Alberto, perdido en lo de Cristóbal

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Es difícil elegir la metida de pata más grave de Alberto en los últimos días. Fueron tantas y tan insólitas sus declaraciones que muchos confirmaron que el presidente está muy perdido. De tantas desmentidas a sus propias palabras, de tanta mimetización con Cristina, parece que ya no sabe muy bien en donde está parado. Y sus seguidores no saben bien, hacia donde se dirige.

Éticamente, tal vez lo más complicado haya sido que Alberto se pasó tres horas en un programa de C5N, propiedad de Cristóbal López, a quien le acaban de hacer un traje a medida en una moratoria escandalosa y a quien le autorizaron a abrir un par de sus casinos pese a que todavía no volvieron las clases a las escuelas. “Timba si, educación, no”, se burlaban las redes. Y como si esto fuera poco, el presidente todavía no explicó con claridad su inexplicable factura por 436 mil pesos a Oil Combustible, la nave insignia de Cristóbal. Dio tantas vueltas que nos mareó a todos. Dijo que la hizo pero que no la cobró, que luego se anuló. Y Que bla, bla bla. Pero es un dinero muy importante por honorarios que todavía no pudo, no supo o no quiso aclarar. Y como si esto fuera poco, Alberto se negó a informarle a la Oficina Anticorrupción cuales fueron sus clientes en los últimos tres años. El jefe del estado se negó a aportar esos datos. No es delito, pero genera más sospechas y preguntas.

Entre las cuestiones bizarras que dijo Alberto, generó mucha indignación su definición sobre el distrito en el que vive. Dijo que esta ciudad “nos llena de culpa de verla tan opulenta, tan injusta y tan desigual, con el resto del país”. No se puede creer que un presidente sienta culpa por una capital a la que le va mejor que al resto. De hecho, Diego Santilli salió a contestarle. Le dijo que esas declaraciones “no suman, que hay que nivelar para arriba y que la ciudad es muy solidaria porque lo que produce es muchísimo más de lo que recibe por coparticipación federal” Un deliro del porteño Fernández que recibió una respuesta de absoluto sentido común.

Alberto es una pieza clave para cumplir la orden de Cristina de disparar contra Horacio Rodríguez Larreta y tratar de convertirlo en un represor o en un segundo Mauricio Macri. Hace un tiempo, el presidente llamó “mi amigo” a Larreta que se sacó de encima ese abrazo del oso y dijo que sus amigos eran los que lo acompañaban a la cancha a ver a Racing. Alberto recibió los retos de los cristinistas y comenzó a llamarlo Horacio. Tampoco les gustó. En una forma demasiado compinche. Dicen que le están dando pasto a las fieras y potenciando la posible candidatura de alguien que puede ganar elecciones. Alberto aprendió, como buen alumno aplicado de la doctora y ahora lo llama “Horacio Rodríguez Larreta”. Vade retro, satanás.

El presidente da tantas vueltas que no da pie con bola. Un hombre inteligente debería haber dicho: “Siento vergüenza porque el peronismo al que pertenezco gobernó 29 años la provincia y 33 La Matanza y la convertimos en una llaga abierta de marginalidad, pobreza extrema, ausencia de cloacas, agua, asfalto, y llena de narcos y delincuentes”. La ciudad en donde menos gobernó el peronismo está entre las mejores y la capital del peronismo está entre las que sufren la más terrible exclusión social y clientelismo”.

Como si esto fuera poco Alberto, reveló que una carta astral que le acercó Vilma Ibarra le aseguró que está “predestinado a construir desde las cenizas”. La diputada Gabriela Cerruti mostró su algarabía al respecto: “Vamos que está Marte en Aires. Queremos conocer a la astróloga de Vilma”.

Esperemos que a la hora de tomar decisiones, el presidente formal, no confíe solo en la Astrología que, como si esto fuera poco lo desmintió a través de uno de sus grupos. “Astroanálisis” le explicó a Alberto que “los astros no predestinan, invitan continuamente al crecimiento, a la transformación y al cambio”. Nada nuevo esto de las desmentidas. Como le comenté, Alberto se desmiente a si mismo cotidianamente y encima ya son por lo menos seis los países que salieron a enmendar sus errores groseros. Diga que los búlgaros están con otras preocupaciones, pero podría haberle aclarado a Alberto que Kirstalina Ivanova Gueorgieva, la titular del Fondo Monetario es nacida en ese país y no en Hungría, como dijo el presidente.

Alberto Fernández está cayendo a pique en las encuestas y su palabra se fue devaluando más que el peso argentino. Debería hacer una pausa, reflexionar y recalcular su rol en este momento de la historia. Porque apenas pasaron 8 meses y ya muchos apelan a la ironía cruel para referirse a su cargo. Jorge Lanata lo llama directamente vicepresidente. Carlos Reymundo Roberts, lo bautizó “vice de la vice”. Alejandro Borensztein se refiere a Cristina como “la jefa de la Nación, temporariamente a cargo de la vice presidencia” y el humor editorial dibujado de Nik fue demoledor. Alberto está parado con una correa en su mano que sostiene a su perro Dylan que está echado a su lado. Hay dos observadores. Uno, mirando la escena dice: “Es la revelación: la mascota del año…” El otro, pregunta: “¿Dylan?”Y la respuesta es terrible: “No, el que está al lado, la mascota de Cristina”.

La caricatura es un instrumento histórico de la lucha política y es muy difícil combatir contra las risas y las chicanas. Del ridículo no se vuelve, decía el general. Pero hablando de Dylan. Aunque usted no lo crea el presidente contó por la tele que cuando estaba hablando con Kristalina, el perro se puso a ladrar en forma insistente. Y él le dijo a la búlgara que él creía húngara que “era un perro progresista y que por eso ladraba cada vez que él hablaba con el Fondo”. A la cucha, o al fondo, Dylan.

Le juro que me hizo acordar de la frase de Voltaire que dice “la política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”. O a la frase marxista (de Groucho y no de Karl) de que “estos son mis principios y si no le gustan, tengo otros”.

Esto es lo más preocupante. El presidente parece confundido. En medio de las prohibiciones de participar en reuniones sociales, Alberto confesó que iba a almorzar con la gente que quería. Uno podría haber pensado en su esposa y su hijo. Pero Fernández cometió el sincericidio de agregar que si contaba con quien iba a comer, se llenaría de gente la puerta de la quinta de Olivos. Es que la semana pasada, fue muy repudiada su foto con la familia de Hugo Moyano en Olivos, sin barbijos, sin distancia social y sin escrúpulos.

De todos modos el bochorno más grande surge de la reforma judicial. Porque en 15 minutos, entre gallos y medianoche los senadores de Cristina crearon más de mil cargos para traficar votos con los gobernadores e intendentes y mañana en diputados puede haber un choque institucional de magnitud. Sergio Massa pretende avanzar con las sesiones virtuales pese a que el acuerdo al que habían llegado por unanimidad ya venció. Otra vez se quieren llevar todo por delante. No se respetan ni los reglamentos y las normas más elementales de convivencia en el Parlamento. “Un chiquero”, como lo definió el diputado Mario Negri.

Y Alberto dijo que la oposición debería votar con las dos manos esta reforma que según Cristina no es reforma: “Para que tengan la garantía que nosotros no le vamos a hacer a ellos lo que ellos nos hicieron a nosotros: perseguir y encarcelar opositores”. No queda claro a que opositores se refería Alberto. ¿A Cristóbal López el dueño de casa y su cliente? ¿A José López? ¿Al Pata Medina? ¿A Ricardo Jaime? ¿A Amado Boudou? ¿Cuáles son los delincuentes encarcelados que Alberto considera presos políticos perseguidos? Sería bueno que lo diga. Y si no lo recuerda que le pregunte a algún astrólogo que viva en esta ciudad opulenta, en alguno de los barrios donde viven él y Cristina: Puerto Madero y Recoleta, muy lejos de La Matanza. Muy lejos de sus responsabilidad, de sus culpas y del sentido común. Alberto estuvo perdido en lo de Cristóbal. Si alguien lo encuentra, que le avise a Dylan.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre