Asociación de Actores Kirchneristas

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Primero vamos a los hechos. Luz roja de alerta, porque creo que son graves. La Asociación Argentina de Actores que preside Alejandra Darín, emitió un comunicado en defensa de Cristina Kirchner, y repudiando que haya sido condenada a 6 años de prisión por haber robado dineros públicos desde el estado. El insólito texto, además, ataca a la justicia y dice que “su verdadero fin”, es la “proscripción electoral” de la vice presidenta. Aunque usted no lo crea, la representación gremial de los actores, asegura que “la determinación de condenar sin pruebas se percibe como una maniobra amañada que perjudica no solo a la persona aludida, sino que hiere al estado democrático”.

Casi de inmediato, el gran actor Federico D’Elía, se quejó a través de un tuit que dice lo siguiente: “No te dejan comentar, en IG creo que tampoco (comenté y ahora no lo puedo ver). Muy democráticos los muchachos y las muchachas que toman estas decisiones. No estoy de acuerdo que saquen un comunicado desde el sindicato, deberían hacerlo de manera personal”.

En estos dos hechos quedaron evidenciadas dos posturas antagónicas frente al valor que tiene el pluralismo y la diversidad en la vida democrática y republicana.

Por un lado, un sindicato que habla en nombre de todos los actores para respaldar no una ideología, sino un delito castigado por la justicia con todas las garantías constitucionales. Y por el otro, un actor valiente que pronuncia la palabra más revolucionaria que existe: No. No me representan. No estoy de acuerdo. No es correcto lo que hicieron.

D’Elia plantea que cada uno es libre de expresar sus posturas a título personal. Y tiene toda la razón del mundo. Alejandra Darín, Pablo Echarri, Nancy Dupláa, Dady Brieva, por nombrar a los más activos, tienen el derecho, como todos los argentinos, de ser militantes del partido que se les ocurra y de apoyar públicamente a cualquier persona, aunque sea una delincuente.

Cada uno asume sus riesgos, recibe beneficios o paga sus costos. Pero no tienen derecho a contaminar al sindicato al que pertenecen con sus deseos personales. Eso es abuso de poder.

El sentido común indica que no todos los actores son cristinistas. Que no todos los actores tienen ganas de bancar a alguien que no pudo explicar su enriquecimiento colosal e ilícito.

Federico D’Elía ha dicho claramente que no está de acuerdo. ¿Eso hace que no sea más actor? ¿Eso lo coloca del lado del mal? Muchos actores han expresado claramente que no están de acuerdo con este tipo de manipulaciones y arbitrariedades y aparateadas.

El que lo dijo con más contundencia fue Luis Brandoni. Se desafilió del gremio al que rebautizó Asociación de Actores Kirchneristas. Recuerdo la irracionalidad de varios muchaches adoradores de Cristina, que llegaron a tratar a Brandoni como si fuera un traidor, pese a que es un prócer de la cultura y la libertad.

Le recuerdo que Beto Brandoni fue secretario general del sindicato desde 1974 hasta 1983. Había que tener los huevos del tamaño de la catedral cuando los fachos del peronismo de López Rega y los criminales de lesa humanidad de Videla perseguían, secuestraban y asesinaban a mansalva.

Brandoni fue reelecto en su gremio, incluso estando en el exilio. Y eso muestra su lealtad con sus compañeros de trabajo, su pluralismo y su valentía a prueba de balas en todo el sentido de la palabra balas.

Y cuando hablo de pluralismo, estoy definiendo a uno de los ejes de cualquier espacio que se precie de ser democrático. En aquella época, junto a Brandoni estaban, espalda con espalda, el peronista Carlos Carella o Jorge Rivera López, militante de izquierda. Todos juntos, representando a los trabajadores de la cultura y no a sus pertenencias partidarias. Los sindicatos deben defender a los laburantes y no a sus camisetas ideológicas.

¿O no hay actores que no sean cristinistas? ¿O no hay actores que piensen que Cristina está bien condenada? Me viene a la memoria, además de D´Elía y Brandoni, Marcelo Mazzarello, Juan Acosta, Miguel del Sel, Martin Seefeld, Alfredo Casero y Oscar Martínez, entre tantos otros.

No expresan con demasiada frecuencia su pensamiento político, pero no creo que Adrián Suar y Guillermo Francella, por ejemplo, suscriban ese comunicado en defensa de Cristina.

Insisto: que pasa con ellos. ¿No tienen derecho a ser representados? Algunos dirán que la camarilla que dirige el gremio de los actores ganó las elecciones. O que la mayoría de los actores son K. Puede ser, aunque no estoy seguro. Pero ellos, deben respetar el pensamiento de todos y no solo de los que circunstancialmente están al mando del sindicato. El pluralismo, la diversidad y el respeto a las minorías son pilares de la vida en democracia.

Lamentablemente, esta actitud autoritaria está en el ADN del cristinismo y la llevan a todos los lugares donde actúan. Se llenan la boca hablando de diversidad sexual pero no dicen una palabra de los homosexuales perseguidos en Irán, Rusia o Cuba. Se llenan la boca hablando contra la violencia de género y las violaciones, pero no dicen una palabra del ex gobernador José Alperovich. Se llenan boca hablando de libertad y no dicen una palabra de los presos políticos torturados y asesinados en Nicaragua, en Venezuela o en Cuba. Dicen que la patria es el otro, pero dinamitan la diversidad política y se apropian de las organizaciones intermedias dejando afuera o persiguiendo al que piensa distinto.

Algo muy parecido, pero con nombres menos conocidos para el ciudadano de a pié, pasó en la Asociación de Psicólogas y Psicólogos de Buenos Aires. Emitieron un comunicado titulado “Sin justicia no hay salud”.

Y con palabras casi calcadas de la postura de actores y del discurso de Cristina, apuntan contra la justicia con conceptos delirantes, como si fueran carne de diván: “Cuando quien debe impartir justicia, utiliza su poder para proscribir, para hacer valer intereses sectoriales inconfesables, la salud mental de la comunidad se ve seriamente dañada”.

Estamos en el horno. Otra postura sesgada que deja afuera a miles de profesionales que están aterrados por la cantidad de psicólogos que aprovechan su lugar de poder para bajar línea y adoctrinar a sus pacientes. Muchos de ellos huyen despavoridos de semejante mala praxis y falta de independencia y profesionalismo que evidencia este comunicado.

Hoy la consolidación de los valores democráticos y republicanos pasa por defender la libertad de expresión y evitar todo tipo de totalitarismo de aquellos que se creen dueños de la verdad absoluta, que nos enrostran superioridad moral y llevan ese autoritarismo a todas las entidades intermedias.

¿Qué pasaría si un Centro de Estudiantes presidido por Franja Morada saliera a tomar posturas claramente partidarias a favor del radicalismo? El kirchnerismo haría un escándalo. Las agrupaciones son una cosa, pero los centros de estudiantes o los gremios, perdón por la obviedad, son otra. Son de todos los estudiantes y de todos los trabajadores. La negación de la diversidad y el pluralismo es la negación de la democracia.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre