Argentina defiende los “izquierdos humanos”

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Cristina está volviendo a sus orígenes en Río Gallegos. Durante la dictadura ni ella ni su marido, fueron capaces de defender a un preso político o de presentar un habeas corpus por algún desaparecido. Todo lo contrario, el estudio jurídico de ambos, se dedicó a ganar fortunas y a ejecutar las casas de muchos santacruceños que no pudieron pagar sus deudas hipotecarias. Usura, especulación y silencio frente al terrorismo de estado y la violación a los derechos humanos. Ahora está haciendo algo parecido. Privilegian sus negocios políticos y la búsqueda de su impunidad por encima de la defensa de las víctimas de los que violan los valores republicanos acá y en mundo.

En apenas una semana, el gobierno, tomó tres decisiones distintas y contradictorias sobre la dictadura de Nicaragua. El martes pasado, en la OEA (Organización de Estados Americanos) Carlos Raimundi, se negó a firmar un documento  condenatorio de las violaciones a los derechos humanos y la detención de líderes opositores. El gobierno de los Fernández, recibió un tsunami de críticas por esa complicidad con un tirano feroz como Daniel Ortega.

Ayer, Argentina convocó a Daniel Capitanich, embajador en Managua como una forma de expresar su crítica al aumento de la ferocidad represiva del régimen. Tuvo que dar marcha atrás porque la mayoría de la opinión pública argentina y varios países centrales, manifestaron su rechazo a semejante afrenta a la trayectoria argentina en estos temas.

Parece que el arrepentimiento les duró muy poco porque esta mañana volvieron a emitir una señal de apoyo al totalitarismo nicaragüense. Argentina se negó a firmar otro documento de apoyo a la democracia, la libertad de los presos, la vigencia de los derechos humanos y la realización de elecciones libres y transparentes. Pero esta vez, fue desde un escalón superior al regional. Fue en Ginebra, en las Naciones Unidas. El papelón fue mucho más grave y notorio. Entre los 60 países que firmaron están Francia y España, dos gobiernos que Alberto no considera enemigos, Estados Unidos y hasta Brasil que, una vez más, se dio el lujo de correr por izquierda a Fernández pese a que a la derecha de Bolsonaro queda poco espacio.

Este gobierno es tan errático, mediocre y jurásico en su ideología que nos produce la vergüenza ajena de dejarnos siempre del lado de los países menos democráticos del mundo y que más violan los derechos humanos. Cristina, la jefa del jefe del estado entiende que sus aliados estratégicos son grupos terroristas como Hamas o países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Rusia, Irán y China. Dime con quién andas y te diré quien eres.

El denominador común que los une, además de ser anti norteamericanos, es la fuerte censura contra los medios de comunicación, la consolidación de autocracias eternas, casi monarquías hereditarias, la represión a todo signo vital de disidencia política, la cárcel y hasta el asesinato de figuras críticas, entre otras aberraciones.

Ya sabemos los crímenes de lesa humanidad que ha cometido el chavismo. Sin embargo, junto con Cuba, son los países en los que Cristina mira su proyecto como espejo.

Se pueden criticar muchas cosas. Pero lo más grave es que en ese camino hacia el abismo, el cristinismo dinamitó un activo político compartidos por todos los argentinos: la defensa de los derechos humanos. Somos conocidos en el mundo por muchas cosas nefastas, “defaulteadores” seriales, por ejemplo y por pocas cosas positivas. Una de ellas era que Argentina, Raúl Alfonsín mediante se transformó en un faro de defensa de la no violencia política y de la libertad y la democracia en nuestro país y en todo el planeta. Se instaló en la conciencia colectiva que los derechos humanos no son de derecha ni de izquierda. Que la persecución y el asesinato por portación de ideas es absolutamente condenable sin que importe quien es el victimario y quien la víctima. No debemos fijarnos en la camiseta partidaria ni en el color político de los gobiernos. Si atentan contra la libertad, si avanzan con autoritarismos despóticos, si utilizan la muerte como herramienta de gestión y si atacan la democracia y la república, deben ser condenados. No importa si piensan parecido a las intenciones del gobierno de turno. Argentina tiene que custodiar y defender todos los derechos humanos de todos los ciudadanos. Cristina y su banda también profanaron este concepto sagrado. Defienden los “izquierdos humanos”. Utilizaron tanto de escudo a los organismos de derechos humanos para esconder su mega corrupción, que los han condenado a ser cómplices y a mirar para otro lado. Nada dicen Hebe Bonafini o Estela Carlotto del salvajismo fascista de los países que nombramos. Por lo bajo dicen que no quieren ser funcionales a la derecha. Se tragan sapos monumentales y convalidan el feudalismo de Gildo Insfran en Formosa o las expresiones de odio racial de Alberto Samid. Gildo se formó en el peronismo derechoso, patotero y corrupto, pero siempre apoyó a Cristina. Alberto hace poco lo calificó como un extraordinario ser humano y un gobernador modelo. ¿Se acuerda?

El silencio de los que se auto perciben “progres” frente a flagrantes violaciones a los derechos humanos, los vacía de contenido y les quita todo tipo de credibilidad y autoridad moral. Sus defensores y defensoras de género y sus críticos de la violencia contra la mujer no dicen una palabra ante la persecución de los homosexuales en Cuba, o los fusilamientos en Irán o frente a acusados de violaciones como el ex gobernador de Tucumán, José Alperovich.

Los Kirchner y su banda han robado fortunas y han destruido gran parte de los valores democráticos. Quieren colonizar la justicia, estatizar de prepo todo lo que funcione y quedarse con todo para siempre. Eso es gravísimo, sin duda. Pero tal vez lo que la historia no les va a perdonar jamás es haber destruido el principal legado del padre de la democracia, Raúl Alfonsín. La defensa de los derechos humanos era nuestro orgullo nacional. Nuestra pequeña victoria compartida. Frente a tanta grieta moral, ese punto era lo único que nos cohesionaba como Nación. Esa herencia de Alfonsín, también la dinamitaron. Ojalá algún día, Dios y la patria se los demanden.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre.