenta por tercera vez. ¿No hizo suficientes desastres? ¿No le alcanza con haberse enriquecido en forma colosal con el robo más grande de la historia democrática? ¿Qué pretende? ¿Cree que los libros del futuro la van a reconocer como una heroína revolucionaria y a Alberto como un boludo atómico?

Todas las fuerzas políticas y sociales deberían expresar su profunda vocación democrática y de respeto a la Constitución. Todos deberían señalar a la jefa del jefe del estado como la persona que deberá cargar sobre sus espaldas del profundo daño que está generando. Cristina lo hizo. No fue magia. Fue mafia.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre